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marzo 31, 2007

Apuntes sobre la democracia

Crítica a la democracia representativa
Partimos de que la democracia es un sistema político con múltiples variantes “realmente existentes”. Pero también, la democracia es un “sistema de ideologías”, es decir de ideas ora confusas, ora erróneas, que figuran como contenidos de una falsa conciencia, vinculada a los intereses de determinados grupos o clases sociales, en tanto se enfrentan mutuamente de un modo mas o menos explícito. Al amparo de la doctrina de la democracia representativa, EEUU incurrió en injustificables arbitrariedades históricas. En la OEA, se está abriendo paso la idea que la democracia tiene diversidad de formas. Por cierto, que en esta materia el organismo está en déficit con las Naciones Unidas, que ha aprobado resoluciones muy importantes sobre la necesidad de admitir que la democracia no tiene un modelo único y que, por lo tanto, no puede ser exportado.[1]
Constituye un tema reiterado de estos tiempos postmodernos referirse a la crisis de la democracia representativa, sus insuficiencias, sus limitaciones, su "ingobernabilidad" [2], sus "promesas incumplidas" [3], sus "dilemas[4]", su "decadencia" [5] su "muerte lenta[6]", etc. En todas partes, la democracia triunfante en el mundo, en su forma de democracia representativa, si bien ha llegado a ser el modelo político legítimo por excelencia, está acompañada al mismo tiempo de una pérdida de credibilidad en sus principales instituciones (los partidos políticos, las elecciones y los poderes públicos), y de un "desencanto" que se manifiesta en una devaluación generalizada de la política expresada en el "malestar" de la política, la desaparición de los grandes liderazgos capaces de generar entusiasmo en la ciudadanía, en el desprestigio y percepción negativa de los políticos, en el rechazo de los ciudadanos a interesarse por lo público y a dedicarse sólo a los aspectos privados de su existencia, en una creciente apatía e indiferencia acompañadas por el fenómeno de la "antipolítica", y, hasta en la connotación peyorativa de la propia palabra "política". Definitivamente, la "brecha de confianza" entre los ciudadanos y sus representantes de estudiada por Lipset y Schneider[7], lejos de haberse reducido parece que continúa ensanchándose..
Fundamentalismo democrático: democracia como ideología
Lo anterior lleva a las tentaciones del fundamentalismo democrático, de las que da cuenta J.L. Cebrián [8] El fundamentalismo democrático considera a la democracia, una ideología. Como tal, existe la tentación de imponerla hegemónicamente. Gustavo Bueno[9], por su parte, apunta al concepto de democracia individualista y liberal que se corresponde con el de individuo-consumidor-ciudadano satisfecho que pretende vivir epicúreamente y dejar vivir a cada uno en paz y en libertad. Define al fundamentalismo democrático como: “esa ideología de nuestro tiempo que sostiene que las sociedades políticas democráticas…realizan la idea de democracia.” Y concluye en que el fundamentalismo democrático es una ideología delirante, mítica, fanática, peligrosa, porque dogmatiza que “la idea de democracia es el fundamento de toda sociedad política.”[10] Este fundamentalismo se expresa en dos formas: el contractualismo democrático de los individuos y el fin de la historia de Fukuyama.
Aspiramos a delinear una crítica dentro de la democracia, como afirma O´Donnell, para pedirle y exigirle más, pero no para su destrucción. Una critica democrática de la democracia que desenmascare la corrupción de su funcionamiento, que denuncie con el objetivo de cambio la situación de ruptura entre gobernante y gobernado y que exponga los motivos por los cuales contribuyó a dibujar el mapa de la exclusión social, contrariando su ethos normativo de igualación social. La crítica que se formulará ha de ser quizás una paradoja más dentro de las paradojas de la democracia, como la del guerrero longobardo Droctulf en El Aleph de Borges, el que deslumbrado por su belleza, pasó de atacante a defensor de la ciudad de Rávena.
Finalmente, para analizar la crisis de la democracia no puede soslayarse la obra de Monereo Pérez[11], con una vuelta al pensamiento de Harold Laski, quien entendía que el Estado democrático no podía ser una maquinaria al servicio del orden económico, sino la respuesta a la cuestión social desde una perspectiva de justicia y de participación ciudadana.
Tres críticas además se le formulan a la democracia , que habremos de considerar y son en esencia[12]:
a) La crítica populista: fustiga a las elites políticas alejadas del pueblo y sospecha sistemáticamente del principio de representación por el riesgo de una deriva hacia una autonomización mas o menos total de los representantes. Esta tendencia se apoya sobre uno de los aspectos básicos de nuestra democracia contemporánea (la llamada democracia de opinión), que intenta aglutinar reacciones espontáneas y poco reflexivas bajo la forma de una vox populi tan masiva como incontestable.
b) La crítica elitista aunada a la demagogia populista: Para esta hipótesis el mejor escudo contra las intervenciones intempestivas del pueblo reside en los cerrojos institucionales. Es la llamada “democracia de expertos”, que solo deja al resto la posibilidad de elegir o recusar a un equipo de burócratas en beneficio de otro.
c) La crítica activista: apunta al carácter formal de los procedimientos democráticos. Preocupada por la participación activa del mayor numero de personas, rechaza el mecanismo de delegación, que aleja el poder del ciudadano. Pone el acento sobre las virtudes de la democracia participativa y la valoriza frente a la democracia representativa. Su propósito es lograr que los ciudadanos sean actores y responsables. Esta corriente cae en la denominada “democracia de efervescencia” porque tendría como único proyecto la movilización permanente de energías contestatarias, sin tomar en cuenta la capacidad de actuaciones conjuntas.
Efectos liberadores de la democracia
Legros[13] muestra con una claridad inusual que precisamente lo que la democracia tiene de liberador es que deja en suspenso las pertenencias (a una clase, un sexo, una raza, una nación, una religión) con las que nutrimos nuestras identidades. “La cuestión no es encontrar un nombre nuevo a la democracia, sino descubrir su verdadera esencia y realizarla; pasar de la democracia burguesa, desecada por sus hipocresías y por falta de savia evangélica a una democracia íntegramente humana; de la democracia frustrada, a la democracia real.”[14]El papel principal de la democracia debe ser ocupado por la Persona Humana. La primacía no es para el Estado, ni para el Capital, tampoco para el Mercado, como en otros sistemas.[15]
VARIANTES ACTUALES DE LA CUESTION
Democracia Delegativa
O´Donnell[16] incluye a la Argentina dentro de este “nuevo animal” y plantea con originalidad su conceptualización, caracterización y comparaciones con el pasado. El significado de democracia delegativa comprende la premisa que la persona que gana las elecciones presidenciales “está autorizada a gobernar como crea conveniente, sólo restringida por la cruda realidad de las relaciones de poder existentes y por la limitación constitucional del término de su mandato”…”Consiste en producir por medio de elecciones limpias, una mayoría que autoriza a alguien a convertirse, por cierto número de años, en la exclusiva corporización e intérprete de los más altos intereses de la Nación.” Se daría en esos casos un “pacto delegativo”[17] al momento de celebrarse los comicios.
Uno de los principales interrogantes es: si las características de la delegación guardan su origen en la conjunción de condicionantes estructurales con una necesidad de mantener el orden mínimo debido a la crisis económica y la presión de factores externos para implementar el modelo antes mencionado; o, nos cabe preguntarnos, debido a la importancia que asume el rol presidencial, si es a raíz de las características personales de tal o cual presidente que se estructura la delegación, o bien obedece a estos elementos más allá de quien ejerza este papel. Frente al tipo de democracia que logra instaurarse se nos presenta el siguiente dilema:¿logran institucionalizarse las democracias delegativas?
NeodecisionismoEl neodecisionismo es “un modelo de decisión política fuertemente concentrado en la figura presidencial (…) Este nuevo decisionismo se instala con fuerza irresistible como concepción de la gobernabilidad asentada en las prerrogativas y la performance de un Ejecutivo deciddior, que establece su supremacía indiscutida sobre los demás poderes como guardián del orden político y constitucional y gran expeditivo reformador económico y administrativo”[18]
Modelo agonístico de la democracia
Chantal Mouffe[19] expone su modelo agonístico de democracia frente al modelo deliberativo. Contrapone agonismo a antagonismo: no hay enemigos, sino adversarios políticos. La existencia de adversarios implica pluralismo y la necesidad de tomar decisiones para alcanzar los objetivos democráticos. El agonismo revitaliza, además la democracia, ya que el excesivo consenso lleva a la apatía y pasividad
Adjetivaciones de la democracia
Otro de los capítulos abordará las adjetivaciones de la democracia. Con Moulian[20] podemos señalar que la democracia es una palabra polisémica y de usos variados, pues tras el nombre a veces se esconde tanto una dictadura como una semidemocracia, o una democracia representativa como una participativa. Por ello, ha de interrogarse ¿cuál es el elemento esencial del fenómeno que se denomina democracia?
Destaca Sala, que en América Latina, “democracia casi sin excepción adjetivada- ha referido no solamente a tipos de gobierno y sistemas políticos, sino a estructuras sociales y culturales” [21]. Esta última observación es especialmente significativa, pues en lo que hace a nuestra historia latinoamericana, pone en relieve que la democracia no ha sido concebida sin apellidos y que lejos de poder ser reducida a forma de gobierno, implica dimensiones socio-culturales constitutivas, conjuntamente con la dimensión política. No obstante esta concepción no reductiva de la democracia, también señala que ella “fue un producto escaso en América Latina, donde los procesos internos estaban estrechamente vinculados con las condiciones de dependencia a nivel internacional.”[22]La democracia tal como está definida es una forma de sociedad. Va mucho más allá de un sistema político, aunque requiera de éste. Pero ¿cuál sistema? Uno que proporcione plena libertad para la lucha por la justicia social no uno que atrofie esa lucha, por supuesto que para cualquiera de los adversarios.
Cabe agregar que, debido al prestigio que tiene la idea de democracia en nuestra sociedad capitalista pletórica de mercado libre, el adjetivo “democrático” se pone a cualquier sustantivo para legitimarlo y elevarlo al reino de la gracia. Es la democracia “divina” que se aplica no sólo a las democracias políticas, sino en regiones del espacio antropológico muy distintas de la sociedad política: familia, corporaciones, instituciones religiosas, científicas y culturales.[23]
SemidemocraciaJorge Zaverucha[24] y Peter Smith[25] sostienen que una "semi-democracia" ocurre cuando hay elecciones "que son libres pero no justas" porque hay competencia libre entre los partidos y candidatos pero los resultados son manipulados para favorecer un candidato por encima de los demás. Ab initio señalamos en total desacuerdo con esta tesis, porque una elección fraudulenta no es más que la fachada cruel de un régimen ilegitimo. El término “semidemocracia” parece el más apropiado para clasificar al régimen colombiano, si bien la naturaleza de las restricciones que le hicieron “semi-democrático” durante la segunda mitad del siglo XX ha cambiado, a partir de mediados de los ‘80, los defectos del sistema derivan de la debilidad del Estado, la emergencia de actores armados y la ausencia del imperio de la ley. Utilizaremos el término semidemocracia para referirnos a Estados que no han consolidado el régimen democrático, porque han quedado en la etapa postransicional (Ecuador y Paraguay), o en los cuales los presidentes defraudaron a la sociedad (Perú).
La transición en relación a la cual puede identificarse a la situación actual de los países sudamericanos como “pos-transición democrática” o “democracias pos-transicionales”, es la identificada por Huntington como la tercera ola de democratizaciones[26], que para la Región, instala en la década de los ochenta las democracias políticas, allí donde el régimen de gobierno había sido la dictadura instalada en los sesenta (Brasil) o en los setenta (Uruguay, Chile y Argentina). En consonancia con la perspectiva minimalista de la democracia, que la reduce a su dimensión política y que es la que ha propiciado la transición operada en los ochenta que nos coloca en la actual pos-transición, la democracia en su condición de sistema de gobierno es hoy una realidad establecida y presuntamente consolidada, en cada uno de los países de la Región y por lo tanto en esta como un todo: democracia entendida mínima y negativamente como no-dictadura.[27]
Posdemocracia
Según Crouch[28] la política y el gobierno están volviendo al redil de las élites privilegiadas. Ese retorno describe un movimiento en forma de parábola: no se trata de un poder que se ejerce de manera similar a los gobiernos predemocráticos, sino que es ejercido en el contexto de las democracias occidentales maduras y la generalización de la democracia en la mayoría de los países del mundo. Las formalidades de la democracia se han hecho parte del proyecto global: hay elecciones libres y cambios de gobierno en cada vez una mayor cantidad de países. Pero, ¿qué son elecciones libres?
Si pensamos en: 1)la cantidad de dinero que se necesita para elaborar las campañas publicitarias que pretenden vender una mercancía llamada candidato, 2) en los costosos consultores de los que se proveen los partidos, 3) en la influencia de los organismos multilaterales y las empresas transnacionales en las agendas políticas locales, 4) el desencanto que sobreviene a la ciudadanía que sólo tiene su voto como mecanismo de presión y la ausencia de formas institucionales de expresión del descontento frente a las autoridades elegidas. Veremos que el concepto de “elecciones libres” debe ser revisado. Por eso Crouch denomina el fenómeno como posdemocracia. No es democracia porque gran parte de la gente ha sido excluida por una multiplicidad de sofisticados mecanismos y no es antidemocrática porque respeta ciertas formalidades de la democracia representativa.[29]
Señala Lucía Sala[30] que “a lo largo de la historia ha habido lo que podría llamarse una contienda por la democracia”, y lejos de estar cerrada esa contienda como lo señalaba Huntington por la pretensión de un definitivo triunfo de la versión schumpeteriana, nuevas experiencias de democratización y nuevas versiones de la democracia, ponen en evidencia que al menos en América Latina la contienda sigue abierta. Nos animamos a postular que la contienda por la democracia seguirá abierta, en tanto no suscribamos ningún pretendido “fin de la historia”.
Surge una sociedad civil que se organiza, que defiende la salud y la educación para todos, que es consciente de que hay que combatir la pobreza, la inseguridad, la falta de justicia. Irrumpen sectores no tradicionales, que se autoconvocan y van por fuera de estructuras partidarias o sindicales y exigen renovación completa de los elencos gubernamentales. Se pide que el voto sea expresión del pluralismo para que la democracia vuelva a ser representativa”[31] . Desde allí se generan los sentidos de “sociedad civil” y de “sociedad política” que vertebrados sobre el eje de un nuevo “carácter del poder”, en lugar de aportar a la reproducción sistémica, lo hacen a la articulación de una perspectiva emancipatoria.[32]
La visión alternativa que procuramos, entiende que la democracia en los términos de su definición institucional, tanto en lo instituido como en lo instituyente, debe tener su referencia, sentido o criterio inexcusable en la afirmación de la posibilidad de vivir de los seres humanos concretos actuales o posibles en términos de dignidad, lo cual implica que la buena vida de unos no puede construirse sobre la imposibilitación de la buena vida de otros, porque la indignidad –como hoy acontece en los distintos espacios- estará atravesando la vida de unos y otros. La referencia al sujeto así entendido, resignificará el “espíritu de las instituciones”, por lo que el cambio institucional[33], será necesario cuando las instituciones impliquen un bloqueo de las orientaciones de este fundamento alternativo y no se justificará cuando siga respondiendo a las estructuras que niegan al ser humano como sujeto.
Democracia multi-representativaLa insatisfacción con la democracia representativa generó una corriente de intelectuales, que coinciden en la necesidad de "repensar" la teoría de la democracia alrededor de algunos planteamientos comunes:
a)una democracia mucho más participativa y abierta, que reduzca las desigualdades extremas y favorezca en cambio la igualdad de oportunidades, que incorpore nuevos temas al debate, nuevos actores y nuevas formas de discurso político; b) una democracia mucho más comunicativa y deliberativa dentro de nuevas esferas públicas que trasciendan los estrechos límites de las instituciones políticas del Estado democrático-representativo; que forme una red de múltiples lugares públicos dentro de la sociedad civil en los que participen las más variadas asociaciones y movimientos sociales conectados comunicativamente entre sí y con las instituciones estatales; c) una democracia orientada a promover y proteger el bien común y el bienestar de la colectividad; d) una democracia que ofrezca numerosos centros de resistencia para contrarrestar las tendencias coactivas de las instituciones estatales; y e) una democracia que no discrimine las diferencias cada vez más variadas de estas sociedades postmodernas, sino que las asuma positivamente.
La colectivización de los intereses particulares, se insinúa en la democracia multi-representativa.
La democracia de las manifestaciones y el retorno de las carabelasLa democracia electoral es compatible con la democracia de las manifestaciones, pero sólo mediante elecciones libres se expresa la opinión pública de todo el pueblo. Es decir, ni millones de manifestantes son el conjunto del pueblo, ni las encuestas de opinión sustituyen a la opinión política. El único procedimiento democrático para que el pueblo cambie la política de su gobierno es la celebración de elecciones. Como afirma Sartori: "las opiniones que indican un consenso general o, a la inversa, un disenso general respecto al gobierno son las expresadas por los votantes en general en las elecciones, y solamente vía elecciones".[34] Intentaremos derribar el paradigma del autor italiano.
Desde las revoluciones del siglo XVIII, las democracias representativas están atravesadas por una tensión. Por un lado, la elección instituye una distancia entre gobernantes y ciudadanos, así como una monopolización del poder real por parte de los primeros. La crisis de los grandes partidos que habían permitido la integración de las masas en el sistema político aumenta la distancia entre aquellas y éste. En el siglo XXI no se puede retroceder al poder parlamentario clásico europeo del siglo XIX, cuando el pueblo quedaba excluido de la votación. Tampoco se puede regresar al poder de los partidos del siglo XX, cuando estos controlaban las redes de socialización de millones de personas.
La aparición de una nueva generación política en los últimos movimientos es muy importante. Estos movimientos sociales han sido la característica de la democracia occidental que permite la expresión de la opinión pública a través de la libertad de expresión y de la movilización de los ciudadanos. Pero sin embargo, hay tres fenómenos nuevos:
a) Los partidos políticos no controlan estos movimientos y la mediación partidaria ya no es necesaria para conseguir un impacto real
b) Los movimientos pacifistas y globalifóbicos no están organizados en una estructura única y jerárquica, sino en redes flexibles y descentralizadas, que dejan posibilidades de acción autónoma a los actores que se involucran en la lucha.
c) La institucionalización creciente del diálogo de los gobernantes con los movimientos a través de varias formas de democracia participativa.
Desde la creación de presupuestos participativos hasta la presencia sistemática de las organizaciones no gubernamentales y de otros movimientos sociales al margen de las cumbres políticas oficiales, es otra forma de democracia la que está surgiendo. Cuatro son los desafíos: La representatividad; La democracia interna; La articulación de las protestas con la capacidad de proponer políticas alternativas.; Institucionalizar la democracia participativa. La democracia nunca fue un proceso sencillo, es el régimen de la incertidumbre, de la innovación perpetua y de la contestación.
Estas nuevas formas de democracia, surgidas en América Latina, son materia de análisis en Europa y podrían convertirse -en palabras de Giovanni Allegretti y Carsten Herzberg- en “el retorno de las carabelas.”[35] O dicho en otras palabras, el desembarco y arraigo en suelo europeo de iniciativas e innovaciones creativas que vieron la luz en el Sur Global, animadas por un replanteo virtuoso de modelos tomados del Viejo Continente.
[1] Vbg: Declaración de Cotonou 2003 El reconocimiento de que no hay un modelo único de democracia y que todos los países deben escoger su propia ruta hacia la misma, fue sin dudas una de las conclusiones más importantes de esta reunión y Declaración de Viena 1993.[2] M. Crozier, Samuel Huntington y S. Watasuki. The Crisis of Democracy: Report to the Trilateral Commission on the Governability of Liberal Democracies. New York: New York University Press, 1975.[3] Norberto Bobbio. El futuro de la democracia. 2ª Ed. México: FCE, 2004.[4] Claus Offe y Philippe Schmitter. "Las paradojas y los dilemas de la democracia liberal". En Revista Internacional de Filosofía Política 6, 1995. pp 5-30.[5] Juan Carlos Rey "Apogeo y decadencia de la democracia representativa", en J.C. Rey et al: América Latina. Alternativas para la democracia. Caracas: Monte Avila, 1992[6] Guillermo O´Donnell. “Transitions, Continuities and Paradoxes", en S. Mainwaring et. al (eds.): Issues in Democratic Consolidation: the new South American Democracies in Comparative Perspective. Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1992.[7] Seymour M. Lipset y William Schneider. The Confidence Gap. New York: Free Press, 1983.[8] Juan Luis Cebrian Molina. El fundamentalismo democrático. Madrid: Altea-Taurus-Alfaguara, 2003.[9] Gustavo Bueno. Panfleto contra la democracia realmente existente. Madrid: La esfera de los libros, 2004. p. 30.[10] op.cit. p. 35[11] José Luis Monereo Pérez. La democracia en crisis: Harold Laski. Barcelona: El Viejo Topo, 2004.[12] Joël Roman. Tres críticas a la democracia. En Iniciativa Socialista Nro 66 - Otoño 2002.[13] Robert Legros. El advenimiento de la democracia. Madrid: Caparros, 2003.[14] Jacques Maritain. Cristianismo y Democracia. Buenos Aires: Dédalo, 1961.[15] Jacques Maritain.op. cit.[16] Guillermo O´Donnell. Contrapuntos: Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización. Buenos Aires: Paidos, 2004. p. 293.[17] El término “pacto delegativo” es acuñado por Néstor Legnani y Gonzalo García Vilá en La democracia y sus laberintos. Buenos Aires: Tierra Firme, 2003.[18] Fabián Bosoer y Leiras Sergio. “Posguerra fria, 'neodecisionismo' y nueva fase de capitalismo: el alegato del Principe-gobernante en el escenario global de los '90”. En: Tiempos violentos; Neoliberalismo, globalizacion y desigualdad en America Latina. Comp. Boron, Atilio A.; Gambina, Julio; Minsburg, Naum. Buenos Aires: CLACSO - EUDEBA, 1999. p. 172.[19] Chantal Mouffe op.cit.[20] Tomas Moulian. Reflexiones sobre la democracia. Santiago: ARCIS, 2004.[21] Lucia Sala. “La contienda por la democracia.” En Sociedad Civil, Democracia e Integración. Miradas y reflexiones del VI Encuentro del Corredor de las Ideas del Cono Sur (José de la Fuente - Yamandú Acosta, Coord.) Santiago: UCSH, 2005. p. 410[22] Id. Op. cit. p. 416[23] Ya Carl Schmitt había captado en 1928 que la democracia se había convertido en ideología difusa que podía servir para todo. «El concepto de Democracia, como tantos otros conceptos políticos se ha convertido en un concepto ideal muy general, cuya pluralidad de sentidos abre plaza a otros diversos ideales y por último, a todo lo que es ideal, bello y simpático. La Democracia se ha ligado e identificado con liberalismo, socialismo, justicia, humanidad, paz y reconciliación de los pueblos.» Carl Schmitt. Teoría de la Constitución. Madrid: Alianza Editorial, 1992.p. 223.[24] Jorge Zaverucha. FHC, Forças armadas e policia: Entre o autoritarismo e a democracia. Valencia (España): Record, 2005.[25] Peter Smith. Democracy in Latin America. New York: Oxford University Press, 2005.[26] Samuel Huntington. La tercera ola: La democratización a fines del siglo XX. Barcelona: Paidos, 1991. Id. Perspectivas de la Democracia. México: FCPyS, 1987[27] Popper sostiene que la democracia es un sistema para evitar la tiranía y permite la alternancia en el poder sin derramamiento de sangre.[28] Colin Crouch. Posdemocracia. Madrid: Altea-Taurus-Alfaguara, 2004[29] En palabras de Crouch “tanto las técnicas para manipular la opinión pública como los mecanismos para abrir la política al examen público son cada vez más sofisticados, al tiempo que el contenido de los programas de los partidos y el carácter de la rivalidad partidista se están convirtiendo en algo crecientemente anodino e insípido. Op. cit. p. 37[30] Lucía Sala, op.cit p. 410.[31] Pérez Zavala, Carlos. “Por una democracia a nuestra medida” En Sociedad Civil, Democracia e Integración. Miradas y reflexiones del VI Encuentro del Corredor de las Ideas del Cono Sur (José de la Fuente - Yamandú Acosta, Coordinadores Académicos). Santiago: UCSH, 2004. p. 306.[32] Gallardo, Helio. “Notas sobre la sociedad civil” En Revista Pasos, Nº 57. San José de Costa Rica, 1995, 16-28. Yamandú Acosta, “Las nuevas referencias del pensamiento crítico en América Latina”. En: Ética y ampliación de la sociedad civil. Montevideo: Univ. de la República-FHCE, 2003.[33] Escribe José Martí en Nuestra América: “El problema de la independencia no era el cambio de formas sino el cambio de espíritu” p. 484. Sustituyendo el problema de la independencia por el de la democracia, lo central hoy para ésta como entonces para aquella es el cambio de espíritu que anima u orienta a las “formas” o instituciones. No implicaría ningún avance, extensión o profundización democrática, un cambio institucional cuyo espíritu continuara anclado en las relaciones mercantiles de producción totalizadas.[34] Giovanni Sartori, op.cit.[35] Giovanni Allegretti y Carsten Herzberg. TNI Briefing Series 5, Diciembre 2004

marzo 28, 2007

PRESUPUESTOS DE QUENTIN SKINNER

¿ Cuáles son los presupuestos centrales del enfoque de Quentin Skinner y de que manera pueden ser aplicados para interpretar la relación entre la religión protestante y el capitalismo?

Nuevo pensamiento republicano en su crítica al liberalismo. Uno de los primeros debates en los que convergieron muchos de estos nuevos estudios de inspiración republicana fue el referido al modo de concebir la noción de libertad. En particular, tales investigaciones tendieron a impugnar una idea dominante en la tradición liberal, que identifica la libertad como una noción negativa, como la ausencia de intrusiones por parte de otros (frente a una concepción positiva que sostiene que un individuo es libre en la medida en que dispone de los recursos y los medios instrumentalmente necesarios para realizar sus propios planes de vida, y por lo tanto su autogobierno o, incluso, como algunos llegarán a sostener su autorrealización personal.

Un individuo es libre en ausencia de interferencias indeseadas de terceras personas. Según Quentin Skinner, filósofos como John Rawls "siemplemente reformulan esta típica concepción acerca de la relación entre los poderes del Estado y la libertad de los ciudadanos". Esta visión de la libertad, agrega Skinner, es la misma que sostenía Isaiah Berlin en su famoso textos "Dos conceptos de libertad" donde se expresa como la exigencia directa de el mayor grado de no interferencia compatible con el mínimo de requisitos necesarios para la vida social. Y la misma que la visión presente en el conocido trabajo de Ronald Dworkin "Los derechos en serio", entendidos como principios que siempre vencen a cualquier otra consideración, incluidas las basadas en decisiones democráticas.

Todas estas visiones, según Skinner, coinciden en entender la libertad en un sentido simplemente negativo, un sentido a su vez demasiado estrecho. Skínner rechaza la tesis de I. Berlin y se esfuerza por probar que en la tradición del republicanismo cívico, y más particularmente en Maquiavelo, se encuentra una concepción de la libertad que es a la vez negativa, pues no implica una noción objetiva de laeudaimonia, pero que sin embargo incluye los ideales de participación política y de virtud cívica.Se propone rescatar ideas y metodologías políticas por medio de un minucioso examen de los contextos filosóficos, históricos, sociales y literarios: la metodología es plenamente contextualista y la revive ante el descrédito a la que fue expuesta, bajo el régimen formalista y positivista que caracterizó los acercamientos dogmáticos a la práctica de historiografía en décadas recientes.

Vale señalar que Skinner refuta las acusaciones de que esta metodología representa la relativización de los valores presentados para nuestra consideración. Contra esta generalización, Skinner analiza los presupuestos teóricos de Roland Barthes, Michel Foucault, Jacques Derrida, Paul Ricoeur, además de otros autores pertenecientes a la Nueva Crítica. Responde que en una historiografía y análisis política fidedigna es imprescindible dominar analíticamente nada menos que "el imaginario social, la gama completa de herencias en términos de símbolos y representaciones que constituyen la subjetividad de una época"
Eso no constituye, declara Skinner, un aval del "relativismo". No es una abdicación ante las posibilidades de apoyarnos en la capacidad de distanciarnos de nuestros actuales sistemas de creencias y así situarnos-aunque momentáneamente-en una relación analítica a otras formas de vida social y pensamiento. Una dosis de reflexión y tolerancia puede ser el resultado y eso nunca llega tarde ni es malo.

Skinner dedica casi doscientas páginas a un examen y respuesta detenida a la crítica postmodernista de la historiografía contextualista que la castiga por relativista para concluir, en su manera sucinta e inimitable, que de "denunciar estos estudios no es una defensa de la razón, pero un asalto contra la sociedad abierta en sí."

El examen que Skinner hace acerca de las obras y el contexto amplio del trabajo del Secretario Florentino, descubre que su pensamiento está basado en la participación de una ciudadanía activa y políticamente astuta, beneficiaria de una clara educación cívica
Siguiendo el hilo del argumento, Skinner insiste que conocer el "imaginario social" e intelectual no es meramente una condición sine qua non para la trayectoria histórica de un pensador político. Tiene significado para la exégesis misma del pensamiento de Hobbes, argumenta Skinner. Interesante saber, por ejemplo, que, no obstante, la caricatura de la figura que retrata a Hobbes como un Maquiavelo ateo en el teatro de la Restauración, Hobbes, tal como lo comprueba Skinner, era un escritor sumamente popular en su tiempo.

Historiadores y filósofos de la teoría política tan diferentes entre sí como Strauss, Habermas, Macpherson y Skinner, coinciden en considerar a Thomas Hobbes como el fundador de la teoría política moderna, y más específicamente del liberalismo moderno, en oposición al republicanismo clásico.

Quentin Skinner y sus colegas critican la pretensión straussiana de considerar la historia de las teorías políticas dependiente de la filosofía política. Los seguidores de esta perspectiva historiográfica niegan la persistencia de problemas fundamentales a lo largo de la historia de las teorías políticas y afirman que toda teoría política responde exclusivamente a problemas prácticos y específicos de su contexto histórico. Presuponer la existencia de problemas universales conduce a la construcción de “mitologías” en vez de interpretaciones objetivas del pensamiento político.11 Skinner, al igual que John Dunn, concebía los textos como actos de habla.

Skinner considera que todo texto de teoría política ha sido escrito por su autor con el propósito de influir en el clima ideológico-político de su tiempo. Desde este punto de vista, a diferencia de Strauss, los textos de teoría política son esencialmente ideologías políticas en acción.13 En cuanto ideologías, las teorías políticas no son falsas o verdaderas, sino efectivas o no para justificar, cuestionar o transformar las creencias, actitudes y valores dominantes.

Quentin Skinner defiende la necesidad de fundar una sociedad de valores puramente humana y social, carente de una perspectiva trascendente. Esta praxis sería posible si, como Karl Popper trasmite, occidente se hace garante no de una idea o religión, sino de diversas ideas. La cultura laica occidental debe asumir en su seno los nuevos valores, como en su tiempo hizo con los cristianos y los marxistas. Los derechos del hombre, del trabajo, igualdad social, libertad de expresión, responsabilidad y participación política

De no haber existido Martín Lutero, jamás se habría dado un Luis XIV" se ha dicho. Y en efecto, no hay duda de que la influencia principal que ejerció en un principio la teoría política protestante fue la de legitimar el surgimiento de la monarquía absolutista: uno de los principales postulados de Lutero era el de que todos los principios políticos deberían derivar de las páginas de la Biblia. Y los católicos partidarios de la doctrina del derecho divino de los reyes se hicieron de inmediato eco de tal argumentación, Bossuet entre ellos.
Los teóricos del movimiento de la Contrarreforma, tomistas todos ellos, son considerados por los actuales estudiosos de la teoría del Estado como los fundadores del constitucionalismo, e incluso de gran parte del pensamiento democrático moderno. Bajo esta luz, han sido elogiados Francisco Suárez, el 'Doctor Eximius', como "el primer demócrata moderno"; Belarmino, por revelar "las fuentes verdaderas de la democracia " y los jesuitas, en conjunto, por acreditárseles la "invención" de la teoría del contrato social e iniciar el estudio de sus implicaciones en el campo de la teoría de la justicia.
Sirviéndose como telón de fondo de la lucha religiosa -Reforma y Contrarreforma- Quentin Skinner ofrece en este volumen, mediante amplísima información, cómo fueron surgiendo las ideas políticas que en los siglos siguientes al XVI iban a conformar, en su desarrollo, las principales teorías políticas modernas.

QS ha señalado, como incluso los ideologos mas revolucionarios, cuando se enfrentan a la necesidad de legitimar sus intenciones, deben mostrar que los términos aceptables tambien pueden describir sus actos, que de otra manera serían criticables.
Este rasgo o principio característico no es otro que la asignación a lo político de un carácter instrumental o de un carácter constitutivo, respecto de la realidad humana práctica. Frente a la concepción instrumentalista de lo político, propia del liberalismo, el republicanismo representa una concepción —digámoslo así— constitutiva de lo político. La visión de lo político como una realidad que ejerce una función constitutiva respecto del ser práctico del hombre, es decir, respecto de aquello en lo que consiste ser humano en la práctica, corresponde claramente al sentido profundo de la idea del hombre como zoom politikón sostenida por Aristóteles: principal inspirador de la tradición republicana. Que el hombre es un animal político significa que la polis es condición y forma del vivir humano del hombre, que la humanización de éste equivale a su politización. Los demás elementos que caracterizan al republicanismo: la ciudadanía como concepto ético, el patriotismo como valor supremo, la preeminencia de lo público sobre lo privado, la austeridad en la vida y en el porte, o el cultivo de la oratoria.

El liberalismo entiende la libertad como no-interferencia, mientras que el republicanismo la entiende como no-dominación. La no-interferencia sólo implica la ausencia, meramente fáctica, de impedimentos para el despliegue espontáneo de la voluntad individual. En cambio, la no-dominación implica que una voluntad individual no se encuentre en una situación de dependencia o sujeción respecto de una voluntad arbitraria.

Como Quentin Skinner ha señalado, en la tradición republicana la libertad era tratada como la aportación y seña de identidad de una forma de vida, la vida republicana o cívica, frente a otro tipo de vida, la vida bajo el poder personal de príncipes o signori. La idea de que los derechos y libertades civiles no eran sino consecuencia de la perfecta libertad que los individuos habrían tenido en el estado de naturaleza, esgrimida por los pensadores del XVII, era ajena al mundo romano y renacentista, y procedía de la Reforma protestante. La tradición republicana fue acallada al consolidarse el discurso de los derechos naturales individuales y del contrato social

Weber mostró (Weber, 1980) como la religión protestante moldeó el self occidental, a través del ideal de vocación. La vocación era, según Weber, un ideal adecuado a las exigencias de la modernidad, una base para la relación del individuo con el trabajo.
Mientras Weber creía que la idea protestante de "vocación", adaptada a fines modernos, era la única solución al problema de la constitución de un "self occidental", espiritualmente vigoroso, capaz de contrarrestar el proceso de rutinización o desencantamiento del mundo, Simmel recuperó el ideal romántico de auto-cultivo. Weber confiaba en que el poder de innovación y gerenciamiento del ideal de vocación, que en la versión anterior, protestante, logró transformar el mundo, podría reanimar un mundo burocratizado
Hobbes, dirá Skinner, insiste en la igualdad humana como premisa básica. ¿Cómo mantiene esta premisa? No es la manera en que estamos acostumbrados a pensar cuando consideramos las teorías de Thomas Hobbes. Antes que olvidemos, Hobbes nació en 1588, el año de la derrota de la Armada Invencible de España y era, así, contemporáneo de William Shakespeare. ¿Es posible que ellos caminaron más seguros en su supuesto "oscurantismo" que nosotros en nuestra supuesta "iluminación" y claridad?

E l pensamiento y la obra de Martín Lutero se inscriben en ese gran movimiento religioso de principios del siglo XVI denominado la Reforma protestante, que finalizó con la supremacía eclesiástica, religiosa y política de la Iglesia de Roma en Europa creando iglesias protestantes de diferentes denominaciones. Aunque la Reforma fue esencialmente un movimiento religioso, produjo importantes cambios en casi todos los aspectos de la vida social, económica y política, con grandes repercusiones en la historia moderna del mundo occidental.

Con la disolución de los principios fundamentales del Medioevo y el surgimiento de las nuevas corrientes intelectuales del humanismo y el Renacimiento, se dieron las condiciones propicias para el desarrollo de la Reforma protestante, especialmente en los territorios de habla alemana, en donde el fervor religioso se entremezclaba con el disgusto hacia la Iglesia romana.
La Reforma fue denominada “protestante” después de la segunda Dieta de Espira (1529), en la cual los dirigentes luteranos firmaron una enérgica protesta dirigida al Emperador manifestando su disconformidad y reafirmando su fe con ahínco. Las cuatro tradiciones protestantes principales que surgieron de la Reforma fueron la luterana, la calvinista, la anabaptista y la anglicana, cada una con importantes implicaciones en la teoría y la práctica políticas.

La Reforma de Lutero se produce en un período caracterizado por el tránsito del feudalismo al capitalismo, con grandes alteraciones sociales, resistencia de los perjudicados a la nueva coyuntura, difíciles cambios de mentalidad, y descontento del campesinado en una Europa desproporcionadamente rural. Si bien Lutero ayudó a darle forma y dirección a muchas de las nuevas tendencias, gran parte de lo que sucedió posteriormente quedó fuera de su dirección, intención y dominio.

En la historia de la teoría política, la importancia de Lutero radica no solamente en su ataque contra la teología política, disolviendo la alianza entre pensamiento religioso y pensamiento político, sino además en la elaboración de un importante conjunto de ideas sobre la autoridad, la obediencia y el orden, dando lugar a tres tipos principales de pensamiento político: luteranismo, calvinismo y radicalismo de las sectas, especialmente la anabaptista.

Subrayó la necesidad de mantener la separación de las autoridades espirituales y seculares, porque el Estado es una autoridad que ejerce el poder al que atañe exclusivamente el orden temporal, mientras que la Iglesia es la comunión o el sacerdocio de todos los creyentes que responden al evangelio del amor de Dios. Los cristianos movidos por el amor deben participar en el orden social, reformarlo y mejorarlo para el bien de la humanidad, dándole así un valor positivo al Estado como un instrumento del amor de Dios. Instó a los hombres a que estuvieran agradecidos a él y a que lo apoyaran.

El protestantismo quebró el poder de la institución eclesiástica mediante la ruptura del dominio único y universal de la Iglesia, liberando al Estado de toda subordinación a la jerarquía religiosa, lo cual implicó una autonomía que no era necesariamente la idea moderna del Estado pero que indudablemente implicó un incremento de su soberanía y autarquía. El gran debate teórico del Medioevo por el protagonismo del regnum y el sacerdotium llega a su fin: es el poder secular el que se hace cargo.

La Reforma confirió a los Estados en los que se implantó el control sobre áreas tan significativas como la asistencia social, la enseñanza y la atención pastoral, y transfirió al poder civil los recursos económicos que el clero se atribuía para cumplir estas misiones sociales. Además, el poder y las riquezas perdidas por algunos nobles y por la jerarquía católica pasaron a manos de la burguesía y los monarcas protestantes.

Al transformar al sacerdote medieval, cuya autoridad surgía de una tradición de siglos, en un ministro que exponía y explicaba la Palabra de Dios y cuyo cargo derivaba del consentimiento de sus pares, y al luchar a favor de una fe sencilla sin las complicaciones y las sutilezas de los teólogos, Lutero afirmaba tanto el derecho como la capacidad de la congregación religiosa para juzgar las enseñanzas. Esto tuvo vastas implicaciones en el pensamiento político, sin olvidar que la organización de la iglesia de Calvino se inspiraba en modelos democráticos e incorporó ideas de gobierno representativo.

La vertiente calvinista del protestantismo desarrolló la idea democrática en lo religioso, pero no porque fuese democrática en el sentido moderno del término (no lo era, ya que ignoraba por completo la libertad de conciencia, y más aún, la rechazaba en calidad de escepticismo ateo), sino por su funcionamiento interno en aspectos puramente espirituales. La proyección del ámbito religioso en el plano secular posibilitó el desarrollo del sentido de responsabilidad individual y colectiva, la afirmación posterior de derechos individuales, y el surgimiento de las doctrinas y prácticas democráticas.
El protestantismo es considerado como uno de los progenitores de la cultura moderna, ya que lucha en contra de la cultura eclesiástica con una autonomía cuya consecuencia es el individualismo. Con la Reforma surge el individualismo religioso, formulado conscientemente como principio y desvinculándose de un instituto jerárquico universal. Representa la religiosidad que corresponde a la cultura individualista moderna.

La traducción de la Biblia dotó a los alemanes de un idioma renovado, unificador de las variedades anteriores, creando una obra única por su precisión expresiva, su riqueza y eficacia lingüística. Esta Biblia vernácula se tornó un decisivo agente de alfabetización, estimulando la educación popular con la creación de nuevas escuelas por parte de protestantes, y contribuyendo notablemente al desarrollo de la conciencia nacional.

A medida que progresaba la difusión del protestantismo, muchas entidades políticas europeas elegían formas específicas de cristiandad como su religión oficial. Esta división de la Iglesia hizo que el catolicismo pierda un gran número de fieles y origina una serie de conflictos religiosos y políticos que continúan hasta nuestros días como en Irlanda.

El luteranismo favorece políticamente al absolutismo y es en esencia conservador, ya que fomenta la resignación ante las injusticias del mundo y considera que las desigualdades sociales y los poderes autoritarios son voluntad de Dios.

La explicación más tradicional es que la Reforma estalló por los abusos de la Iglesia de Roma, tema que se remonta al mismo Lutero, quien regresa desengañado de su visita a Roma en 1510-11, la “falsa ciudad santa”, y que pocos años después se rebela por el escándalo de las indulgencias. Muchos historiadores y teólogos protestantes, sin descuidar las causas políticas, consideran que la reforma de Lutero fue una reacción ante la corrupción de la Iglesia y la decadencia del clero. Debido a que la explicación moral resultaba insuficiente, otros interpretaron que Lutero realizó una rebelión teológica frente a la crisis religiosa de su época.

Los autores católicos han insistido en las razones personales y políticas de Lutero y la Reforma, relacionadas con la intimidad del autor y la avidez de los príncipes alemanes. Para otros, la Reforma no fue más que la consecuencia del trastorno de las condiciones económicas y sociales, o el simple desenlace de una especie de cadena de herejías

Muchos pensadores subrayaron el aspecto medieval de las concepciones religiosas e intelectuales del reformador, llegando algunos a la conclusión de que Lutero había sido el restaurador de una teología medieval agustiniana y paulina y no el creador de una nueva concepción religiosa: por lo tanto, su perspectiva -incluso la política- estaba más ligada a la Edad Media. Los que vinculan a Lutero con la modernidad lo consideran como un precursor de la libertad, un defensor del individualismo y un luchador contra la tradición.
Existe también un debate acerca de la relación entre el capitalismo y el protestantismo, considerado por algunos como un factor de progreso económico, mientras que el catolicismo sería un factor de estancamiento. El protestantismo sería responsable de un estado de ánimo que se opone a la mentalidad tradicional y medieval. Se han invocado muchos argumentos en cuanto al surgimiento del espíritu capitalista, especialmente en el protestantismo de tinte calvinista, que aceptaba el préstamo con intereses rechazado por la Iglesia católica y por el mismo Lutero, lo cual habría contribuido al auge del capitalismo en los países protestantes.
Max Weber, en su clásica obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, ha extendido la idea de que el espíritu capitalista deriva del protestantismo, invirtiendo la teoría de Marx. La noción protestante de “vocación” fue utilizada por Lutero, pero influido por las doctrinas escolásticas, fue muy hostil al comercio. Por el contrario, en los medios calvinistas la “vocación” incluía a todas las actividades lucrativas. De acuerdo a Weber, la moral calvinista deriva del dogma de la predestinación, por la cual el elegido vive sólo para la gloria de Dios poniendo ardor en el trabajo y siendo el éxito en los negocios una señal enviada por Dios para indicarle que es uno de los salvados. Las ganancias se convierten en un fin en sí, pero no para gozar de los placeres del mundo sino para acumular riquezas frugalmente. La moral calvinista desprecia a los pobres y mendigos, pero generaría un dinamismo y progreso en el cual cada uno puede desarrollar hasta el máximo sus capacidades.

El hecho de que el cristianismo, al menos en las versiones más oficiales de las confesiones católica, protestante y ortodoxa, se haya vinculado históricamente a la causa de la monarquía del Antiguo Régimen ha sido motivo suficiente para convertirse en el blanco de sus críticas y hasta de su negación por el republicanismo. Se ha llegado a convertir en un lugar común entre los historiadores republicanos (Pocock, Skinner) el afirmar que el republicanismo se ha desarrollado al margen e incluso en contra de la tradición cristiana.

PARETO, MOSCA Y MICHELS

¿COMO DAN CUENTA LOS AUTORES ELITISTAS DE LOS ELEMENTOS NO RACIONALES DE LA CONDUCTA HUMANA?

Por teoría de las élites se entiende la teoría que afirma que en toda sociedad una minoría es siempre la que detenta el poder en sus diversas formas, frente a una mayoría que carece de él. La teoría sostiene que el poder político, o sea el poder de tomar y de imponer, aún recurriendo en última instancia a la fuerza, decisiones valederas para todos los miembros del grupo, le pertenece siempre a un círculo restringido de personas que monopolizan el poder y gozan de las ventajas que lo acompañan -es la clase de los gobernantes-. En tanto, la otra clase -la de los gobernados-, es mas numerosa, está dirigida de un modo mas o menos legal o mas o menos arbitrario o violento, por la primera, que le proporciona, por lo menos en apariencia los medios materiales de subsistencia que se requieren para la vitalidad del organismo político. Nace como reacción contra el temido advenimiento de la sociedad de masas

Gaetano Mosca, fue quien formuló originalmente la teoría, pero Vilfredo Pareto puede ser considerado como el expositor clásico de la teoría de las elites, quien define a esa clase superior dominante como élite o aristocracia. Según él, existen hombres con cualidades extraordinarias -más allá de la calidad ética o la utilidad social de dichas cualidades- que se diferencian de la mayoría de la población por la capacidad óptima que tienen en cada rama de la actividad humana. Se puede formar una clase con aquellos que tienen las calificaciones más elevadas en el ramo de su actividad, y a ésta le da el nombre de elite.

Pareto divide a la población en dos estratos: el inferior, la clase no selecta, formado por hombres relativamente insignificantes, y el estrato superior, que se divide en clase selecta de gobierno y clase selecta no gubernamental.

Pareto relaciona su teoría de las elites con su teoría de los "residuos". Estos son los sentimientos básicos (elementos no racionales) que permiten explicar la mayoría de las acciones humanas. Si bien habla de seis clases de residuos, utiliza principalmente las dos primeras. El primer tipo de residuo es el "instinto de las combinaciones", cuando la motivación predominante es la de inventar y la de embarcarse en aventuras. La segunda clase de residuo es la de "preservación", la que consolida y asegura "la persistencia de los agregados". Si predomina el primero, la elite económica es fundamentalmente especuladora y la elite política sería partidaria de la astucia.
Por el contrario, si el residuo dominante es el segundo, la elite económica es rentista y la elite política sería partidaria de la fuerza. En términos de roles personales, podemos hablar de los innovadores, cuando predominan los residuos del primer tipo, y de consolidadores cuando dominan los segundos.
A partir de estos residuos los hombres construyen derivaciones, estructuras discursivas o ideológicas que dan una explicación pseudoracional a la acción social. En política los hombres actúan movidos por fe, por un sentimiento de religiosidad que puede hacerlos caer en el fanatismo mas irracional.

Existen acciones lógicas formuladas por la razón y predecibles; y otras no-lógicas o a-lógicas. La política se nutre de las últimas, es pasional y el conocimiento científico no puede modificarla, solo estudiarla.
Las masas son fundamentalmente quienes le dan un carácter concreto y real a las abstracciones carentes de verdad (mitos). La élite tendría en cambio los medios adecuados para conocer la utilidad que tienen las abstracciones no verdaderas, aunque también podrían caer bajo su influjo. El mito no puede ser destruido por la verdad.

Para Mosca, las creencias dan una base moral al poder de los dirigentes. El nivel de creencias es co-constitutivo de la política. La fórmula política es la racionalización de las creencias preponderantes.

En clara referencia polémica con el marxismo, Pareto señala que la historia del hombre es la historia de la continua sustitución de una elite por otra; cuando una asciende la otra declina. "La aristocracias no duran... al cabo de cierto tiempo, desaparecen. La historia es un cementerio de aristocracias". Esta es su concepción de la "circulación de las elites": tiene que ver con el pasaje de individuos de la clase inferior a la clase selecta (elite), pero también implica un cambio en el residuo dominante de la elite. Los individuos de la clase no selecta aportarían el residuo dominante necesario, ya que la antigua clase superior estaría formada por elementos decadentes que han dejado de tener los residuos necesarios para mantenerse en el poder. Los innovadores reemplazan a los consolidadores y viceversa, pero siempre que los individuos portadores de dichos residuos provengan de la clase no selecta estaríamos ante un cambio de elite. El error formalista de Pareto consisten en elaborar una teoría del cambio histórico carente de contenido histórico-sustantivo. Su concepción es una versión moderna y sociológica del mito del eterno retorno.

Con el nombre de residuos se proponía estudiar los instintos y sentimientos que conformaban la estructura básica de la personalidad del hombre, que no actuaba según razón iluminista, sino en base a esos elementos no racionales y que en política lo hacía movido por la fe que lo hacia caer en un sentimiento de religiosidad

La circulación es ayudada por otro proceso. Los sentimientos colectivos de la población suelen darse bajo la forma de ondas o ciclos. Estas ondas son tendencias cambiantes de gran amplitud, de fe y escepticismo, de optimismo y pesimismo. Estas tendencias hacen que la gente acepte los argumentos y acciones que están de acuerdo con la tendencia y rechace los contrarios. La nueva elite se monta sobre estos sentimientos colectivos, asume la representación de las mayorías y combate por los derechos de todos, especialmente de la clase inferior. Una vez alcanzada la victoria, la nueva elite tiende a monopolizar los privilegios y se vuelve más rígida y exclusiva, dominando a los aliados del primer momento. Aquí se cierra un proceso y comienza otro similar al anterior. Pareto estaba convencido que las masas son caprichosas y las mayorías cambiantes

Desde una perspectiva conservadora, dicha teoría sirvió para argumentar que las revoluciones no eran otra cosa que la sustitución de una clase por otra, o que las masas eran sólo un ejército de maniobra de la nueva clase política en ascenso

Los teóricos clásicos de las élites, Mosca, Pareto y Michels -éste último centrado en la organización de los partidos políticos- fueron calificados de "Maquiavelistas". La visión maquiavélica lleva implícita la trasposición de la conducta de un Príncipe a las acciones de las élites políticas decisoras. (Estos autores son los que al principio del presente siglo, de manera secuencial por la misma época y respondiendo a situaciones concretas de las realidades por ellos vividas, cuestionaron el Estado democrático (y aún el socialista) como garantizador de las igualdades; en el cual siempre se observa que una minoría tiene la facultad o el poder de imponer sus decisiones minoritarias sobre la mayoría.

Sartori, magistralmente trata la cuestión refiriendose a “minorías controlantes del poder”, identificandolas según dos criterios propios: uno altimetrico “un grupo controla porque esta en lo alto”. En los regimenes democráticos los grupos de control político son elegidos, pero se pregunta ¿a titulo de que?. La idea era elegir a los mejores, hallando entonces el segundo criterio meritocratico. (el que esta colocado en lo alto está ahí porque se le presume calificado y capaz.)

Michels, por su parte ve que en la sociedad existe una gran necesidad de organización, y para lograr esta organización se necesita de un líder que represente sus ideales y respecto del cual sentir gratitud (que se manifiesta en la reelección continua de quienes lo han merecido, con lo que el liderazgo se hace perpetuo). Denominó a “la ley de hierro de la oligarquía” y cuya enunciación más conocida es la siguiente “La organización es la madre del predominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegantes. Decir organización es lo mismo que oligarquía”.

Schumpeter sostiene que el ciudadano comun es ignorante en cuestiones políticas, por el debilitamiento del sentido de responsabilidad y la falta de voliciones efectivas. Argumenta y analiza de manera infantil y primitiva. El ciudadano se somete a prejuicios e impulsos extrarracionales o irracionales. Ello beneficia a los grupos que persiguen fines interesados.

La voluntad que observamos al analizar los procesos políticos no es la voluntad general sino una voluntad fabricada. Los procedimientos para fabricar los problemas que apasionan a la opinión y a la voluntad popular son similares a los que se emplean en la propaganda comercial.

ANALIZAR EL SIGNIFICADO DEL TERMINO DEMOCRACIA SEGÚN LOS AUTORES ESTUDIADOS.
En el mundo contemporáneo “democracia” ha venido a querer decir el mando por una élite política, siempre y cuando haya sido elegida por el voto popular. En una teoría elitista de la democracia entiende a esta como la selección de conductores políticos entre elites rivales por medio de decisiones populares.
La teoría de las élites nació con un fortísimo contenido polémico antidemocrático y antisocialista, que reflejaba el gran miedo hacia la irrupción de las masas y a los cambios sociales que se avecinaban con el nacimiento del movimiento obrero. La historia es una repetición monótona de conflictos, en los que no interesan sino la fuerza (leones) y la astucia (zorros)
Así Schumpeter definió a la democracia como “ese arreglo institucional para llegar a decisiones políticas en el cual los individuos adquieren el poder de decidir por medio de una lucha competitiva por el voto del pueblo”. Para él el papel del pueblo es simplemente producir un gobierno. Ello es lo que caracteriza precisamente a la democracia -el método mediante el cual los individuos o grupos rivales luchen por conquistar el poder mediante una competencia recíproca.El pueblo es soberano sólo el día de las elecciones. Esta tesitura ya la había sostenido J.J. Rousseau en El Contrato Social. Schumpeter sostiene que la democracia es el gobierno del político, es decir la política se convierte en una carrera, en una profesión. De allí que le interesen en primer lugar los votos antes que los intereses de su clase o de su grupo.
Hay cuatro condiciones para el éxito del método democrático:
a) el material humano ha de ser de calidad elevada
b) el dominio de la decisión política no ha de ser demasiado dilatado
c) el gobierno ha de disponer de una burocracia bien capacitada, que goce de reputación y se apoye en una sólida tradición, dotada de un fuerte sentido del deber y de espíritu de cuerpo.
d) Autodisciplina democrática: los electorados y parlamentos deben tener un nivel intelectual y moral elevado.
Resta agregar un alto grado de tolerancia para las diferencias de opinión en la competencia por el liderazgo o caudillaje.
Por otra parte, los autores elitistas son muy sospechosos de las capacidades de los ciudadanos ordinarios de participar en la toma de decisiones. La identificación de la democracia con un conjunto de procedimientos institucionalizados para seleccionar líderes ha sido llamada por Robert Dahl, “poliarquía” (es simplemente la selección de líderes entre elites competitivas en elecciones multipartidistas).
Para Michels la democracia se convierte en un método de dominación, en la medida en las oligocracias aprovechan la fuerza, la corrupción y el consenso para incrementar su poder y marginar a las mayorías de la toma de decisiones. La lucha por el poder es una contienda de minorías cuyo origen último se encuentra en la lucha de clases. La democracia es imposible sin organización. Esta es el único medio para llevar adelante una voluntad colectiva. El ideal de democracia consiste en el gobierno propio de las masas. Pero las masas son incapaces de tomar decisiones razonadas. Y además manifiestan un importante sentimiento de indiferencia por los asuntos políticos. Más aún, son inmaduras políticamenteCon el avance de la organización la democracia tiende a declinar y el grupo se divide en una minoría de directivos (conducción experta) y una mayoría de dirigidos. Formula una severa crítica a la teoría de la representación, porque con ésta el pueblo deja de ser libre, y los representantes dominarán a los representados
Norberto Bobbio sostiene que la teoría de las élites en su fase realista contribuyó y sigue contribuyendo a descubrir y mantener al desnudo la ficción de la “democracia manipulada”. Plantea como una de las promesas incumplidas de la democracia el no haber podido derrotar el poder oligárquico de las élites, indicando que éstas han persistido y se han adecuado a los procedimientos democráticos.
¿Cómo las élites dieron paso a los procesos democratizadores? La transición a la democracia se inicia cuando las élites deciden adoptar reglas de juego democráticas para defender sus intereses, ante la ausencia de mejores opciones.
Sartori define a Mosca, Pareto y Michels como “declarados autores antidemocráticos.” La teoría de las élites es en su esencia poco democrática por cuanto plantea que sólo una minoría tiene el poder frente a una mayoría que carece de él.
Para los autores estudiados (Mosca, Pareto y Michels) la concepción democrática se sustentaba en el presupuesto racional de que todos los hombres podían producir -tras el paso por la educación- acciones racionales, es decir lógicas en términos paretianos. La crítica fuertemente antidemocrática a estos teóricos hizo que muchas veces se los leyera en clave fascista, sin embargo su realismo no debe confundirse con aquella forma de pensamiento reaccionario.
La peligrosidad que encerraba el enquistamiento de una élite autoritaria, como la fascista, hacía que Mosca revalorizara ciertos aspectos de la democracia (la competencia Interelites, permitía una renovación basada en el disenso que el fascismo mussoliniano anulaba). Por eso Gaetano Mosca sugería “aún la peor de las democracias era preferible a cualquier otra forma que condujera a la absolutización del poder.” Distinguía dos diversos modos de formación de las clases políticas -ya sea que se transmita el poder por herencia, en cuyo caso surgen los regímenes autoritarios, o bien que provengan de la base, lo que da origen a regímenes liberales (o democráticos).En el sentido que democracia se contrapone no a aristocracia sino a autocracia.
En palabras de Yannuzzi, “quizas previendo que se abría una noche oscura en la política, Mosca, Pareto y Michels, exacerbaron su crítica a la democracia como un intento último -por cierto fallido- por recuperar espacios de libertad que en la sociedad estaban amenazados.”
Los autores estudiados entendieron que la democracia imaginariamente vivida como una instancia de gobierno real, no era mas que una ficción, que en realidad anulaba el poder de los electores.
La democracia es una ideología, una fórmula política en lenguaje de Mosca, una derivación en opinión de Pareto. Mosca entendía la democracia como una forma de regimen político en el cual todos participan por igual en la formación de los poderes soberanos. Se consideran libres a los pueblos donde los gobernantes deben ser elegidos por todos o al menos por una parte de los gobernados y donde la ley emana de la voluntad general.
La democracia es una fuerza conservadora porque permite incorporar continuamente sangre nueva a la clase dirigente, impidiendo el agotamiento típico de la aristocracia de nacimiento.
No pudieron comprender la necesariedad del concepto de representación en el marco de una democracia moderna, lograron sí desmitificarla apelando a realidad con la mayor crudeza posible, demostrando que las minorías eran quienes realmente gobernaban, y esa democracia se reducía a una lucha por el poder entre minorías dirigentes.
Detractores de las masas, creyeron en definitiva que en tanto la sociedad no universalizara el saber y el conocimiento, se exponía a ser irremediablemente sojuzgada, y que resultaba muy negativo conferirles el poder y su representatividad a grupos multitudinarios incultos, que obraban sin razón, reservando el ejercicio del gobierno a las minorías mas ilustradas.

Son las características de la teoría:
1) en toda sociedad organizada las relaciones entre individuos o entre grupos que la caracterizan son relaciones de desigualdad
2) la causa principal de la desigualdad consiste en la distribución desigual del poder, o sea en el hecho que el poder tiende a concentrarse en manos de un grupo restringido de personas.
3) Entre las diversas formas de poder, lo determinante es el poder político
4) Los que detentan el poder (especialmente el poder político), la clase política propiamente dicha, son siempre una minoría.
5) Una de las causas principales de que una minoría logre dominar un numero enormemente mayor de personas consiste en el hecho de que los miembros de la clase política, por ser pocos y tener intereses comunes, están ligados entre sí y son solidarios por lo menos en la conservación de las reglas del juego que les permiten ora a unos, ora a otros el ejercicio alternativo del poder.
6) Un regimen se diferencia de otro por el distinto modo por el que las elites nacen, se transmiten y mueren, por el distinto modo en que se organizan y ejercen el poder.
7) El elemento opuesto a las elites o las no elites es la masa, que constituye el conjunto de personas que no tienen poder o por lo menos no tienen un poder políticamente relevante, y que numéricamente son la mayoría, no estan organizadas o bien están organizadas por los mismos que participan en el poder de la clase dominante, y por lo tanto están al servicio de la clase dominante (la teoría de la sociedad de masa es la contraparte de la teoria de las élites y ambas se han desarrollado paralelamente en el último siglo).

POLITICA INTERNACIONAL: CONCEPTOS

1.- Política Internacional. Su diferencia con la política exterior: La política internacional es el resultado de la suma de las políticas exteriores de los diferentes Estados, la cual marca la pauta del manejo de las relaciones entre Estados dentro del sistema internacional. Empero, los países no son los únicos actores en la política "internacional" -por eso es preferible llamarle política "mundial". Laviña y Baldomir (1983: 121) definen a la política exterior como:
“La acción desarrollada por cada Estado en el plano internacional,... tanto... la acción cumplida frente a un Estado como la cumplida frente a varios o todos los demás Estados, organismos internacionales y demás actores de la política internacional; manifestando que debe diferenciarse, como tal, de otra noción, la de política internacional, puesto que ésta última comprende al conjunto de las políticas exteriores de todos los Estados. Cada una de ellas, individualmente, es sólo una parte de aquélla.” Calduch Cervera (1993:4) ofrece una definición más exhaustiva al conceptuar a la política exterior como: “aquella parte de la política general formada por el conjunto de actores y decisiones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional.”
Crecientemente la política exterior de los países se extiende más allá de sus relaciones con otros actores estatales, teniendo interacciones con diferentes actores internacionales, incluyendo organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, corporaciones multinacionales, actores transnacionales, alianzas y organizaciones regionales, entre otros. La política exterior también incluye las herramientas o medios que un país emplea para alcanzar sus objetivos internacionales. La política exterior y la política interna han sido tradicionalmente diferenciadas, por quienes creen que se trata de asuntos diversos; aunque se encuentran íntimamente entrelazadas y, dependiendo de la potencialidad del Estado y de las alianzas establecidas, la interna puede proyectarse en la exterior, o ser la internacional la que condicione a la interna, y la externa ser simplemente una manera de "defenderse" o dar respuesta a los "impactos internacionales".
Las relaciones mundiales se han "privatizado" ya que, además de las relaciones de Estado a Estado y de gobierno a gobierno se dan, crecientemente con y entre actores transnacionales. El Océano Pacífico ha pasado a ser el eje central de relacionamiento, en vez del Atlántico, que fue el eje histórico. América Latina, que tiene energía, alimentos, productos estratégicos y no estratégicos, carece de conocimiento suficiente y de políticas de Estado para direccionarse e insertarse más acabadamente en el nuevo contexto mundial.
1.1.- Actores contemporáneos de la política internacional: Paul Kennedy (2006) señala que tanto a estadounidenses como británicos, les resultaba más simple la Guerra Fría que entender la realidad mundial de comienzos del siglo XXI, donde se ha producido el aumento de capacidad de ciertos actores para producir poderío nuclear.[1] Además existe un gran peligro encarnado en actores no estatales, como lo es el terrorismo internacional[2].Los actores que han emergido pueden ser clasificados en cuatro grupos que se superponen y confunden:
a) Los insurgentes: comprometidos con una lucha militar y política prolongada, cuyo objetivo es debilitar o destruir el poder y la legitimidad del gobierno establecido.
b) Los terroristas: siembran deliberadamente el miedo empleando o amenazando con formas proscritas de violencia para alcanzar objetivos políticos.
c) Las milicias: se trata de fuerzas armadas irregulares fácilmente identificables que operan en zonas sin gobernanza o en un Estado débil o fallido.
d) Las organizaciones criminales internacionales: grupos caracterizados por su cohesión interna, que se dedican a una o varias empresas criminales y actúan atravesando fronteras y regiones (Farah, 2006)[3]

El 11-S debe ser entendido como el inicio de una “yihad” mundial del Islam contra Occidente y los infieles, no tan solo como una acción aislada de pretenso castigo contra el imperialismo norteamericano. Se trata además de una guerra que es paralelamente de nuevo y de antiguo tipo, ya que los instrumentos deletéreos esgrimidos fusionan el habitual recurso de los explosivos, propio de las organizaciones terroristas, con un novedoso manejo de los medios de transporte civiles como forma de provocar muertes en masa (aviones, trenes y autobuses convertidos en portadores de la destrucción). Juntamente, desde el punto de vista ideológico el terrorismo se coloca en el pasado, anunciando su plan de aniquilación del modo de vida occidental “que es percibido como una reproducción de la ignorancia primordial de los “paganos” mequíes en el siglo VII, adversarios finalmente derrotados por Mahoma” (Elorza, 2005). Posmodernidad y arcaísmo se presentan unidos recurrentemente en el terrorismo islámico de al-Qaeda, lo cual hace particularmente difícil la comprensión del fenómeno. El contexto propicia la confusión, con una política exterior de la principal potencia occidental, que parece obstinada en proporcionar al terror, las justificaciones y los argumentos tendientes a amplificar al extremo su impacto sobre la opinión pública de los países musulmanes.
Ahora bien, el modo de llevar a la práctica los atentados terroristas, tiene en miras difundir una inseguridad generalizada en Occidente y de reclutar creyentes en masa, convirtiéndolos en fervorosos combatientes contra el mundo occidental judeo-cristiano (Elorza, 2005). Las nuevas organizaciones terroristas trasnacionales, a diferencia del terrorismo clásico, no se limitan a acometer un objetivo determinado, sino que persiguen la destrucción de la civilización occidental en su conjunto. Esto hace que sus atentados no intenten causar sólo un efecto psicológico, sino que procuran causar el mayor grado de destrucción y muerte posible. (Cosidó, 2004) La amenaza polimórfica del al-Qaedismo supone una amenaza estratégica para Europa, que subraya específicamente el problema de la integración social y la “guetoización” en las principales capitales europeas (Ranstorp, 2005).
Por su parte, la proliferación de ADM no es sólo una amenaza en tanto que puedan ser obtenidas por grupos terroristas o transferidas a ellos por Estados delincuentes. Son asimismo, una amenaza en manos de Estados totalitarios que pretendan amedrentar o extorsionar a los Estados democráticos para lograr su supervivencia, para agredir impunemente a sus vecinos, o para hacer prevalecer sus intereses frente al resto de la comunidad internacional. (Cosidó, 2004)
Richard Bernstein (2006) señala que el gobierno de Bush practica una política del miedo y que el enemigo no es mas un superpoder que se presume está amenazando a EUA. Luego de la Guerra Fría tuvo que inventarse un nuevo enemigo, el cual es hoy la ficción de un “terror globalizado”. Pero, en realidad ese no es el enemigo, sino una colección de diversas tácticas usadas para una diversidad de objetivos. Defiende el autor la necesidad de un “falibilismo pragmático”, es decir una mentalidad que incluya el antiescepticismo -la duda requerirá tanto de justificación como de creencia- y falibilismo -nunca podrá tener una garantía metafísica de que una creencia no necesitará jamás ser revisada-.
Roberto Espósito, por su parte, sostiene que el mundo se está volviendo cada vez más, un campo unificado por una sola amenaza, cual es el terrorismo y la tendencia imperialista de ciertos Estados. El fundamentalismo islámico busca defenderse de la secularización occidental -la occidentalización- y por otra parte, Occidente no quiere dar nada de sí al resto que sufre hambre. Ambos sistemas chocaron y “hay una suerte de infarto del mundo”. Refiere que la dicotomía entre Islam y el mundo occidental tiende a reemplazar la división bipolar que desapareció con la caída del régimen soviético, pero señala que en esa analogía hay una diferencia: “el enfrentamiento comunismo-liberalismo era un enfrentamiento de ideologías, pero, sobre todo de sistemas económicos; el enfrentamiento entre el mundo occidental y el Islam es… de tipo más cultural que económico. Se enfrentan dos modelos de vida, dos concepciones del mundo… dos teologías contrapuestas” (Espósito, 2007:9).
1.1.1 Concepto de Terrorismo[4]: Entendemos por terrorismo al uso calculado de la violencia o la amenaza del uso de la violencia para alcanzar objetivos ideológicos o religiosos a través de la intimidación, la coerción y el miedo (Chomsky, 2004: 35). La definición más ampliamente aceptada es aquella ofrecida por Yonah Alexander (en Prabha, 2000), quien define al terrorismo como: “el uso de la violencia contra blancos civiles para intimidar o crear un miedo generalizado con el propósito de lograr objetivos políticos.” Para Michael Walzer, es el asesinato deliberado de gente inocente, al azar, con el fin de propagar el miedo entre toda una población y de forzar la mano de sus líderes políticos. Pero aclara, que éste es un axioma que se relaciona mejor con el terrorismo de liberación nacional o al movimiento revolucionario (IRA, Frente Argelino de Liberación Nacional -FLN-, OLP, ETA, etc.) El elemento común de todo terrorismo, es la población no combatiente -tanto en el sentido militar como en el político- que sirve como objetivo: no soldados ni funcionarios públicos tampoco, sí la gente ordinaria, la cual no será asesinada incidentalmente en el curso de acciones dirigidas hacia otra parte: se la mata adrede (Walzer, 2002).
El terrorismo es determinado por Kshitij Prabha (2000) como un acto o una amenaza de impacto de violencia táctica por parte de un grupo de individuos entrenados que tienen vínculos internacionales, para lograr objetivos políticos. Este grupo puede ser subvencionado por agencias estatales y no estatales. Según Brian Jenkins (1975), implica "un uso de la violencia o de la amenaza de la violencia a fin de inculcar miedo; se propone forzar o intimidar a gobiernos o a sociedades en la búsqueda de las metas que son generalmente políticas, religiosas o ideológicas".
Walzer (2004) sostiene que el terrorismo “es una práctica indefendible”, al ser esta dirigida indiscriminadamente contra la clase en su conjunto con el crudo objetivo de “matar a unas personas para aterrorizar a otras” (Ibíd., 2004:71). Sugiere que las tres claves para entender al terrorismo, son: su carácter aleatorio, degradante y atemorizador.
De acuerdo con la Resolución 1269 del Consejo de Seguridad:
“un acto terrorista es cualquier acto destinado a causar la muerte o lesiones corporales graves a un civil o cualquier otra persona que no participe directamente en las hostilidades en una situación de conflicto armado, cuando, el propósito de dicho acto, por su naturaleza ó contexto, sea intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo” (http://www.un.org/spanish/terrorismo/tratados/terrorismo.html ).

Seguidamente identificamos las características específicas de lo que el “nuevo terrorismo” tiene a su alcance:
a) La plantación sumamente cuidadosa del atentado, ya que buscan afectar a una gran parte de la población con una sola acción.
b) La infiltración en la vida diaria y el tan vasto conocimiento que tienen del enemigo.
c) Las ADM se encuentran al alcance de los Grupos Terroristas, por lo que la amenaza se hace latente.
d) Actualmente hay redes entre grupos terroristas que traspasan las fronteras de los Estados y esto es lo que hace más difícil la captura de los líderes o militantes.
e) La desterritorialización de la acción terrorista, es decir, que el empleo de la violencia ha desistido de la ocupación del territorio como uno de sus fines.
f) La selección meticulosa de aquellos individuos que realizaran el acto terrorista.
g) Al momento de infundir terror y pánico con violencia se aseguran de transmitir su mensaje y de contar con un medio de difusión masiva para hacerlo, como la televisión e Internet.

Desde el 11-S EUA ha generado el mismo terror que constituye la principal arma del terrorismo. Apuntan a instaurar un Imperio del Miedo hostil a la libertad y la seguridad, más temible que el que pudiesen concebir los propios terroristas. (Barber, 2005: 15 y 17). El terrorismo, del que el miedo es su instrumento y catalizador, es la nueva forma global de anarquía (Ibíd.: 22 y 30), que semeja un despliegue de poderío brutal, aunque en realidad es una estrategia de terror más que una fuerza real, una estrategia de debilidad más que de fortaleza (Ibíd. , 2005: 23). Martín Alonso, refiere que: “el 11 de septiembre, no hubiera existido sin la cultura vigente el 10 de septiembre. No es el terrorismo el que amenaza militarmente la supervivencia occidental, sino la cultura de racionalización y contextualización ad nauseam que lo acompaña y amplifica su potencia geométricamente” (Alonso, 2006:176).
Algunos opinan que se trata de un fenómeno "nuevo", o al menos que el terrorismo adquirió "nuevas" particularidades tras el final la Guerra Fría. Otros sostienen que se trata de una revitalización del mismo fenómeno, en tanto que Bruce Hoffmann (2001), sostiene que el terrorismo que existió hasta la década del 90 era siempre identificable, con una organización o una entidad de existencia real. Ahora la situación es diferente, con gente que trabaja free lance.
1.1.1.1.- Variantes actuales del terrorismo: Los expertos reconocen por lo menos a cinco tipos de terrorismo tradicionales discriminados según su finalidad: el nacionalista, el ideológico, el religioso, de guerra y terrorismo de Estado. La ETA o el IRA son movimientos que buscan una independencia nacional, pese a que también ambos manejaron un discurso político emparentado ideológicamente con la izquierda. Sus objetivos son limitados; ninguno de ellos, ha utilizado la estrategia del ataque suicida, método que le es propio únicamente a los movimientos de orientación islámica. Las FARC en Colombia, encarnan el terrorismo ideológico, ya que nacieron en 1964 como uno de los tantos movimientos guerrilleros de la época y, a pesar que políticamente su discurso se desgastó, mantienen una línea de izquierda radical y aspiran al poder.
El terrorismo de Estado es empleado por gobiernos autoritarios y totalitarios contra su propia gente, para extender el miedo y hacer imposible la oposición política: las "desapariciones" argentinas son un ejemplo útil (Walzer, 2002). En estos casos, toda la maquinaria estatal se vuelca a oprimir a sus ciudadanos en busca de obligarlos a un lineamiento ideológico y ético determinado. El terrorismo religioso, emplea básicamente una motivación religiosa. Es el movimiento más global, puesto que estaría dispuesto a atacar en cualquier parte del mundo. La red Al-Qaeda, es un claro modelo de este tipo de terrorismo.[5] El Comité de Lucha contra el Terrorismo de la ONU -creado un mes después del 11-S-[6] estima que la red Al-Qaeda posee casi 1000 miembros que estarían dispuestos a perpetrar un ataque suicida (Comité de Lucha contra el Terrorismo, 2003).
También podrían entrar en la categoría de terrorismo religioso el grupo Hamas o los movimientos separatistas en Chechenia, Indonesia o Filipinas. Es aquí donde la clasificación claudica, puesto que estos grupos también sostienen un interés nacional y/o ideológico. Es este tipo de terrorismo, de presencia global, el que ocasiona más miedo y al que la "Guerra contra el Terror" ha enfrentado con más denuedo. Walzer (2002) incluye también al terrorismo de guerra: la empresa de asesinar civiles en cantidades tales que su gobierno quede obligado a rendirse (Hiroshima es el caso clásico).
Desde el último cuarto del siglo XX se pueden incluir dos formas novedosas de terrorismo: el narcoterrorismo y el ecoterrorismo. El primero, término introducido por el presidente de Perú Belaúnde Terry en 1983, se concibe como la cooperación y alianza estratégica entre mafias del narcotráfico y guerrillas u otros grupos de insurgencia armada. Napoleoni lo define como: “Uso de las táctica del terror de los narcotraficantes y de los capos de la droga para proteger sus negocios ilegales. También describe la alianza entre los señores de la droga y las organizaciones armadas. Ambos tienen intereses en la desestabilización los gobiernos y la subversión del orden social establecido” (Napoleoni, 2003: 229). Ambos utilizan organizaciones de fachada, tales como negocios legales u obras de caridad (Schmid, 2005).
Mientras que el ecoterrorismo, es un neologismo controversial utillizado para describir las amenazas o los actos de violencia contra personas, el sabotaje, el boicot, el vandalismo, los daños a la propiedad y toda intimidación cometida a nombre de la ecología (como impedir o disminuir ciertas explotaciones forestales o el uso de tierras vírgenes para fines recreativos) o en defensa de los animales. A diferencia de otros terrorismos, cuyo objetivo suele ser destruir vidas humanas, los ecoterroristas se concentran por ahora en causar daños materiales. Chalecki (2002:3) diferencia al ecoterrorismo del terrorismo ambiental. Al primero, lo conceptúa como: “la destrucción violenta de la propiedad perpetrada por las alas radicales de los grupos ambientalistas en nombre de la seguridad del ambiente, contra la invasión y la destrucción humana. “ Respecto del segundo, lo define como “el uso ilegal de la fuerza contra recursos ambientales in situ para privar a las poblaciones de sus beneficios y/o destruir otra propiedad”
Vandana Shiva (2006), Michel Chossudovsky (2001) y Edward S. Herman (2001), entre otros autores incorporan a la clasificación el terrorismo económico que se produce como consecuencia de las políticas económicas del FMI, la corrupción de los sistemas financieros y las políticas de las transnacionales, que empujan a los pueblos hacia la pobreza y la hambruna. Más recientes aún, son las nuevas formas que se esgrimen: ciberterrorismo: al que entendemos como “la forma de terrorismo que utiliza las tecnologías de información para intimidar, coercionar o para causar daños a grupos sociales con fines políticos-religiosos” (Orta Martínez, 2005); y bioterrorismo: es el empleo criminal de microorganismos patógenos, toxinas o sustancias dañinas con el propósito de generar enfermedad o muerte, en humanos, animales o plantas con el objetivo de intimidar a gobiernos y sociedades en beneficio de causas ideológicas particulares (Franco Paredes y Rodríguez Morales, 2004: 31).
1.2.- La Guerra Preventiva: La doctrina Bush de la "Guerra Preventiva" y la postura ante el terrorismo, se halla cimentada en el Project for the New American Century - PNAC, que se organizó en 1997 por un grupo de estrategas neoconservadores con el fin de "concentrar los esfuerzos para el liderazgo global Estadounidense"(http://www.newamericancentury.org). Aglutina y unifica la política internacional histórica de EUA; recoge la doctrina Monroe en el ALCA y sus variantes mas agresivas en el Plan Colombia; pero también reedita el Destino Manifiesto a llevar libertad y democracia a todo el planeta; al mismo tiempo que expande las fronteras de la política de Truman, Nixon y Reagan de intervención armada; y recobrando la política de Kennedy de "Alianza para el Progreso" propugna el apoyo irrestricto al FMI, BID, OMC y BM. Añade como elemento novedoso la incorporación del miedo como excusa para atacar preventivamente.
Lindsay y Daalder (2004) sostienen: “La administración Bush, abandonando la cautelosa política exterior de Bill Clinton, se mueve en un esquema teórico de posguerra fría, convirtiendo a los adversarios en enemigos y menospreciando el poder que ostentan. La ambigüedad estratégica que reclama como una sabia conducta frente a China parece ser sólo ambigua y arrogante. Los votos que han expulsado a EUA de las comisiones de Derechos Humanos y Control del Narcotráfico de la ONU, gracias a la UE, condenaron la negativa norteamericana a la formación de una Corte Penal Internacional y a suscribir el Tratado de Kyoto. La respuesta global parecer ser la reedición de la Iniciativa de Defensa Estratégica o Escudo Antimisiles, un claro esquema de guerra fría en un contexto de paz caliente, prerrequisito de un escenario de guerra abierta."
La Operación "Libertad Duradera" en Afganistán y la Guerra en Irak, son los inicios de un cambio de la política exterior Estadounidense, caracterizada por el unipolaridad, la decadencia de la ONU y sus relaciones con Europa, la recolonización de Latinoamérica con el ALCA, la utilización del terrorismo como excusa inevitable, el ataque preventivo, la imposición del modelo neoliberal y la Globalización y la doble moral en materia comercial. Las actuales guerras no son civiles, sino imperiales. Sociedades enteras son saqueadas y todos los recursos nacionales son usurpados o “privatizados” (Petras, 2004). Chomsky (2003), explora la hipocresía subyacente en la política occidental, ya que ésta se dedica a acusar a sus enemigos de todo aquello de lo que ella misma es culpable. Mientras EUA apunta contra los “Estados canallas” que fomentan, acogen y exportan terrorismo, los factores se invierten y el acusador deviene acusado, convirtiéndose en un Estado canalla a causa de la impunidad que ostenta merced a su hegemonía en el escenario internacional.
El gobierno de EUA se encuentra dominado por la derecha religiosa con un Presidente -llamado “el Nerón del siglo XXI- (Hatfield, 2004). Los republicanos han nombrado al enemigo que buscaban con ahínco: el terrorismo fundamentalista musulmán y su adalid, Bin Laden. El imperialismo del siglo XXI se cimenta en la necesidad de encontrar nuevos mercados donde invertir capitales; coadyuva a ello una dirigencia política que persigue la búsqueda de mayor poder y gloria y la expansión de su ideología cuasi-religiosa.[7] Para la consecución de sus fines, la “guerra preventiva” se ha convertido en una industria productora de riqueza pública y privada para EUA y sus aliados[8].
“La administración Bush también ha dejado de lado siglos de Derecho Internacional. Libra guerras ilegales, prohibidas por numerosos tratados internacionales y por la Carta de la ONU. Hace la guerra sin ni siquiera declararla, algo que hasta Hitler se tomó la molestia de hacer. Las fuerzas armadas de EUA descaradamente violan las Convenciones de Ginebra sobre crímenes contra la humanidad, genocidio, armas de destrucción masiva, destrucción de servicios civiles que proveen electricidad, agua y salud, y aún de las vías acuáticas internacionales (Gunder Frank, 2004).“
1.2.1. Guerra contra el terrorismo: es una ofensiva militar de EUA apoyada por la OTAN y otros aliados, con el fin declarado de acabar con el terrorismo internacional, deteniendo a los grupos terroristas y desactivando el aparente resguardo que algunos Estados les ofrecen. La "Guerra contra el Terror" está dirigida a 40 organizaciones que el Departamento de Estado de EUA ha listado desde finales de 2001[9] y actualizado en 2005[10]. Allí figuran Al-Qaeda, ETA, las FARC y Hamas: todas ellas son organizaciones terroristas diferenciadas en cuanto a sus propósitos y sus métodos de ataque.
Los actores no estatales del sistema internacional, es decir organizaciones de diferente índole[11], como agrupaciones de terrorismo internacional, narcotraficantes, narcoterrorismo, utilizan el terror como principal forma de atacar a los Estados y las personas, lo cual ha hecho variar el paradigma de la clásica confrontación bélica de fuerzas militares entre sí. Ello ha traído una proliferación de actores transnacionales que usan todas las amenazas posibles para hacer sentir su valor o poder en el concierto internacional, independientemente de sus nacionalidades o países de origen. Precisamente su característica principal es la de actuar no representando un Estado-nación en particular, pero teniendo algunos Estados como patrocinadores o como santuarios. En el caso de los Estados fallidos, ha motivado la necesidad de usar a las fuerzas militares de otra forma, completamente diferente a su función habitual o final que es hacer la guerra. En el último tiempo, las operaciones militares diferentes a la guerra (OMDG), han tomado un ritmo importante. Su naturaleza principal es la legitimidad que les otorga la ONU por mandato, y la participación de fuerzas de diferentes países en ellas lo que produce problemas de coordinación y mando y también de relaciones entre Estados (Soto Silva, 2003).
Los actores no estatales[12] que han surgido, pueden afectar seriamente la estabilidad del sistema, ya sea moviendo fuertes sumas de dinero en las bolsas de comercio del mundo, si son financistas; o terroristas con capacidad de operar globalmente (Fuentes Saavedra, 2007). En las relaciones internacionales sólo se contabilizan actores que tienen "territorio" y "población". Los actores transnacionales carecen de ambos. La "heterogeneidad" no es un problema, pero sí puede serlo el hecho de que son los Estados los que proveen "seguridad" y tienen una "jurisdicción" territorial. De todas formas, los actores no estatales pueden ser "autónomos" y a la vez un instrumento para beneficio de los Estados.
2.- Precisiones acerca de colonialismo e imperialismo:
2.1. El colonialismo es definido por Borisov, Zhamin y Makarova (1975) como “la política de los Estados capitalistas económicamente más desarrollados orientada hacia la esclavización y la explotación de los pueblos de países atrasados en el aspecto económico. “ El colonialismo opera mediante una dialéctica que homogeniza las diferencias creando una oposición superpuesta subsumiéndolas en la identidad de la civilización europea (Hardt y Negri, 2000:128). En este trabajo lo entendemos como el control político formal de un determinado territorio o país por parte de otro. Constituyó un proceso histórico mediante el cual los territorios de ultramar fueron incorporados a la economía mundial en clave de desigualdad respecto de los países europeos ricos, a fin de satisfacer las necesidades de expansión económica de éstos, causando una substitución de sus estructuras económicas, sociales y políticas.
La colonización, o proceso de ocupación de otros territorios, supuso la irrupción violenta y generalizada de los intereses capitalistas europeos en los distintos continentes. Se inició en el siglo XVI, con las primeras conquistas y anexiones de territorios, y continuó hasta bien entrado el siglo XIX. El período colonial resultante se caracteriza por la dominación política y legal sobre las sociedades sometidas, el establecimiento de unas relaciones económicas y políticas de dependencia al servicio de los intereses y necesidades de la economía imperial, y la institucionalización de una nueva estructura social caracterizada por las desigualdades raciales y culturales. Se puede distinguir entre las colonias de dominio-ocupación, donde las elites coloniales controlan militarmente el territorio, y las colonias de poblamiento, en las que los colonos europeos se asientan permanentemente desplazando a las poblaciones indígenas (Alberdi y Pérez de Armiño, 2000).
2.1.1 Neocolonialismo: En el siglo XX, muchas ex colonias de las potencias imperiales europeas se libraron mediante guerras de liberación de la dominación colonial. A algunas colonias les fue concedida la independiente bajo la presión de la confrontación entre los bloques de la Guerra Fría. La formación de Estados soberanos con instituciones modernas debía estimular el desarrollo económico, social y democrático. Pero la prometida independencia muchas veces se transmutó en una nueva dependencia, que se calificó de “neocolonial”. Martínez Carreras lo define como: El “fenómeno que consiste en mantener una dependencia económica casi colonial sobre las ex colonias, que en la actualidad son Estados independientes, por sus antiguas potencias colonizadoras” (Martínez Carreras, 1992: 177-183).
Por su parte, el proceso de descolonización se ha llevado a cabo básicamente en tres oleadas. La primera, de 1776 a 1825, supuso la independencia de la mayoría de las colonias americanas. La segunda, de 1867 a 1931, conllevó la concesión de autonomía por RU a Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. La tercera, y más importante, comenzó en 1945 en Asia, alcanzó su cenit en 1960 con la independencia de 17 países africanos, y prácticamente finalizó con la independencia de Mozambique y Angola en 1975 (Walter, 1999:363-364). Esta tercera fase, sucedida tras la II Guerra Mundial, se desencadenó a raíz de la reacción de los países sometidos contra la hegemonía europea, así como al deseo de las dos superpotencias de acabar con los imperios coloniales de la vieja Europa. Para sustentar este proceso se experimentó un desarrollo teórico del derecho de autodeterminación en el contexto de la ONU (Alberdi y Pérez de Armiño, 2000).
Pero, si bien en el siglo XXI sólo quedan en el mundo 16 “territorios no autónomos”[13] o unidades coloniales, la dependencia ha ido tomando en tiempos de la globalización el carácter de hechos económicos inevitables y forzosos, transmitidos por el mercado y de presión política ejercida sobre los países en desarrollo y en transformación y sobre sus gobiernos para plegarse a las reglas de la “buena gobernabilidad”. Dichas reglas comprenden por un lado el combate a la corrupción, la formación de capital humano y el desarrollo de medidas para el empoderamiento de las mujeres; por otro lado y de modo preferencial, medidas de desregulación, liberalización y privatización. El avenimiento a estas reglas de “gobernabilidad” engendra nuevas dependencias. También deja a la vista, como ocurrió en Irak, tendencias hacia un “neoimperialismo” y de la subordinación cuasi-colonial de algunos Estados. (Altvater, 2005)”
2.2.- Imperialismo: Por imperialismo entendemos a la expansión violenta por parte de los Estados del ámbito territorial de su influencia o de su poder directo y las formas de explotación económica en perjuicio de los Estados o pueblos sometidos (Bobbio, 2002: 787). Desde tiempos remotos es posible observar relaciones de agresión y dominación entre pueblos y Estados, así como procesos de conquista, a través de los cuales llegaron a constituirse en la Antigüedad grandes imperios como el chino y el romano. De allí proviene la idea de imperialismo para caracterizar diversas formas de extensión del poder a escala internacional. Es corriente utilizar el término para referir modalidades de expansión política, económica, territorial o cultural, que históricamente se han combinado de distinta manera. Cualquier forma de imperialismo resultaría contradictoria con el ideal, hoy universalmente aceptado, de una comunidad internacional fundada en la igualdad de derechos, el respeto recíproco y la cooperación solidaria entre pueblos y Estados.
Basándose en el caso del Imperio británico de s. XIX, un ensayo precursor de Hobson en 1902 identificó como rasgo fundamental del fenómeno las inversiones de capital en el exterior. La desigualdad en la distribución de los ingresos disminuía la capacidad de consumo de los trabajadores ingleses, y limitaba por tanto las perspectivas de inversión productiva en el país; los capitales disponibles encontraban oportunidades más lucrativas en otras regiones poco explotadas, lo cual alentaba las conquistas coloniales y llevaba la disputa por esos territorios entre las potencias europeas, a la vez que privaba a las clases laboriosas de las metrópolis de los beneficios de la inversión interna de aquellos capitales (Hobson, 1948).
Lenin retomó la noción explicativa de Hobson sobre la exportación de capitales excedentes, en la tesis que dio título a su libro El imperialismo, etapa superior del capitalismo. En este texto de 1917, presentó el fenómeno como última fase del desarrollo capitalista, la cual se distingue por: 1) el grado de concentración de la producción, que determina el predominio del capital monopolista; 2) la fusión del capital bancario con el industrial, de la que surge el capital financiero y la oligarquía financiera; 3) la importancia que adquiere la exportación de capital (construcción de ferrocarriles, establecimiento de industrias, etc. en los países atrasados), diferente a la tradicional exportación de mercancías; 4) la lucha por los mercados entre las grandes asociaciones monopólicas internacionales (cárteles, trust) que se reparten económicamente el mundo, a la vez que se ha completado la ocupación territorial del planeta por las grandes potencias coloniales, de modo que en el futuro solo será posible su redistribución (Lenin, 1973).
En la visión de otros autores, el imperialismo sería una realidad de carácter político más que económico, históricamente anterior al capitalismo, que éste en cierta forma "hereda". Para Schumpeter (1951), la lógica interna del capitalismo radica en el libre cambio, que es incompatible con la dominación de mercados y las prácticas monopólicas; los beneficiarios del imperialismo serían solamente ciertos "intereses exportadores monopolistas" de los países metropolitanos, que cabría esperar no sobrevivirán a la lógica interna del capitalismo.
Después de la II Guerra Mundial, las ideas sobre el imperialismo se actualizaron con referencia a la agresiva política internacional de EUA como líder de las naciones capitalistas avanzadas, las presiones sobre los nuevos Estado emergentes del viejo colonialismo y la difusión de las empresas multinacionales, que articularon nuevas formas de control político, económico, financiero, comercial y militar sobre los países periféricos (centro-periferia). El "capitalismo financiero mundial" intenta constituir una clase dirigente internacional basada en el control de las grandes corporaciones, superando anteriores rivalidades ínter imperialistas. Las proyecciones del imperialismo en el plano sociológico y cultural se vinculan con el racismo y con la problemática del subdesarrollo.
En su momento también se atribuyó a la ex URSS un tipo de imperialismo o "satelismo" de carácter político e incluso económico sobre los países del campo comunista, que Mao Tse-tung calificó como socialimperialismo. El enfrentamiento de los bloques del Este y el Oeste suministraba continuas "justificaciones" al intervensionismo de las grandes potencias en los países menores, por "razones de seguridad". Concluida la Guerra Fría, los problemas de la dominación a escala internacional y las contradicciones entre los factores de poder transnacional y los Estados han sido replanteados a menudo en el marco de los nuevos conceptos de "mundialización" o globalización (Di Tella, 2006: 362-363).
Colonialismo e imperialismo son las dos caras de la misma medalla. El post-imperialismo es el lado latinoamericano de la moneda donde se encuentra el post-colonialismo. Para Williams y Chrisman (1994:2) el colonialismo es "una fase particular de la historia del imperialismo, que ahora es mejor entendido como la globalización del modo capitalista de producción" (Ibíd., 1994:2). Said, por su parte, relaciona al imperialismo con el colonialismo: el primero es "la práctica, la teoría y las actitudes de un centro metropolitano dominante que gobierna un territorio distante; 'colonialismo', que es casi siempre una consecuencia del imperialismo, es la implantación de asentamientos en territorios distantes" (Said, 1993: 9). No deja de ser sintomático que las elites del centro metropolitano se rehúsen a usar el término imperialismo. Amy Kaplan (1993) critica la invisibilidad del tema imperialismo en los American studies. La aceptación del rol del imperialismo, del expansionismo de EUA en la construcción de la nación, es negada al mismo tiempo que se habla de "potencia mundial", de "poder global" y de "unipolaridad" (Kaplan, 1993: 13; Lins Ribeiro, 2005).
Samy Cohen (2002) efectúa una original interpretación del Imperialismo contemporáneo, sosteniendo la necesidad de mantener imperios y opina que un nuevo imperialismo voluntario y cooperativo puede salvar al mundo. Señala que el fin del poder balanceado en 1989 marcó el “debilitamiento del impulso imperial” y el siglo XX finalizó con todos los grandes imperios fenecidos (“los imperios otomano, germano, austriaco, francés, británico y soviético son ahora sólo un recuerdo”). Distingue dos nuevos tipos de Estado:
1) los premodernos -generalmente antiguas colonias- cuyas fallas provocaron a una guerra hobbesiana de todos contra todos: (por ejemplo: Somalia y Afganistán. Estos Estados frustrados han perdido el monopolio de o la legitimidad para el uso de la fuerza, con frecuencia ambos[14];
2) los Estados postimperiales o posmodernos, “los cuales no piensan más en la seguridad primordialmente en términos de conquista”. Perduran los habituales Estados "modernos", tales como la India, Pakistán o China, los cuales se han conducido como Estados “siempre teniendo, persiguiendo, intereses, poder y raison d'ètat."

Los cárteles de la droga, el crimen o el terrorismo utilizan bases premodernas para ataques contra las partes más ordenadas del mundo. Cohen sostiene que ante ello, los Estados organizados deben responder, y en el caso que declinen en demasiado peligrosos para ser tolerados por los estados establecidos, es dable suponer un imperialismo defensivo. Antiguamente, la manera más lógica de tratar con el caos, fue la colonización; pero ahora es inaceptable para los estados posmodernos, dado que Imperio e imperialismo son términos que se transformaron en una forma de abuso y no hay poderes coloniales deseosos de asumir el costo de nueva.
Entonces, Cohen propone la viabilidad de una “nueva clase de imperialismo” con dos varientes; 1) una compatible con los derechos humanos y con los valores cosmopolitas, es decir, un imperialismo que apunte a ofrecer orden y organización pero que descanse hoy sobre el principio voluntario; como el que existe en la economía global a través de instituciones como el FMI o el BMl. El agrandamiento europeo (la aceptación de nuevos miembros de la UE) muestra otra clase de imperialismo voluntario cooperativo, sin exclusividad étnica que fue el sello del Estado-nación 2) El imperialismo de los vecinos, ya que la inestabilidad regional plantea peligros que ningún Estado puede soslayar.[15]
3.- La guerra: Bull define a la guerra como “la violencia armada que unas unidades políticas utilizan contra otras” (Bull, 2005[1977]: 237). El elemento indirecto y oficial es lo que distingue matar en una guerra de asesinar. Entiende la guerra en sentido amplio, como violencia organizada que puede ser ejercida por cualquier unidad política; en sentido estricto, como violencia organizada por los Estados soberanos (Ibíd., 238). En sentido material, Bull define a la guerra como hostilidades reales y en sentido legal, como una situación a la que se llega a través del cumplimiento de determinados criterios normativos, como ser la declaración por autoridades competentes. Asimismo, distingue entre guerra en tanto actividad racional, inteligente y dirigida a un objetivo, en el concepto clausewitziano; de la guerra ciega, impulsiva o como hábito (Ibíd., 238-239) entre las que enumera a las guerras de conquista o por mera sed de sangre.
En los Estados modernos las funciones de la guerra pueden comprenderse de la siguiente manera:
a) Desde la óptica del Estado individual, la guerra ha sido instrumento político y uno de los medios para alcanzar los objetivos del Estado.
b) Desde el punto de vista del sistema internacional, la guerra constituye un determinante básico de la forma que el sistema adopta en cada momento. La guerra y la amenaza de guerra constituyen un determinante para los Estados concretos, respecto si sobrevivirán o serán eliminados, entrarán en una fase de auge o de declive; si se resolverán o no los conflictos; si habrá un equilibrio de poder o algún Estado será preponderante.
c) Desde el enfoque de la sociedad internacional, en tanto valores compartidos, normas e instituciones aceptadas por el sistema de Estados en su conjunto, la guerra es: manifestación del desorden que amenaza a la propia sociedad internacional; pero, asimismo es un medio restringido para aplicar el derecho internacional, mantener el equilibrio de poder y fomentar cambios (Ibíd., 239-241).

Michael Walzer (2004), recogiendo la tradición histórica agustino-kantiana, sostiene la tesis de la guerra justa:[16]la que entiende como: aquella guerra -aunque actividad infernal- resulta justificable, defendible moralmente, dadas ciertas circunstancias y alternativas de decisión; como ser, actos de agresión y de crueldad que dañan la conciencia moral del ser humano. Postula Walzer que, cuando los crímenes causan grave conmoción en el mundo, cualquier actor en condiciones de detener dicha situación no sólo puede intervenir, sino que debe hacerlo; menciona como ejemplo el del terrorismo al que se debe combatir por hallarse plenamente justificada tal acción en lo desgarradoramente inmoral de sus fines y acciones, o las intervenciones militares y “humanitarias” en Kosovo, Ruanda y Somalia.
En este trabajo, entendemos por guerra, en el sentido más generalizado, al enfrentamiento entre dos o más entes para conseguir fines específicos. En las guerras civiles internas, son dos partes contrastantes ideológicamente dentro de un mismo Estado las que entran en constante contienda. Desde mediados del siglo XX, el término adquirió un nuevo sentido. No necesariamente tendría que referirse a un acto destructivo mediante el cuál se dieran enfrentamientos sangrientos, matanzas, frentes armados y todo este tipo de luchas físicas, legítimamente constituidas. Con el inicio de la “Guerra Fría” apareció una tipología estrictamente ideológica en la que no forzosamente tenía que usarse el medio violento para dicha contienda.
Zygmunt Bauman, señala que hay un antes y un después de la guerra de Yugoslavia y el rol de la OTAN en la misma. “Ésta tenía sentido como forma de “promover el orden económico global por otros medios, medios no políticos”. Se podría hablar de una “guerra simbólica” sui generis: la guerra, su estrategia y su táctica fueron un símbolo de la emergente relación de poder. “El medio fue, por cierto, el mensaje”. El poder de la elite global se basa en la capacidad de eludir compromisos locales, a lo que se supone que contribuye ampliamente la globalización, dividiendo tareas y función al nivel de las autoridades locales que deben responsabilizarse y hacerse cargo de la ley y el orden (locales). De alguna manera estas serán las técnicas de la denominada modernidad líquida. En esta los Estados-Nación se convierten en comisarías locales. (...) La modernidad líquida se ve como la nueva forma de distribución del poder”. (Bauman, 2003)
En los inicios de 2007, resulta dificultoso cuestionar a la hegemonía militar norteamericana. Su poder militar, económico y político confiere a las restantes naciones un aspecto microscópico. Ignatieff advierte, que EUA controla al mundo con cinco mandos militares globales; posee mas de 1 millón de efectivos militares dispersos por el mundo; despliega portaaviones con grupos de combate donde lo cree necesario; garantiza la supervivencia de países como Israel o Corea del Sur; lleva el timón del comercio mundial e inspira el american way of life en todo el planeta (Ignatieff, 2002: 22). Su presupuesto militar para 2007 es de 439 mil millones de dólares, más los costos de la guerra de Irak y Afganistán que corren por cuentas separadas y ascienden a 120 mil millones de dólares; su armamento de alta tecnología no tiene parangón con el de ningún otro país, lo que le permite desplegar fuerzas militares en todo el mundo y combatir en muchos frentes a la vez.
Huntington sostiene que, la primera mitad del siglo XX fue la era de las guerras mundiales, la segunda fue la era de la Guerra Fría. En el siglo XXI ha empezado la era de las guerras musulmanas (Huntington, 2002). Voegelin, por su parte sostiene que: “El verdadero peligro de las guerras contemporáneas no reside en la extensión global del escenario bélico tecnológicamente determinado; su verdadera fatalidad se origina en su carácter de guerras gnósticas, es decir de guerras entre mundos que están empeñados en su mutua destrucción” (Voegelin, 2006:183).[17]
4.- Cold War[18] (Guerra Fría/Guerre Froide): Entendemos por Guerra Fría[19] al proceso internacional que comenzó a gestarse en el mundo, a partir de la muerte del presidente norteamericano F.D. Roosevelt en 1945 y el posterior uso de sendas bombas atómicas para forzar la rendición de Japón. Los autores ubican su inicio a posteriori del “telegrama largo” de G. Kennan[20] (embajador de EUA en Moscú) el día 22 de febrero de 1946. Pocos días después, W. Churchill utiliza por primera vez la expresión “Cortina de hierro” para aludir a la situación de las naciones del Este de Europa, ocupadas por la URSS.
La Guerra Fría puede caracterizarse con las siguientes particularidades:
a) Fue la situación de conflicto entre EUA y la URSS, que generó un mundo bipolar con dos bloques: el Occidental-capitalista liderado por EUA y la OTAN (1949) y el Oriental-comunista encabezado por la URSS y el Pacto de Varsovia (1955). Los distintos intereses condujeron a una sospecha y hostilidad mutuas enmarcadas en una rivalidad ideológica en aumento.
b) El ataque sorpresa constituía el mayor temor de las potencias en la Guerra Fría, a cuya prevención estaban abocadas la diplomacia y las acciones militares. La tensión permanente se puso en marcha, la amenaza militar constante, tanto convencional como nuclear, junto a la confrontación ideológica y la guerra económica.
c) Se denominó “fría” porque los dos bandos nunca se enfrentaron directamente (Giddens, 2004:863) EUA y la URSS y sus aliados utilizaron la intimidación, la propaganda, la subversión y la guerra local mediante interpósitos aliados; ya que no estando dispuestos a enfrentarse en una guerra nuclear, dirimieron sus intereses en los países periféricos.
d) El motivo de que la "Guerra Fría" no se convirtiera en "caliente" fue la aparición del arma nuclear. Los crecientes arsenales atómicos que las superpotencias fueron acumulando impidieron una guerra directa que nadie hubiera ganado.
e) Cada superpotencia también intentó influir en las nacientes naciones de Asia, África, Oriente Próximo y Latinoamérica.
f) EUA contribuyó al fin de la Guerra Fría y al desmoronamiento de la ex URSS[21], al propiciar el agotamiento de ésta en la carrera armamentística (Barber, 2005: 20)[22]y espacial.
g) En conjunto la Guerra Fría dejó dos efectos indeseados. 1) una inversión disparatada en armamento; 2) una imagen casi diabólica del adversario, como resumió el presidente norteamericano Reagan cuando calificó a la URSS de “imperio del mal”.
h) Hasta la caída del Muro de Berlín las guerras revolucionarias y de descolonización fueron una constante.

El fin de la Guerra Fría, que ubicamos temporalmente entre la caída del Muro de Berlín (9/11/1989), la extinción del Pacto de Varsovia (1/7//1991) y la disolución de la Unión Soviética (21-26/12/1991), ha traído la aparición de conflictos internos de los Estados, en ocasiones muy cruentos. Se ha dado una politización de las comunidades étnicas y religiosas, tanto dentro de las mismas como en su proyección hacia la sociedad. Se ha dispuesto como norma fundamental del Derecho Internacional que cada comunidad debe poder tomar decisiones sobre cada uno de los aspectos de la vida y asimismo poder exteriorizar o hacer visibles sus símbolos, ya no como una simple preferencia política sino como un derecho inalienable (Holsti, 2004:52 y 44).
5.- Internacionalización, transnacionalización y globalización[23]:
Dahrendorf ubica el comienzo de la globalización[24] en el final del milagro económico de posguerra que se dio con la crisis del petróleo de 1973. El proceso globalizador se impuso con fuerza al disolverse los frentes de la Guerra Fría, lo que permitió -entre otras cosas- la sociedad de la información (Dahrendorf, 2005: 15). La globalización pretendió ser la solución a la mixtura de estancamiento o crecimiento bajo e inflación (estanflación) que Mancur Olson identificó como la causa de la “decadencia de las naciones” (Olson, 1986).
El colapso del comunismo no fue el “fin de la historia”, sino el principio de la misma. Sólo la desaparición absoluta de la confrontación entre los dos sistemas permitió el desarrollo de la globalización (Dahrendorf, 2005: 20). Touraine (2006) diferencia entre mundialización (prolongación de las tendencias de apertura que se aceleran en la segunda parte del XX, y globalización (proceso mediante el cual los pueblos han cedido el poder sobre sus economías y sus sociedades a fuerzas globales y antidemocráticas, tales como los mercados, las agencias de calificación de la deuda, etc.).
Wallerstein (1988), Ferrer (2002:15) y Bernal-Meza, entienden a la globalización como el proceso histórico de expansión capitalista, que se inicia entre fines del siglo XV y principios del XVI. Bernal Meza (2005:237) identifica a la “globalización como el eslabón más actual de la misma” y utiliza el concepto de “mundialización” para nombrar el proceso que da cuenta de las nuevas formas que ha asumido la acumulación capitalista contemporánea y comprende al concepto de globalización como aquel que incorpora tanto al proceso histórico completo (s. XVI a XXI) como al complejo de ideas y la concepción del mundo (Bernal Meza, 2000). Alvater y Mahnkopf (2002:1) sostienen que la globalización dio un giro imprevisible desde que la OTAN sin mandato de la ONU, se arrogó el derecho de intervenir en defensa propia en Yugoslavia, con el fin de “salvaguardar el principio universal de los Derechos Humanos”. Hasta entonces, se concebía a la globalización como una “geoeconomía” capitalista.
Con Held (1999) ha de entenderse la globalización como "...un proceso (o conjunto de procesos) que encarna una transformación en la organización espacial de las transacciones y las relaciones sociales -entendido en términos de su extensión, intensidad, velocidad e impacto- y que genera flujos interregionales o transcontinentales, redes de actividad, interacción y ejercicio de poder”. En el fin del siglo XX se aprecia un cambio en la forma tradicional del Estado nacional como sujeto del sistema político internacional, a consecuencia de la desregulación y la pérdida de soberanía, debido a que la compatibilidad entre pueblo, territorio y poder del Estado está desapareciendo lentamente. El “mundo de los Estados europeos” tal como surgió de la Paz de Westfalia en 1648 hasta mediados del siglo XX se desvaneció; a consecuencia de las relaciones económicas que tienden a traspasar fronteras, de la expansión del comercio mundial, del aumento de las inversiones directas transnacionales, del desarrollo de los mercados globales de capital y de los movimientos migratorios transfronterizos (Alvater y Mahnkopf, 2002:5).
Desde la perspectiva de José J. Brunner "la globalización comprende no sólo el movimiento de bienes y servicios, sino que, además, de personas, inversiones, ideas, valores y tecnologías más allá de las fronteras de los países. Significa una reorganización del espacio económico mundial, una reestructuración de los mercados laborales y un progresivo debilitamiento de los Estados Nacionales... Se crea así mismo todo un nuevo entramado de relaciones políticas, sin que eso signifique el fin de las querellas locales". (Brunner, 1999).
Para comprender mejor el término es importante tomar en cuenta la distinción, propuesta por Beck, entre globalismo, globalidad y globalización. Globalismo es la ideología según la cual el mercado mundial sustituye el quehacer político. En otras palabras es la ideología neoliberal en búsqueda obsesiva del dominio del mercado mundial. Por globalidad se entiende la situación en la cual no hay ningún país o pueblo que pueda vivir aislado de los demás. La globalización hace referencia a los procesos por medio de los cuales los Estados nacionales y los pueblos se relacionan e implican mutuamente generándose interdependencia (Mendoza, 2003). Según U. Beck, la globalización implica distintos procesos en virtud de los cuales los Estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante autores transnacionales y sus respectivas fuerzas entramadas. Las características de la globalización[25] las resume Beck en las siguientes proposiciones:
a) Ensanchamiento del mercado internacional y creciente intercambio.
b) Carácter global de la red de mercados financieros.
c) Nuevas tecnologías de la comunicación.
d) Consenso sobre la vigencia de los derechos humanos y la democracia como sistema de gobierno.
e) Cultura de la imagen.
f) Nuevos actores transnacionales junto a los gobiernos: Naciones Unidas, FMI, Banco Mundial, G-7, ONG´s.
g) El tremendo desafío de la pobreza global.
h) El problema ecológico, que cuestiona al modelo económico vigente. (Beck, 1998)
Niall Ferguson plantea la duda acerca de la posible finalización de la globalización y efectúa una comparación con la Guerra del 14 cuando se puso término a la primera globalización caracterizada por “la aniquilación de las distancias” a través del telégrafo, el teléfono, la radio, el motor de combustión interna y las carreteras pavimentadas (Ferguson, 2006:32) El autor citado traza un paralelo entre ambas dos globalizaciones y advierte que se parecen en el relativo libre comercio, las limitadas restricciones a la migración y la escasísima regulación de los movimientos de capital, la baja inflación y la ola de innovación tecnológica. EUA era en 1914 la primera economía del mundo, China se abría al mundo creando expectativas y Rusia crecía rápidamente. Hoy como ayer la globalización muestra síntomas de reversibilidad.
En los albores de la I Guerra en el orden internacional se advertía: la sobre expansión imperial (de RU); la rivalidad de las grandes potencias; un sistema de alianzas inestables; Estados canallas promoviendo el terror y el crecimiento de una organización revolucionaria terrorista hostil hacia el capitalismo (Ferguson, 2006: 37) En 2007: EUA está manifiestamente sobre expandido (hubrys) denota senectud social y un fuerte déficit financiero y de personal militar necesario para todos los frentes de guerras que tiene o podría tener. También hay una creciente rivalidad con la República Popular China, no sólo por el control del comercio sino por la posible crisis que puede plantearse con Taiwán. Corea del Norte, Siria, Pakistán e Irán son los Estados canallas contemporáneos, pero con armas nucleares (Ferguson, 2006: 38) La inmigración musulmana y la posible incorporación de Turquía a la UE están cambiando a Europa. La organización terrorista Al-Qaeda es la responsable de los atentados en Nueva York, Ryad, Casablanca, Estambul, Nairobi, Adén, Dar-es-Salam, Madrid, Bali y Londres, siendo calificada por algunos de islamo-fascistas o bolcheviques islámicos, comprometidos con la revolución y con un reordenamiento mundial de tintes anticapitalistas (Ferguson, 2006:39).[26]
Los teóricos se preguntan si hoy es posible un cambio de régimen en Arabia Saudita, al estilo de la Rusia del 17 con Lenin, o el Irán de 1979 con Khomeini. Bin Laden, es visto por algunos como el Lenin del siglo XXI y si una revolución islámica triunfase en Arabia Saudita, un país rico, el terrorismo podría hacerse de ese gobierno. EUA hoy hace la guerra preventiva, en salvaguarda de su seguridad interna, quedando planteada la incógnita de los verdaderos motivos de la invasión a Irak, que en opinión de algunos obedece a intereses económicos capitalistas y al secuestro y depredación del petróleo iraquí. [27]
No soslayamos el concepto de interdependencia que permite al capital, el empleo y la inversión trasladarse adonde quieran, independientemente de la soberanía americana (Barber, 2005: 22). También ha quedado de manifiesto la porosidad de las fronteras nacionales de soberanía y el cada vez más insuficiente poder de ésta. Para Paul McCulley (2004) "el imperialismo Estadounidense significa, por definición, el abandono del capitalismo mundializado, el olvido de la mano invisible de los mercados en provecho del puño, bien visible, de los Estados"[28]. Brzezinski (1998:68), por su parte expuso crudamente los grandes imperativos geoestratégicos norteamericanos: “evitar colisiones entre vasallos y mantener a éstos en Estado de dependencia, que justifique su seguridad, cultivar la docilidad de los sujetos protegidos e impedir que los bárbaros configuren alianzas ofensivas".
En la última década se han producido importantes cambios en la economía mundial que han afectado a aspectos políticos, económicos y sociales. La internacionalización de las economías es una consecuencia del fenómeno de la globalización mundial, cada vez más intenso, y que está produciendo una mayor interrelación entre las economías nacionales. El aspecto funcionalista de la globalización es el que distingue esta teoría del concepto de la internacionalización económica. De conformidad con Peter Kickens (1998), la globalización contiene procesos que son cualitativamente distintos de la internacionalización. En ellos se involucra no solamente la extensión geográfica de las actividades económicas, procesos de internacionalización, sino también y más importante, la integración funcional de actividades que antes se encontraban dispersas. Esto último siendo el rasgo peculiar de la globalización dentro de las innovaciones tecnológicas más recientes. El actual proceso de globalización redunda, por ello, en la formación de unidades funcionales a nivel planetario. Mientras que, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías nos han acercado facilitando el intercambio de información y la posibilidad real de compartir los saberes entre toda la humanidad (García Fajardo, 2000).
Entendemos al paradigma transnacionalista[29] o de la interdependencia compleja al creado por Keohane y Nye, que pretende completar al realismo, para entender ciertos aspectos de la realidad internacional, con el enfoque de la interdependencia (Keohane y Nye, 1989: 23-24). Los elementos centrales del transnacionalismo son:
a) El Estado deja de ser actor exclusivo, racional e impenetrable, convirtiéndose en un actor fragmentado. Se incorpora una pluralidad de actores: organizaciones internacionales, empresas multinacionales, ONG, unidades políticas subestatales e individuos de análisis de la política internacional;
b) Se establece una nueva agenda de investigación en la que se incorporan nuevas cuestiones propias de los países desarrollados, como ser: desarrollo tecnológico, relaciones comerciales y financieras, problemas ecológicos, etc.
c) Se sostiene el concepto de sociedad mundial o globalismo.No hay anarquía, sino un cierto orden internacional creado a partir de intereses mutuos, donde la cooperación es posible (Barbé, 1995)

5.1.- Glocalización: Con Burchardt consideramos por glocalización[30], a la tendencia a una fragmentación creciente de los espacios nacionales, derivada de la globalización y que tiene por consecuencia una mayor interdependencia entre la política local y la economía privada (Burchardt, 2006: 137). El concepto de glocalización es un neologismo acuñado por Ulrich Beck y Robert Robertson, para referirse a la peculiar relación y correspondencia entre lo global y lo local, que refiere a la cuestión de la localización espacial dentro de un sistema globalizado, que une la globalización y la localización. Con este concepto se intenta entender el actual proceso de transformación como un engarce entre la dinámica local y global: lo local gana en significado porque debe participar en un sinfín de lugares en la competencia global por los recursos.
5.2.- La responsabilidad de proteger: La soberanía de un Estado implica la responsabilidad de la protección de sus ciudadanos, tanto ante su propia ciudadanía como frente la comunidad internacional. Pero cuando una nación se halla en peligro grave e inminente a raíz de un conflicto bélico, sea por represión o inoperancia gubernamental, el principio de no intervención puede relevarse en la responsabilidad de proteger. Esta última, es un concepto genérico apoyado en tres responsabilidades específicas:
a) De prevenir, ya sea posibles conflictos internos o situaciones de alto riesgo para las poblaciones;
b) De reaccionar con una réplica adecuada y temporánea ante una situación humana conmovedora;
c) De reconstruir, mediante asistencia en la recuperación del país y la reconciliación nacional (Thakur, 2001)[31]
Se estipula en el Informe 2001 de la Comisión Internacional de Intervención y Soberanía de los Estados (ICISS) que cuando se está frente a los siguientes casos, existe la responsabilidad de proteger más que el derecho a intervenir:
1. Asesinatos masivos.
2. Violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
3. Situaciones de inanición.
4. Conflictos armados internos.
5. Situaciones en las cuales los Estados permiten la presencia de personas que ponen en peligro a otros Estados (ICISS, 2001)

6.- Posguerra Fría: panorama a comienzos de 2007.
El fin de la Guerra Fría y el abandono del paradigma Este-Oeste con el sistema bipolar diseñado y legitimado en la Conferencia de Yalta han desaparecido, no obstante el uso o recurso de amenaza de utilización de la fuerza como instrumento político continúa vigente. La alianza triunfante de la Guerra Fría, la OTAN bajo la dirección de EUA y en su articulación con los centros dinámicos de poder del capitalismo global, la Unión Europea y Japón, ha logrado establecer una nueva agenda internacional denominada “la agenda de los valores hegemónicos universalmente aceptados” (Bernal Meza, 2000:91). Estos valores han contribuido al fortalecimiento de las ideas de globalización e interdependencia. Este proceso se verifica dado que los pilares del orden westfaliano que sustentaban al sistema internacional se deterioraron provocando con ello el debilitamiento del valor de la soberanía (Zacher, 1992).
En las condiciones actuales, pareciera ser que poco sirve a la nación sus vinculaciones con el Estado. Para algunos autores es una cuestión de proporcionalidad. El Estado es un instrumento para dar respuesta a las necesidades de una nación. Pero la cuestión es que la nación, y su instrumento -el Estado-, se tornan excesivamente insignificantes para dar respuesta a algunos problemas, y demasiado grandes para arreglar los pequeños problemas locales. Esta cuestión Nación-Estado, entraría dentro de lo que Giddens ha denominado “instituciones conchillas”, instituciones que se han vuelto inadecuadas para las tareas que están llamadas a cumplir. Externamente se las percibe como iguales pero internamente se encuentran en un proceso de cambio. A este tipo de instituciones Ulrich Beck las llama “instituciones zombies”
La Interdependencia Compleja se presentaba así como un sustituto funcional para el mantenimiento del orden internacional de posguerra fría y su continuidad bajo una supremacía de EUA, mediante el sostenimiento de los regímenes internacionales creados bajo la hegemonía imperial.[32] El concepto de Interdependencia Compleja se identifica con el multipolarismo, con una agenda sin jerarquías, cuestión que no implica que están incluidos todos los temas como hemos visto, con los canales múltiples de relación[33] y con la devaluación creciente de la fuerza militar, cuestión muy discutida en un sistema internacional que en términos de Boulding es un “sistema de amenazas”, un sistema de violencia organizada para poder conservar la actual estructura social internacional.
Fukuyama intentó preguntarse sobre la naturaleza del mundo de posguerra fría en “El Fin de la Historia” (The end of the History), donde proclamaba el fin de la Historia como “punto final de la evolución ideológica de la humanidad” concretada en la democracia liberal y en el capitalismo (Fukuyama, 1992). En contrapartida y en respuesta al debate suscitado a partir de esta idea Samuel Huntington, propuso su tesis del choque de civilizaciones. En “El choque de las civilizaciones” (The Clash of the Civilization and the Remaking of World Order) sostiene como planteamiento central que: “la cultura y las identidades culturales, que en su nivel más amplio son identidades civilizacionales, son las que están dando forma a los patrones de cohesión, desintegración y conflicto en el mundo de post-guerra fría” (Huntington, 1997: 20-21). En este contexto, estaríamos en un mundo multipolar y multicivilizacional, en el cual la modernización es distinta de la occidentalización y en el que no se estaría produciendo una civilización universal ni una occidentalización de otras civilizaciones. Por el contrario, la nueva hipótesis de conflicto pasa por las civilizaciones opuestas a Occidente.
Rees destaca la creciente vulnerabilidad de un mundo cada vez más conectado, donde las fallas de los subsistemas pueden repercutir en la totalidad del sistema global. Asimismo, señala que cualquier nuevo enfrentamiento global amenaza con ser mas difícil de manejar que la Guerra Fría, dado que ya no existe un centro de control (Rees, 2004). Los conflictos armados, disminuyeron desde el fin del orden bipolar, pero también mutaron sus características, los enfrentamientos entre Estados han sido sustituidos por las guerras civiles libradas para alcanzar el poder o dominar un territorio. El Informe sobre Paz y Conflicto 2005, (Peace and Conflict Report)[34], afirma que ha habido “un descenso en la magnitud mundial del conflicto armado”, pero también reconoce que “la mitad de los países del mundo tienen graves problemas que exigen la vigilancia y el compromiso de la comunidad internacional”. Los Estados débiles y al borde del fracaso no representan casos aislados, sino toda una clase nueva de conflictos; aproximadamente 2.000 millones de personas viven en países con un riesgo de derrumbamiento entre importante y crítico (http://www.cidcm.umd.edu/peace_and_conflict.asp).
Tokatlian sostiene que EUA busca el retorno de la Guerra Fría en Latinoamérica, y pruebas de ello son: el rechazo al populismo, el que en muchos países de la Región es un componente de la vida política que facilitó la inserción de sectores excluidos; la persistencia de conflictos de baja intensidad como el caso de Colombia, donde EUA despliega asistencia militar masiva, presencia castrense activa, diplomacia fuerte con la segunda embajada norteamericana más grande del mundo, luego de la de Bagdad. Asimismo, Colombia es el principal receptor de ayuda Estadounidense en todo el subcontinente latinoamericano y el quinto destinatario de recursos militares; la promoción del regime change (cambio de régimen) como se evidenció con el apoyo al golpe cívico-militar de 2002 en Venezuela; la endeble guerra contra las drogas que no desarticuló el negocio de los estupefacientes ni mejoró la capacidad de control soberano del Estado; el resurgimiento del doble rasero en materia de terrorismo, del que el aval secreto de EUA a la ultraderechista Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), es el ejemplo mas claro; el singular desinterés de EUA por la agenda social latinoamericana (Tokatlian, 2006b).
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[1] Vg. Corea del Norte, Irán, India y Pakistán.
[2] Para un análisis en profundidad, Vid. Bernstein (2006) y Tadashi Yamamoto y Yoichi Funabashi (1995) The Role of Non-State Actors in International Affairs: A Japanese Perspective. Tokio: JCIE
[3] Para información detallada sobre las amenazas a la seguridad que representan los actores no estatales y la generalización de zonas apátridas, véase: Shultz, Farah y Lochard (2004).
[4] Para mayor profundización del terrorismo actual véase: Roland Jacquard y Samia Serageldin (Ed) (2002) In the Name of Osama Bin Laden: Global Terrorism & the Bin Laden Brotherhood. Duke University Press; Fernando Reinares y Antonio Elorza (Ed) (2004) El nuevo terrorismo islamista. Madrid: Temas de Hoy; Walter Laqueur (2003) Una historia del terrorismo Barcelona: Paidos; James Hoge y Gideon Rose (Comp) (2004) ¿Por qué sucedió? El terrorismo y la nueva guerra. Barcelona: Paidos; Jessica Stern (2001) El terrorismo definitivo: Cuando lo impensable sucede. Madrid: Granica;
[5] El líder terrorista Osama Bin Laden sostiene que: "Ante la campaña judeocristiana contra el mundo islámico jamás vista, los musulmanes deben prepararse para rechazar al enemigo en las áreas militar, económica, misionera y en todas las otras" (Binayán Carmona, 2003)
[6] El Nine-Eleven (11-S) ha marcado un antes y un después en la política internacional y traumáticamente ha sido la demostración de la vulnerabilidad de la mayor potencia mundial, un trauma que supera al causado por el ataque japonés a Pearl Harbour en 1941 (Dahrendorf, 2005: 9)
[7] Por ello varias teorías confluyen en los EUA del presente y ayudan a explicar la conducta norteamericana de gendarme del mundo: Ambición de grandeza y gloria descripta por Langer, a la que adhieren David Laudes, R.J. Hammond, la planteada por Raymond Aron conocida como “Teoría de la indeterminación de la conducta estratégico-diplomática” y la formulada por Winslow que pregona la existencia en las colectividades humanas de una tendencia a querer dominar a otros grupos.
[8] Para profundizar ver Benjamín Barber (2005: 75-96); Ignacio Ramonet (2003) “La era de la guerra perpetua” En: Le Monde Diplomatique Nro 45, marzo de 2003; http://funglode.org/clavesdelmundo/12_abril_05_terrorismo_2.pdf
[9] Mediante una “guerra antiterrorista” como la puesta en marcha por Bush, lo que se logra es incrementar los apoyos al islamismo radical, tanto en el mundo musulmán como en medios intelectuales de Occidente.
[10] Véase la nómina de organizaciones terroristas [en línea] http://usinfo.state.gov/esp/Archive/2005/Apr/29-767751.html
[11] Otros actores no estatales son: Shell, OPEP, Greenpeace, Bertelsmann, Amnesty International, Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, Transparency International, etc.
[12] Los actores no estatales comprenden: corporaciones multinacionales, transnacionales económicas, como la Banca Privada, o religiosas; u organizaciones no gubernamentales de distinto tipo, como grupos científicos, como los ecologistas, o vinculados a la defensa de derechos humanos, etc., que tienen una gran incidencia en la conducta de los Estados. Mientras que éstos tienen recursos, buscan mantener su soberanía sobre los mismos, los actores no estatales, que carecen de recursos y dependen de los Estados que los tienen, buscan seguridad y reglas claras en lo que hace a la forma de la acumulación de capital.
[13] Según el Consejo de Administración Fiduciaria de la ONU estos territorios no autónomos son: Sahara Occidental (en África); Anguila, Bermudas, Islas Caimán, Islas Malvinas, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas y de los EUA, Montserrat y Santa Elena (en el Atlántico y el Caribe); Gibraltar (en Europa); Guam, Nueva Caledonia, Tokelau, Pitcairn y Samoa Americana (en los Océanos Indico y Pacífico).(http://www.un.org/spanish/descolonizacion/trust3.htm ). Podrían ser incluidos en esta situación las posesiones extracontinentales de Dinamarca: Groenlandia e Islas Feroe; de España: Ceuta y Melilla; de Francia: Guadalupe, Guayana Francesa, Martinica, Polinesia Francesa, Reunión, San Pedro y Miguelón, Wallis y Futuna; de los Países Bajos: Aruba y Antillas Neerlandesas; del RU: Tristan da Cunha y Territorio Británico del Océano Indico.
[14] Todas las principales áreas del mundo productoras de drogas son parte del mundo premoderno, al igual que la mayoría de los países africanos. En tales áreas el caos es la norma y la guerra es un modo de vida. Usualmente, cuando hay un gobierno opera en una forma similar al crimen organizado. El estado premoderno puede ser demasiado débil incluso para asegurar su propio territorio, no ya para plantear por sí mismo una amenaza internacional, pero puede proveer una base para actores no estatales que pueden representar un peligro para el mundo posmoderno (Cohen, 2002).
[15] “El mal gobierno, la violencia étnica y el crimen en los Balcanes plantean una amenaza para Europa. La respuesta ha sido crear algo similar a un protectorado de las Naciones Unidas voluntario en Bosnia y en Kosovo. La comunidad internacional provee no sólo soldados sino policías, jueces, funcionarios penitenciarios, banqueros y otros, así como el monitoreo y la organización de las elecciones” (Cohen, 2002).
[16] La ius ad bellum (guerra justa) ha sido definida por seis elementos: 1) obedecer a una causa justa; 2) ser el último recurso; 3) ser declarada por autoridad competente; 4) tener probabilidad de éxito; 5) tener recta intención y 6) aplicar el principio de proporcionalidad.
[17] Véase: John L. Esposito (2003) Guerras profanas: Terror en nombre del Islam. Madrid: Paidos.
[18] El término "Guerra Fría" fue usado por primera vez por el escritor español Don Juan Manuel en el siglo XIV. En su acepción moderna fue acuñado por Bernard Baruch, consejero del presidente Roosevelt, quién lo utilizó en un debate en 1947 y fue popularizado por el editorialista Walter Lippmann.
[19] Para un análisis en profundidad, vid. Walker, Martin (1993), The Cold War: A History. New York: Henry Holt
[20] Kennan creó con su cable al Departamento de Estado la visión de la URSS como enemiga de EUA, ya que consideró al PCUS como una fuerza política comprometida fanáticamente en creer que no existe un modus vivendi permanente con EUA y que en aras de la seguridad del Estado soviético se impulsaba la ruptura de la armonía interna y la forma de vida tradicional de la sociedad norteamericana. Asimismo denunció que la URSS aspiraba a romper la autoridad internacional de EUA. Debía aplicarse, por lo tanto, una política de contención de la expansión soviética, ya que se consideraba a dicho Estado como un verdadero peligro mundial.
[21] Para el presidente V. Putin, la caída de la URSS representa “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (Discurso a la Asamblea Nacional de Rusia, 25/04/2005)
[22] Debido a los conflictos creados por la Guerra Fría, EUA y la URSS entraron en una competencia armamentista por dos razones: poder defenderse de la otra potencia en caso de emergencias limítrofes o de otra índole. Demostrar a la otra potencia su superioridad en el ámbito armamentista por su ideología, es decir, dejar en claro que con su ideología se logran más avances y por lo tanto es superior.
[23] Dahrendorf sostiene que el término “globalización” no define suficientemente este mundo. Utiliza la expresión de Giddens “a runaway world” (un mundo desenfrenado).
[24] Theodore Levitt acuñó el término globalización en 1983 al publicarse su artículo “Globalization of the Markets", en la edición de Mayo/Junio de 1983, de la Revista Harvard Business Review.
[25] “Algunas de las características de la llamada globalización o mundialización son: la apertura de los flujos de capital sin restricciones, la debilidad del Estado frente a los poderes económicos y una mayor desigualdad entre países y sectores sociales. No puede ser bueno porque padecen los más débiles y hasta peligra el Estado o las formas de organización supranacionales. Y los débiles precisan de instituciones que los defiendan de los poderosos y los ayuden para que puedan ayudarse a sí mismos. Cuando vaticinábamos el final del Estado-nación, hecho obsoleto por las nuevas tecnologías que no conocen fronteras, quizá no disponíamos del necesario repuesto institucional en forma de federación, de anfictionía o de ente supranacional para evitar el vacío (García Fajardo, 2000).”
[26] En contra: Habermas (2007), quien sostiene: “El presunto ‘fascismo islámico’, tiene tanto de adversario palpable como la guerra contra el terrorismo, tiene de ‘guerra’ ”.
[27] Al iniciarse la guerra en Irak existieron en EUA dos visiones acerca el desarrollo del conflicto: una optimista sostenía la viabilidad del “escenario japonés”, es decir un papel similar al de los EUA en el Japón de posguerra; la otra, pesimista, daba cuenta del probable “escenario somalí” basado en el razonamiento “que la naturaleza tribal, sectaria y multiétnica de Irak, que en ausencia de una dictadura … haría que … entrara en colapso y se convirtiera en un `Estado fallido´, con un aumento rampante del poder de los señores de la guerra, los feudos étnicos y religiosos y la acogida a las organizaciones terroristas” (Mneimneh, 2004).
[28] Citado por Alvaro Cepeda Neri (2004) “Gore Vidal: un escritor de la República” [en línea] http://transicionmexicana.com.mx/index .php ?option=content&task=view &id=618&Itemid=31 (01/02/2207)
[29] También denominado “globalismo”, “sociedad mundial”, o “pluralismo”.
[30] Vid. además: José Pascual Mora García (2005) “Globalización y Glocalización frente al debate postmoderno” En: Dikaiosyne Año VIII. Nº 14 enero - junio, 2005; Vilma Petrash (s/f) “De lo internacional a lo global” [en línea] http://www.iaeal.usb.ve/91/91-6.pdf; Roland Robertson (2000) “Glocalización: Tiempo-espacio y homogeneidad-heterogeneidad” En: Zona Abierta 92-93.
[31] Para ampliar, vid. M. F. Moller Undurraga (2003) “La responsabilidad de proteger” En: Revista Marina 3-2003. Santiago de Chile.
[32] En este orden de ideas, “el pensador francés Raymond Aron llamó a los Estados Unidos “república imperial” argumentando que si bien en lo interno continúa siendo república, reconociendo como tal la división de las funciones del poder y los derechos de los ciudadanos; en lo externo extienden su dominio más allá de sus fronteras a través de su poderío militar”. Cfr. N. Oddone, y L. Granato (2003). “Siglo XXI: El dilema de Tucídides”. Enfoques/El Eco de Tandil, 11/12/2003. p. 23.
[33] Keohane y Nye (1988) identifican tres tipos: interestatales, transgubernamentales y transnacionales.
[34] Elaborado por la Universidad de Maryland (EUA).

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