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agosto 25, 2013

El malestar en la democracia por Javier Marotte pp. 67/108. Universidad de Manizales

octubre 17, 2009

VOLVER A LA ETICA DE PELAGIO LUNA


Vicepresidente de la Nación
Dr. Pelagio Baltazar Luna:
Rememoración en el 90º aniversario de su fallecimiento

1919 25 de junio 2009

La Constitución Nacional rectamente interpretada y sinceramente aplicada,
es el mejor programa que debe anhelar en la actualidad,
ya se lo considere del punto de vista de su practicabilidad
como del amplio margen que deja a los arbitrios y adaptaciones
que determinen las transformaciones que necesariamente
ha de operar en el mundo la conflagración europea
.”

(Fragmento del discurso del Dr. Pelagio B. Luna
pronunciado en la Ciudad de Rosario en la campaña electoral de 1916).


El Comité de la Juventud de la Unión Cívica Radical dedicó la
corona de flores y su discurso fúnebre:
Al hombre-guía, al hombre-luz, al hombre-acción.
Pelagio Luna, que fue la genuina encarnación del espíritu del Bien
.”


Por Javier Pablo Marotte
Doctor © en Ciencia Política (UNC)

INTRODUCCIÓN
En momentos en los cuales la Argentina soportó “el derrumbe político” de 2001-2002 (Novaro, 2002), en el marco de una catástrofe social inusitada, con exasperadas demandas ciudadanas de renovación de la dirigencia, pidiendo “que se vayan todos”; es necesario reflejarse en los ideales y principios de los políticos respetados, probos y virtuosos que construyeron con esfuerzo y dedicación (incluso con renunciamientos personales) una República, tal como idealizaron los constituyentes de 1853, la generación del ochenta del siglo diecinueve y los prohombres del radicalismo: Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle e Hipólito Yrigoyen.
Frente a una dirigencia política “atónita e impotente” (Mocca, 2002:255) y la “sociedad desconfiada” (Paramio, 1996) en el “mundo de la incertidumbre fabricada” (Giddens, 1996), la política devaluada por los malos resultados, la corrupción, la frivolidad, la falta de políticas de Estado, el demérito del adversario visto como un enemigo y no como un antagonista (Mouffe, 2003), urge rehabilitar a la política y a los políticos.
Así, como nuestra historia -con la pluma seminal de Bartolomé Mitre- se fue escribiendo poniendo de resalto las victorias de nuestros Ejércitos, la honorabilidad de nuestros patriotas, la humildad de los más grandes, el desprendimiento de los héroes, la labor de los pensadores, la lucha por la libertad y el derecho a expresarse libremente; la desacreditada -aunque ineludible- actividad política, ha de reformularse sobre los andamiajes y cimientos de aquellos que son exaltados como portentos de nuestra vida republicana.
Más allá de sus luchas, de sus éxitos y fracasos, de sus humanas equivocaciones, perduran en la memoria valores que hoy nos parecen lejanos y extraños, pero que durante décadas caracterizaron a nuestros políticos. Entre ellos, con justicia se encuentra un arquetipo de la política nacional: Pelagio B. Luna. Porque entendemos que “la política no es geometría”, sino un espejo de la vida con la cual comparte grandezas y servidumbres (Pendás, 2007:8); en ese espejo deben reflejarse esos “Señores de la Política” que la prestigiaron, honraron y enaltecieron.
Nos incumbe propender a la rehabilitación de la política como modo de superación del “malestar en la democracia”; siendo menester recobrar la vigencia de lo político en su total amplitud, la nobleza de la acción política, la credibilidad de la ciudadanía y la afección a las instituciones de la República.
Consideramos al doctor Pelagio B. Luna como el epígono de una dirigencia honesta, coherente y encaminada al bien común, que supo anteponer a la Nación por encima de las apetencias personales. Son esos ideales y esos principios que sustentaban éstos Políticos argentinos, los que al haber trocado o decaído, provocaron la inusitada crisis de confianza, que llegó a su pináculo en 2001 cuando se exigía en una suerte de democracia callejera, que no quedase ni uno solo de los malos dirigentes o de los fútiles representantes del pueblo.
Muchos estadistas y dirigentes argentinos son merecedores de evocación por su inclaudicable militancia en la política imbuida de ética sin ambages. Hoy nos convoca el recuerdo de Pelagio Luna. Él es uno de los paradigmas a los que debemos retornar para que la desafección ciudadana por la política se diluya y se recuperen definitivamente la República y la vigencia irrestricta de la Constitución. Para lo cual, se precisa de instituciones sólidas, permanentes y previsibles. Esas instituciones urgen de muchos Lunas, de nuevos Lunas, pero con aquellos mismos ideales en que militó el insigne vicepresidente de los argentinos.

1.- Pelagio Luna: 1867-1916
Las dificultades de la biografía crecen sobremanera
cuando las virtudes y méritos del hombre
han estado custodiadas por la modestia.

Nació en la ciudad de La Rioja el 6 de enero de 1867, siendo sus padres don Domingo Luna y doña Filomena Herrera y Herrera. Fue bautizado con los nombres de Pelagio Baltazar[1] en la Iglesia Matriz de su ciudad natal y su familia se conformaba con 14 hermanos más. Cursó sus estudios primarios en la por entonces denominada “Escuela de la Patria” (o Escuela Pública del Estado) y los secundarios en el Colegio Nacional de La Rioja, donde se recibió de bachiller.
Muy joven se trasladó a Buenos Aires, donde en la Universidad Nacional obtuvo el título de abogado y el 24 de mayo de 1889, a los 22 años, el doctorado en Jurisprudencia. Su tesis versó sobre: “El mandato y las obligaciones del mandatario”, habiendo sido apadrinado por el Dr. Carlos Luna. “En las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires se impuso desde los primeros años por su talento e ilustración” (De La Vega, 1920). Fue compañero de Lisandro de la Torre, Fernando Saguier, Felipe Arana y Emilio Gouchón, entre otros.
Se vinculó a la Unión Cívica de la Juventud en 1889 y participó de la Revolución del 26 de julio de 1890 que provocó la renuncia del presidente Miguel Juárez Celman. Luego de ello regresó a su provincia originaria, donde se desempeñó como juez en lo civil, comercial y criminal; fiscal del Tribunal Superior de Justicia y posteriormente vocal del mismo alto cuerpo. Dictó cátedra de Literatura, como profesor titular y de Filosofía e Instrucción Cívica, como interino, en el Colegio Nacional de la ciudad de La Rioja; fundó y dirigió al partido radical en su provincia.
Muy joven y apenas recibido en 1889 integró la Convención Reformadora de la Constitución de la Provincia, la que 20 años después, el 22 de junio de 1909 logra sancionar la nueva Carta Magna, tras casi dos décadas de obstrucciones y paralización. Pelagio Luna fue uno de los miembros de la comisión redactora que se basó en el proyecto de Joaquín V. González.
Asimismo ejerció el periodismo, habiendo sido integrante de la redacción y corresponsal en La Rioja del diario “La Prensa”. En 1901 fundó el periódico “El Independiente” que cuenta hoy con 108 años de antigüedad. Fue vocal del Colegio Nacional de La Rioja, del Consejo de Educación, presidente de la Comisión de Defensa Agrícola y de la Biblioteca Popular. No actuó en ningún otro partido que la Unión Cívica Radical.
En 1892 votó la Declaración de Principios de la U.C.R. como representante riojano, en la que se señalaba:
“I. En la renovación del Congreso y del Poder Ejecutivo Nacional, han sido violadas las leyes fundamentales de la República, reemplazando el veredicto del pueblo con el fraude y las arbitrariedades de la fuerza.
II. Que en las provincias se hallan substancialmente subvertidas las Instituciones republicanas de gobierno garantizadas a los pueblos por la Constitución Federal.
III. Que esta alteración profunda de nuestro régimen institucional, ha conducido al país a una crisis política social y económica que en su íntimo desarrollo, ha suprimido la voluntad popular en el interior y comprometido al crédito exterior de la República.
IV. omissis
V. Que la Unión Cívica Radical se mantendrá firme en la lucha que sostiene en defensa de las leyes fundamentales de la Nación, para hacer preponderar las libertades públicas y los principios de su programa, como verdaderas bases de la regeneración y felicidad de la Patria.”

El 4 de febrero de 1905 también firmó el Manifiesto Revolucionario en el que se exigía sufragio libre, respeto a la Constitución, moral administrativa, vida republicana sana, libertad para el municipio y respeto por las autonomías provinciales, ya que por entonces “los gobernadores eran simples empleados del presidente guardándole sumisión y pleitesía” (Quevedo, 2003:59).
Presidente de la Convención Nacional de la U.C.R. en 1909, fue elegido en dos ocasiones diputado provincial, aunque no ejerció su mandato en ninguna de las oportunidades, ya que la Legislatura no aprobó sus diplomas en razón de su condición de opositor al Régimen. Encabezó las listas del radicalismo en 1912 como candidato a diputado nacional, aunque no obtuvo la banca a la que aspiraba. En noviembre de ese mismo año la U.C.R. riojana dio una declaración, de la cual transcribimos el siguiente párrafo:
“La U.C.R. surgió en una hora histórica, en contraposición al torbellino de pasiones corruptas que la ambición engendrara en el ejercicio del poder, y su obra, de tenaz perseverancia y de sacrificios cruentos, si pudo concitar resistencias en los usurpadores de la soberanía del pueblo, no alcanzó jamás a despertar recelos ni odiosidades en los ciudadanos sensatos, que buscaban las distintas filas partidistas movidos por el ideal patriótico de contribuir al mejoramiento de la República y de sus instituciones. Su lucha esforzada y gigantesca, no fue, ni es ni será contra hombres, sino contra sistemas, que debilitaron el carácter, corrompieron las costumbres y falsearon, en grosera y vulgar simulación, todos los resortes legales de la organización democrática de gobierno.”

En 1913 postuló como candidato a gobernador de La Rioja, llevando como compañero de fórmula a Arsenio de la Colina[2] y dirigió enérgicamente a la oposición. En vísperas de asumir la gobernación el conservador fraudulento Vera Barros, Luna fue encarcelado bajo sospechas de preparar un movimiento revolucionario. En efecto, un nuevo fraude conservador impedía a la U.C.R. el acceso al gobierno. El triunfo logrado en las urnas era desconocido por torpes manipulaciones en la Legislatura riojana, de donde resultaban con mayor número de electores quienes obtenían menos votos escrutados. A esta nueva jugarreta del fraude no quiso el radicalismo riojano dejar librada a la protesta panfletaria: se dispuso a combatirla con el uso de la fuerza nacida de la legitimación del triunfo electoral.
Entonces sobrevinieron los preparativos para una revolución. Se convocó a los electores radicales a un lugar llamado La Florida, para proclamar la fórmula triunfante encabezada por Pelagio B. Luna y de allí se bajaría a tomar el gobierno. La Florida era una estancia que pertenecía a la familia del ingeniero Pedro Bazán, amigo y cuñado de Luna. La Revolución de La Florida o “La Revolución de Don Pelagio” (Mercado Luna, 1982) se frustró finalmente por razones e intereses de extensas explicaciones (Todo es Historia”, Nº 104, año 1976). Lo cierto es que en este episodio todos los alzados fueron a parar a la cárcel. Eran la plana mayor de la dirigencia radical de aquel entonces: Quiroga, Páez, Sotomayor, Guzmán Rodríguez, Bazán y el propio Dr. Luna (Pereira, 2008).
Luna también fue convencional nacional y delegado al Comité Nacional de la U.C.R. en varios períodos consecutivos. “Luna no era caudillo, ni tribuno exaltado. Era un convencido ardoroso y paciente de la verdad o justicia de su causa” (La Nación, 26/06/1919). Hipólito Yrigoyen lo eligió para que lo secundase en la fórmula presidencial siendo conocedor de la probidad y austeridad de Luna, aunadas a sus virtudes cívicas y morales. El segundo lugar tuvo como objetivo cumplir con en el deseo de complementar el binomio con un representante genuino y prestigioso de las provincias del interior profundo (Bucich Escobar, 1934:466) que a la vez fuese un hombre nuevo en las artes del gobierno (La Unión, 25/6/1919).
El 20 y 21 de marzo de 1916 se reunió en la Casa Suiza la Convención Nacional de la U.C.R. para decidir, entre otros asuntos, elegir la dupla que competiría en las elecciones de abril. Existían varias especulaciones, según las cuales, el candidato natural, Yrigoyen, rechazaría el ofrecimiento, por lo cual ya se habían echado a rodar otros nombres[3].
El 22 se trasladaron las deliberaciones al viejo teatro Victoria (ex Teatro Onrubia)[4], el cual se encontraba desde las 8 de la mañana repleto de público. Los delegados estaban distribuidos frente al proscenio en dos amplios sectores separados por un pasillo. Presidía el escenario un gran busto de Leandro N. Alem envuelto en una bandera argentina. Había nerviosidad y expectativa. A las 10.30 se reanudó la sesión. Uno por uno van siendo llamados los convencionales, que depositaron su voto en una urna colocada en el escenario. Un silencio palpitante envolvía la larga ceremonia. El primer voto que se escrutó dio el nombre de Yrigoyen. Entonces la Convención y la concurrencia se pusieron de pie y aclamaron el nombre de Yrigoyen durante largo tiempo. Dentro y fuera del teatro se cantaba el Himno Nacional." (...) 140 votos obtuvo Yrigoyen, 2 Leopoldo Melo y uno cada uno José Camilo Crotto, Marcelo T. de Alvear y Vicente Gallo. En otra elección similar, pero más disputada, fue elegido para acompañar a Yrigoyen el Dr. Pelagio Luna, quien recibió 81 votos, 59 Vicente Gallo, 4 Joaquín Castellanos y 1 Leopoldo Melo.[5]
Yrigoyen se consideraba imbuído de una actitud “apostólica” de la política, o sea predicar con su austera conducta y difundir las prácticas cívicas (principalmente electorales) más puras y modélicas. Creía que debía cumplir la reparación histórica de la Nación para restaurarla en la plenitud de sus fueros. En la plataforma electoral de 1916 afirmaba que su gobierno se realizaría dentro de las finalidades superiores de la Constitución rectamente aplicada en su espíritu y en su texto (Andino, 2001).

2.- La vicepresidencia: 1916-1919
“Tuvo por principal empeño el bien de su patria,
a cuyo respeto y engrandecimiento contribuyó
con el brillo de su inteligencia y ejemplo de su vida,
consagrada en el cumplimiento de los deberes ciudadanos.”
(José Modesto Giuffra, Interventor Federal de Corrientes, 25/06/1919).

Las elecciones de 1916 se celebraron el 2 de abril, siendo las primeras que se realizaban observando la Ley Sáenz Peña. Al entonces presidente Victorino de la Plaza le cupo la alta responsabilidad de aplicar rigurosamente la legislación electoral de 1912 de voto secreto, obligatorio y universal masculino, con padrones depurados y reconocer los resultados adversos al ideario conservador.
El triunfo correspondió a la Unión Cívica Radical, con el 45,9% de los sufragios, habiendo votado el 63% de los empadronados; lo cual fue conocido el 13 de abril cuando concluyeron los escrutinios de todas las provincias y la Capital Federal. Finalmente, el 12 de junio Yrigoyen y Luna fueron consagrados como presidente y vicepresidente, respectivamente, por el Colegio Electoral[6].
Las votaciones del Colegio electoral fueron las siguientes:

PARA PRESIDENTE
Hipólito Yrigoyen 152
Ángel Rojas 104
Lisandro de la Torre 20
Juan B. Justo 14
Alejandro Carbó 8
PARA VICEPRESIDENTE
Pelagio Luna 152
Juan E. Serú 103
Alejandro Carbó 20
Nicolás Repetto 14
Carlos Ibarguren 8
Julio Argentino Roca (h) 1

El 20 de julio el Congreso Nacional proclamó la fórmula Hipólito Yrigoyen-Pelagio B. Luna para el período constitucional 1916-1922. Al concluir el procedimiento de rigor, el diputado radical Lauro Lagos pidió que la Asamblea se pusiera de pie. El titular de la Cámara de Diputados Mariano Demaría se negó, al igual que a rendir homenaje a los electos, provocándose un tumulto considerable, donde todos los legisladores hablaban a la vez, la campanilla llamaba al orden y la barra fue desalojada por orden de la presidencia del Senado.
El 12 de octubre de 1916, Luna al asumir el cargo de vicepresidente se dirigió al Congreso de la Nación en su carruaje particular y sin comitiva alguna. Mientras tanto, Yrigoyen, lo hizo en medio de un verdadero delirio, a extremo tal que se soltaron los caballos del carruaje presidencial para que el nuevo mandatario pudiese ser llevado por los brazos de sus simpatizantes (Romano, 1966).
Luna designó como secretario privado al Dr. Fortunato Guzmán Rodríguez y el presidente Yrigoyen lo convocaba a participar a los acuerdos del gabinete de ministros. Los residentes riojanos en Buenos Aires le tributaron una demostración de aprecio y reconocimiento, por ser el primer comprovinciano que llegaba a tan altas responsabilidades en la República. Durante su gestión como presidente del Senado se estableció la estructura orgánica de la Biblioteca del Congreso Nacional de la que fue su primer presidente de la Comisión Administradora, entre los años 1917 y 1918.
En las sesiones finales de 1916 y primeras de 1917 se suscitó en el Senado de la Nación un conflicto entre el entonces flamante vicepresidente de la Nación y presidente nato del Senado, Dr. Pelagio B. Luna y el presidente provisional del cuerpo el senador por Mendoza Benito Villanueva, como consecuencia de una cuestión administrativa que aunque parecía intrascendente tuvo una gran repercusión política.
Sucedió que el primer decreto que firmó Luna como presidente nato del Senado, el 20 de octubre de 1916, fue dejando sin efecto tres designaciones de personal jerárquico del Senado que con fecha 5, 6 y 9 del mismo mes de octubre había suscripto el presidente provisional Villanueva. El argumento utilizado para revocar las designaciones fue que a la fecha en que se habían efectuado, no se encontraban todavía vacantes los cargos en cuestión.
En la primera sesión efectuada después de los hechos referidos, el senador Villanueva cuestionó la actitud del Dr. Luna, sosteniendo que había obrado dentro de sus facultades como presidente provisional y que los cargos habían estado efectivamente vacantes al tiempo de realizar las designaciones, razón por la cual pedía un pronunciamiento de la Cámara sobre la cuestión planteada.
El Dr. Luna hizo una firme defensa de su posición, agregando a sus argumentos anteriores que cuando el senador Villanueva suscribió los decretos de designación ya había dejado de ser presidente provisional por haber fenecido el periodo de sesiones ordinarias. No obstante esa defensa, la Cámara de Senadores, uno de cuyos integrantes era Joaquín V. González, hizo causa común con Villanueva y resolvió designar una comisión especial de tres miembros para estudiar y dictaminar sobre el conflicto[7].
El dictamen de la comisión especial dio la razón a Villanueva al sostener que éste había obrado dentro de sus atribuciones como presidente provisional del Senado al efectuar las designaciones posteriormente anuladas por el Dr. Pelagio B. Luna. Y si bien se pronunció por mantener las cosas como estaban, es decir sin anular lo actuado por el vicepresidente, resolvió proponer que en el futuro los nombramientos y remociones de los empleados de la Cámara tenían que ser resueltos por la mesa de la integrada por el presidente y vicepresidente provisorios, lo cual significaba un evidente recorte a las facultades del Dr. Luna en su carácter de titular nato del Senado.
Al tratarse el dictamen en el recinto el vicepresidente de la Nación se excusó de presidir la sesión, pero antes de retirarse pronunció un breve discurso dando a entender que detrás de este conflicto había intereses políticos vinculados a cuestiones locales, en obvia alusión a su comprovinciano el Dr. González quien presidía la Comisión de Negocios Constitucionales y tenía gran influencia en el Senado. Así el Dr. Luna consideró necesario llamar la atención de la Cámara...”porque encierra a través de una cuestión, al parecer nimia, y con un olorcillo de aldea, cuestiones fundamentales que se rozan con las facultades que tiene el vicepresidente de la República en ejercicio de sus facultades constitucionales de presidente del Honorable Senado..”. La frase es indicativa, con cierta sutileza, de la referencia a una situación política local.
La Cámara resolvió posteriormente remitir los antecedentes del caso a la Comisión de Negocios Constitucionales para un nuevo estudio, lo que originó un enjundioso informe salido de la inconfundible pluma de su presidente, el Dr. Joaquín V. González, en el cual se hizo un profundo análisis de las atribuciones de la Cámara y de sus autoridades, llegando a la conclusión de que el presidente provisional Villanueva había ejercido sus legítimas atribuciones al efectuar los nombramientos cuestionados, desautorizando de ese modo lo actuado por Pelagio B. Luna como presidente del Senado al anular dichos nombramientos.
En ese meduloso informe Joaquín. V. González explicó que las funciones que ejerce el vicepresidente de la Nación en su carácter de presidente del Senado no están establecidas en la Constitución, como argumentaba Pelagio B. Luna, sino que son las que le confiere el Reglamento dictado por la Cámara de Senadores, del mismo modo que se las otorga al presidente provisional cuando le corresponde reemplazar a aquel, con igual autoridad dentro de la Cámara. Por esa razón González consideró que no eran fundadas las expresiones del Luna cuando sostuvo: “creo y espero que el Honorable Senado, al tratar este asunto, no ha de llegar a herir la dignidad de la Nación, ni la alta representación que invisto, que no viene de la Honorable Cámara, sino de la Constitución y del voto del pueblo argentino”.
Pero el informe de González no se limitó a defender las atribuciones de la Cámara y descalificar, aunque con mucha altura y respeto, la posición asumida por el Dr. Pelagio B. Luna, sino que la puso en el contexto de una serie de pronunciamientos contra el Senado motivados por los hechos en cuestión y por la “pasión ambiente” que implicaban un trato desconsiderado e impropio…“de los respetos que él merece, tanto por su institución, como por el valor individual y colectivo de sus miembros…”
Lo relatado nos permite advertir cómo, un “simple episodio de administración interna”, según lo calificara González al final de su informe, puso de manifiesto un enfrentamiento político entre dos ilustres comprovincianos, en el ámbito de la más alta institución representativa del federalismo como es el Senado de la Nación (vid. González, 1919).
Luego de las intervenciones federales “reparadoras” dictadas en 1917 por Yrigoyen a Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, Jujuy y Tucumán; en 1918 a Salta, La Rioja y Catamarca; en 1919 a San Luis, Santiago del Estero y San Juan, luego de las cuales se llamó por medio de interventores a elecciones libres y los gobiernos locales fueron entregados a sus legítimos triunfadores. Estas actitudes “personalistas” del presidente, disgustaron a muchos de los integrantes de su partido: legisladores, intelectuales, doctrinarios.
Se fueron delineando de tal modo dentro del Partido Radical dos corrientes, ambas basadas, en teoría, en los cuatro puntos del programa de Alem de 1891. Una, corporizada por Yrigoyen, que entendía al radicalismo como advenimiento del pueblo a la escena política y recuperación de la conciencia nacional perdida, de la cual él se consideraba sino el único, por lo menos el mejor intérprete (“radicalismo-sentimiento” o “personalismo”, esto último según sus detractores). La otra, que se encarnará en Alvear y los “doctores” de la U.C.R., que privilegiaba en las formas a la actividad política, la claridad administrativa y la impersonalidad en la acción de gobierno (“radicalismo doctrinario”, antipersonalista” o “contubernista” según los seguidores de Yrigoyen).
Los antipersonalistas no percibían el pueblo real tras las formas doctrinarias y normativas abstractas. Con Yrigoyen se alinearon unos pocos dirigentes (los “incondicionales o genuflexos”): Pueyrredón, Délfor del Valle, los Oyhanarte, Caballero, Cantilo, Elpidio González y alguno más. La inmensa mayoría fue “antipersonalista o contubernista”: Crotto, Lencinas, Laurencena, Saguier, Gallo, los Melo, Becú, Castellanos, Barroetaveña.
Algunos autores intentan demostrar que Luna había virado al final de su existencia hacia el antipersonalismo, molesto por las actitudes del presidente, especialmente con las intervenciones federales a las provincias. Sin embargo, no hay elementos de convicción que permitan sostener siquiera a título de incertidumbre que esa lealtad indiscutible, esa condición de adicto leal a Yrigoyen hubiera estado herida o hubiese trocado en crítica disimulada (La Época, 25/6/1919; La Lucha, 29/6/1919; Decreto de Honores, 25/6/1919).
Con certeza podemos poner de resalto que Luna, en su calidad de vicepresidente de la Nación, nunca se complicó en maniobras de caudillaje, aislándose de las esferas personalistas, aunque abroquelándose en sus principios y en su lealtad (La Voz del Interior, junio 1919).

3.- El juicio de sus contemporáneos
“Por esta ofrenda de sus vidas
hecha en común por todos ellos,
individualmente, cada uno de ellos,
se hizo acreedor de un renombre
que no se vuelve caduco,
así como se hizo acreedor de un sepulcro,
mucho más que el receptáculo de sus huesos:
ya que es el más noble de los altares.”
(Oración fúnebre a Pericles de Tucídides).

Del primer vicepresidente radical fallecido el 25 de junio de 1919 en el ejercicio de su cargo y velado en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, se rescata su austera modestia y su figura moral (Goyeneche, 1919), que en el desempeño de la segunda magistratura puso en notoria evidencia todos sus valores (Ferrari, 1919). La recta fue la norma invariable de su conducta pública y privada, reafirmando con el alto concepto de magistrado integérrimo sus condiciones de ciudadano probo e impoluto.
Fue un ejemplo de virtudes ciudadanas (Pueyrredón, 1920:81; La Época, 25/06/1919) “acrisoladas” (La Razón, 25/06/1919); espíritu ecuánime (Villanueva, 1920:82). Perteneció a las filas de la Unión Cívica Radical, sin ningún desfallecimiento en las épocas difíciles o en los contrastes, revelando una unidad de conducta, una consecuencia y una lealtad que fueron reconocidas por sus amigos y respetadas por sus adversarios. Poseía esas virtudes, esas abnegaciones, esas energías que han sido el cimiento de nuestra nacionalidad y que han contribuido a organizar, construir y consolidar instituciones (Idem).
Ante su tumba, el Nuncio Apostólico monseñor Vasallo de Torregrossa destacó su honradez e hidalguía en una vida que se vio desenvuelta sin transacciones que manchan ni debilidades que deshonran. El deber y la conciencia han sido en todo momento la norma constante e inmutable de todos sus actos. “Nadie ha podido poner en duda la rectitud de sus miras y la altura de su conciencia, que no ha sacrificado jamás ante ninguna conveniencia personal. Hombre de carácter y convicciones profundas, no ha conocido las claudicaciones que envilecen, ni las cobardías que descalifican” (Vasallo de Torregrossa, 1920:85-86).
Pelagio Luna poseía un espíritu sereno y previsor, ajeno a intereses accidentales; permanentemente imbuido de un real sentimiento patriótico, todo ello realzado por una palabra suave y persuasiva que alejaba toda idea de malevolencia (Puig Lómez, 1920:89). Luchó sin vacilaciones por el triunfo definitivo de la libertad y la justicia (Gómez, 1920:91); “para reconquistar con fe conciente el libre ejercicio de los derechos de sus conciudadanos, el imperio de la Constitución y de las leyes, el resurgimiento de la gran Nación Argentina” (De la Vega, 1920:115).
“Fue vicepresidente de la República y no de una colectividad determinada” (La Nación, 26/6/1919), caracterizado por su don de gentes, flexibilidad de buen político. No dejó recuerdo de ningún agravio. Para resolver los problemas del país, lo hizo pensando en los valores intelectuales y científicos, sin cuidarse de la opinión de los comités, ni de las propias simpatías cívicas. Los enemigos del partido radical no olvidaron los respetos que valían la integridad y prestigios de Luna (La Prensa, 26/6/1919).
Llegó a las altas esferas del poder, por la fuerza de sus merecimientos, más que por la obra de sus ambiciones (La Razón, 25/06/1919). Fue aupado a la vicepresidencia en honor a su lealtad, la pureza de sus propósitos (La Montaña, 25/6/1919) y la serenidad de sus juicios (Las Noticias, 25/6/1919). Su entereza cívica no claudicó jamás (El independiente, junio de 1919). El presidente Yrigoyen, en el Decreto de Honores señaló que debía honrarse la memoria del esclarecido ciudadano, cuya consagración ejemplar al servicio de la Nación lo ha hecho acreedor a su mayor gratitud.
“Siempre las tareas más difíciles le han sido encomendadas por lo gobiernos pasados a pesar de sus ideas políticas contrarias, porque el doctor Luna para La Rioja era su padre tutelar, consejero del gobierno en las cuestiones arduas de interés colectivo, y consejero del pueblo. Así, representó a la Provincia en sus litigios de límites territoriales con las demás, y cada vez que se trataba de hacer un bien a la sociedad, ahí estaba el doctor Luna dispuesto a los mayores sacrificios, con tal de ser útil a sus comprovincianos, con una elevación de miras que ha sido proverbial en su persona.”
“Practicaba el culto del bien a los demás, con la misma religiosidad que al Dios de sus sentimientos más íntimos, y en obsequio a ello jamás reconoció obstáculos ni dificultades. Desde el más rico que habita su mansión opulenta hasta el más pobre y humilde que mora en su choza o rancho azotado por el vendaval, han recibido sus servicios y sus consejos, encontrando siempre en él un benefactor gratuito y desinteresado. A todos ha hecho el bien. A ninguno ha hecho mal. No habrá riojano, por más degenerado que sea en sus pasiones, capaz de contradecir esta afirmación que es, en realidad, axiomática. Siempre el desvalido encontraba en él su mano generosa para aliviarse de la miseria y el potentado, al jurisconsulto íntegro, consumado y capaz para defender sus intereses, apartarlo del error y endilgarle por el recto sendero de la verdad” (De La Vega, 1920).
Su deceso, luego de una cruel enfermedad pulmonar, provocó consternación en toda la República, los homenajes se sucedieron desde Jujuy a Bahía Blanca y de Mendoza a Corrientes. El presidente de la Cámara de Diputados Arturo Goyeneche (1919), al anunciar de pie su deceso en la sesión destacó “la austera modestia que caracterizó a su figura moral”. En la sesión del 27 de junio de 1919 en la Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe, el representante del departamento Rosario Agustín Araya (1919) informó acerca del fallecimiento del "doctor don Pelagio B. Luna, vicepresidente de la República" quien "por sus condiciones de carácter, por su ecuanimidad, su bondad de espíritu y demás bellezas que adornaban su persona, se había granjeado las simpatías de todos".
Los decretos de honores y las honras fúnebres estuvieron a la altura del repúblico que moría joven a los 52 años. Se suspendieron las clases en los colegios, las lámparas de alumbrado de Buenos Aires fueron cubiertas con crespones negros, numeroso público y delegaciones de las escuelas primarias de la Capital escoltaron el cortejo fúnebre, ostentando enlutadas banderas de ceremonias. Las campanas de todos los templos dependientes del Arzobispado de Buenos Aires doblaron en su homenaje de 12 a 12:30 cuando sus restos fueron trasladados a la estación de trenes de Retiro, para emprender el postrer viaje a su La Rioja natal.
Desde entonces, descansa en el Cementerio del Salvador. En 1920 y 1921 se publicaron sendos libros en su memoria, uno por el Ministerio del Interior, citado aquí profusamente y el otro por una comisión presidida por su amigo y socio del estudio jurídico Dr. Daniel Bausch, titulado: “Homenaje del Pueblo de La Rioja al Vicepresidente de la Nación Dr. Pelagio B. Luna en el 2º aniversario de su muerte” en la Imprenta y Tipografía de la Provincia.
El 4 de setiembre de 1920 la Cámara de Diputados de La Rioja, sancionó una ley mediante la cual se impuso el nombre de Pelagio B.Luna al Departamento de San Blas de los Sauces[8]. En 1921 la céntrica calle 9 de Julio de la capital riojana pasó a denominarse Vicepresidente Dr. Pelagio B. Luna.
Radical de aristas bien definidas e inconfundibles, de conciencia y de convicciones, practicaba lo que predicaba, alentaba con su ejemplo y su palabra, sosteniendo bien alto el pendón del partido, no defeccionando nunca, ni aún en las mayores adversidades. Fue uno de los adláteres de Yrigoyen para poner en marcha la “república verdadera”.
Pelagio Luna murió en el año más duro de la primera presidencia de Yrigoyen, en el que se evidenció la agudización de la conflictividad social, se produjo la Semana Trágica y el diputado conservador bonaerense Matías Sánchez Sorondo solicitó el juicio político del presidente de la Nación. La vacante dejada por Luna no fue cubierta hasta el fin del mandato en 1922 y el Senado estuvo presidido por el conservador mendocino Benito Villanueva (Persello, 2004:121).
La U.C.R. de La Rioja rodeó a Luna hasta su fallecimiento, pero una vez obtenido el gobierno provincial se formaron dos alas, la de los principistas y la de los verdaderos. Los primeros levantaban las banderas de la reivindicación social, al estilo de lencinistas, cantonistas, veristas tucumanos y partidarios de Miguel Tanco en Jujuy. Se confesaban contrarios al caudillismo y cualquier personalismo. Los “verdaderos” liderados por Daniel Bausch, eran cercanos a las posturas de los “azules”. Cuando se produjo la escisión del partido, ambos devinieron antipersonalistas (Persello, 2004:45).

4.-Una faceta desconocida: Luna católico practicante
"De rodillas para orar, pero de pie para luchar"

En el diario de sesiones del 12/10/1916 consta que juró por Dios y la Patria sobre los Santos Evangelios. En su deceso fue despedido por el Nuncio Apostólico, como representante de todo el cuerpo diplomático acreditado ante el gobierno nacional. El diario "Los Principios" de Córdoba (junio 1919) en su juicio necrológico dice que Luna "era bueno y creyente, modesto y sincero, afectuoso y servicial". Se acercaba a los gobernadores del régimen para "interceder en favor de algún cura de campaña que siempre encontraron un gestor eficiente para consolar sus tribulaciones, en el "doctor Pelagio" (Los Principios, 1919), o como los hombres mas humildes del pueblo lo llamaban con respeto y admiración: “don Pelagio”.
Luna era un católico práctico y ferviente y en ningún momento tuvo a menos confesar su fe. Pocos meses antes de su elección como vicepresidente hizo realizar en su casa de La Rioja, la entronización del Sagrado Corazón de Jesús, actuando como ministro oficiante el obispo auxiliar de Córdoba, monseñor Dávila. Después de jurar el cargo, concurrió a una gran solemnidad religiosa de los ex-alumnos del Salvador. Acostumbraba a llevar el palio en las procesiones del Santísimo Sacramento. Ello provocaba el asombro respetuoso de los porteños, en una época de "indiferentismo... y hostilidad religiosa" (Los Principios, 1919).
Asimismo, el doctor Luna fue asesor jurídico ad honores del Círculo Católico de Obreros, fundado por el sacerdote Vera Vallejo y luego se convirtió en vicepresidente primero de la Comisión Directiva de dicha corporación. Era de uno de sus afiliados más asiduos y constantes.
En su despedida el diputado nacional Arturo Isnardi (1920:94) exaltó al vicepresidente muerto expresando:
“Era un creyente fervoroso y sincero; su apostolado cristiano era tan sagrado como su evangelio democrático; no admitía el suaviter in modo, fortiter inrino como fórmula logrera de acomodamientos adventicios, sino como una orientación moral de sinceridad afectuosa y tolerante dentro de los límites irreductiblemente señalados”.

Su leal amigo, el presbítero Carlos Vera Vallejo (1920:105-106), en su oración fúnebre señalaba al respecto:
“…la fe de sus mayores, era también su fe… La Iglesia Católica que él respetó y amó con las más íntimas afecciones de su alma acompaña con el simbolismo de su liturgia en este homenaje…Descansa en paz, noble creyente, ciudadano ilustre y que la Cruz que desde hoy extienda amorosa los brazos sobre tu tumba, sea símbolo de la paz que goces en el abrazo de Cristo, a quien confesaste y amaste como noble caballero en la tierra.”

Finalmente, el presbítero José Pío Cabral (1920:141-142), Cura Rector de la Iglesia Matriz, en el solemne funeral predicaba:
“Católico ferviente, el doctor Pelagio B. Luna hacía alarde de sus profundas convicciones en todas partes y hoy vemos con satisfacción que respetando sus creencias, sus despojos mortales reposan en estos momentos en este santo recinto donde habita la plenitud de la divinidad, para rendirle el mejor homenaje bajo las bóvedas del templo, testigo del cumplimiento de sus deberes de cristiano.”


CONCLUSIÓN
Hay hechos que no mueren.
Hay hombres que proclaman
eternamente la victoria y vibran
en las gigantes arpas de la fama.

Para que pueda primar la ética en la política, poner límites a los abusos del poder, transformar las instituciones vendidas al mal en otras orientadas al bien común; con Rocco D´Ambrosio (2005) sostenemos la imperiosa necesidad de educar al hombre para ser ciudadano, que Dios es la fuente del poder, que el bien común debe ser el fin, tener a la Justicia como regla, al amor como estilo y a la paz como clima.
Han de redefinirse los conceptos de vocación, competencia, participación y colaboración. El diálogo debe ser tomado como desafío y corresponde que los ciudadanos vigilen a quienes gobiernan. Nuestros políticos, deben volver a ser hombres que sientan a la cosa pública, bajo la especie de actuante probidad (Mallea, 2001:31), como lo hizo Pelagio B. Luna, injustamente olvidado del panteón de los patriotas y del credo radical (Quevedo, 2003; Sívori, 1964). Así se restaurará la ligazón entre ética y política en las instituciones de la Nación en el presente siglo veintiuno.
De este riojano de físico breve y atuendo pulcro, huesudas manos y exangüe fisonomía marcada con un extenso y poblado bigote horizontal (El Diario de Paraná, 1985), poco más puede agregarse. Ante las palabras de sus fieles partidarios y respetuosos adversarios, huelgan hoy los comentarios. Recuérdese solamente que desde su función de vicepresidente no convirtió su despacho en un comité donde se ofreciesen o vetasen candidaturas.
Conmemórese que enalteció su investidura con procedimientos y actitudes por demás de edificantes. Jamás fue custodiado por ningún guardaespaldas. Remárquese que era cumplidor en todos los actos de su vida. Citaba y cumplía. No hacía esperar a nadie y a todos trataba con afecto y consideración. Nunca más reléguese de la memoria que el Dr. Luna -vicepresidente de la República-, fue el mismo Dr. Luna, ciudadano, cristiano y luchador (Sívori, 1964, Quevedo, 2003:15).
Él, a lo largo de su trayectoria supo imbricar la ética y la política. Es un ejemplo señero, al que debemos retrotraernos para lograr una nueva complementación de los dos vocablos que hoy se aproximan, en el común denominador de la ciudadanía, a una contradictio in términis.



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Hemerografía

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Diarios y periódicos de la época:
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La Época
La Lucha (Lobos)
La Montaña
La Nación
La Prensa
La Razón
Las Noticias
La Unión
La Voz del Interior (Córdoba)
Los Principios (Córdoba)
Diario de Sesiones del H. Senado de la Nación
Diario de Sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Nación
Diario de Sesiones de la H. Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe
Diario de Sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Provincia de Entre Ríos




[1] También su nombre aparece escrito como “Pelagio Baltasar” y en otras ocasiones como “Pelagio Belindo”, sin embargo el que le fue dado por sus padres y tal como consta en la Fe de Bautismo es “Pelagio Baltazar”. Pelagio significa “aquel que tiene la voluntad de escoger”, es de origen griego. Baltazar, por su parte siendo de origen asirio, significa “que es protegido por Dios”. Sus dos vocaciones que profesó: la democracia y la fe estaban predestinadas desde su nacimiento.
[2] La fórmula conservadora estaba conformada por Tomás Vera Barros y Silvano Castañeda, quienes obtuvieron 5.300 votos contra 2.600 de Luna-de la Colina.
[3] En efecto, Yrigoyen rechazó en principio la elección como candidato a presidente y Luna adhirió a la posición del líder radical. Empero, ante la insistencia de los convencionales y las bases partidarias Yrigoyen y Luna retiraron sus renuncias, pronunciando el primero la histórica frase: “Bueno, ahí tienen mi nombre. Hagan de mi lo que quieran, me entrego a la voluntad de ustedes”.
[4] El antiguo Teatro Onrubia, llamado en 1916 “Victoria” se hallaba ubicado en la calle Victoria, hoy denominada Hipólito Yrigoyen.
[5] Por entonces, el radicalismo estaba diferenciado en dos grupos, los “yrigoyenistas netos” o rojos, entre los que se hallaba Pelagio Luna y los “radicales blandos”, “galeritas” o “azules” acaudillados por Vicente Gallo.
[6] La fórmula Yrigoyen-Luna que ganó los comicios de 1916, también tuvo su tango, titulado, precisamente, con el nombre de ambos candidatos. Su autor fue el pianista Julio V. Leone. Lo editó la Imprenta Musical Ortelli Hnos con esta dedicatoria: “A los doctores Hipólito Irigoyen (sic) y Pelagio Luna, Presidente y Vice de la República Argentina” (Ostuni, 2008).
[7] Nótese que en 1916 el Senado de la Nación tenía mayoría conservadora, la que se mantuvo hasta el fin del período constitucional en 1922.
[8] En 1952 fue restituido el antiguo nombre al Departamento, quitándose el homenaje dado al ilustre ciudadano tres décadas antes (Ottonello, 1997).

noviembre 18, 2008

REXISMO BELGA E INTEGRALISMO BRASILEÑO

UNIVERSIDAD NACIONAL DE CORDOBA
CENTRO DE ESTUDIOS AVANZADOS
MAESTRIA EN PARTIDOS POLITICOS


LOS FASCISMOS EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO: UNA PERSPECTIVA COMPARATIVA

CURSO DICTADO POR EL DR. CRISTIÁN BUCHRUCKER

INFORME PRESENTADO POR JAVIER PABLO MAROTTE DOCTORANDO EN CIENCIA POLITICA

CORDOBA, 2008
REXISMO BELGA E INTEGRALISMO BRASILEÑO: UNA COMPARACION
Introducción
En el presente trabajo nos proponemos efectuar un breve análisis crítico del Movimiento Rexista belga liderado por León Degrelle y la Acción Integralista Brasileña creada por Plinio Salgado. Intentaremos discernir cuáles eran las afinidades predominantes en ambos dos objetos de estudio, el primero de clara adscripción al ideario nazi; el segundo, vinculado con el fascismo italiano.
Al respecto, desentrañaremos si esas afinidades estaban vinculadas con el conservadorismo, el capitalismo y la derecha; o por el contrario, con la izquierda, el socialismo y la “revolución”. Vemos prima facie un difícil punto de coincidencia derivado del corporativismo fascista laico, el nacionalsocialismo pagano y el rexismo e integralismo católicos.
Es preciso adoptar un concepto de fascismo. Para ello, seguiremos a Gaetano Salvemini (1974: 439) quien entiende que fascismo significa “prescindir de instituciones libres y es un fenómeno de las democracias fallidas.” Agregamos que busca instaurar totalitariamente un mundo nuevo, con un sistema económico con fuerte intervención pública y proponen la expansión nacional mediante la invasión y la guerra. Los fascistas personificados por un líder carismático que funciona como catalizador, llaman sin cesar al pueblo concebido como unidad orgánica y mítica. Gustavo Bueno (2004:20) utiliza el concepto de “fascistización de las formas” que se advierte en el uso de uniformes, saludos y concentraciones de masas.
En la actualidad los partidos fascistas son aquellos que vehiculizan la desconfianza hacia la democracia, proclamando el racismo, la xenofobia, el antisemitismo y el negacionismo, en proporciones diversas. Los fascismos atacan la libertad de mercado y al individualismo económico, propugnan el corporativismo; manifiestan hostilidad a las constituciones políticas de sus Estados y a la soberanía de la ley.
Martínez Albaiceta (1974: 20) ha definido las derechas[1] y las izquierdas diciendo que: “son relaciones entre ideologías contrarias.” Roger Eatwell por su parte, dice que la derecha es tan solo una variedad de respuestas a la izquierda. Sandra McGee Deutsch (2005:21) agrega que la derecha se consolida en reacción a las tendencias políticas igualitarias y liberadoras del momento y a otros factores que a su juicio socavan el orden social y económico; teme que los impulsos niveladores y los ideales revolucionarios universales debiliten el respeto por la autoridad, la propiedad privada y las tradiciones que valora. La mayoría de los autores tiende a considerar “derecha” la vertiente liberal y conservadora y “extrema derecha” a las vertientes tradicionalista y nacionalista.
A los fines de este trabajo, consideramos que los diferentes fascismos históricos formaban una unidad, dentro de la cual cabían inmensas diversidades y diferentes proyectos de mundo, lo cual generaba conflicto y competencia. Asimismo entendemos que uno de los trazos comunes, el nacionalismo exacerbado, proporcionaba el elemento que impedía la solidaridad completa entre ellos (Bertonha, 2000a:100).
Los diferentes fascismos del período de entreguerras respondían a la gran crisis del capitalismo, en el mismo momento y con armas semejantes: ultra-nacionalismo, irracionalismo, militarismo, desprecio a la democracia, anticomunismo); originadas del mismo caldo político y cultural que nos permite llamarlos a todos “fascistas”, desechando los análisis que los consideran entidades autónomas y separadas[2].

1.- El Movimiento Rexista de Bélgica


1.1.- Antecedentes: A partir de los años ' 20 del siglo pasado, Europa se hundió en el período más siniestro de su historia. Por la década de 1930 el fascismo y lo totalitario estaban de moda (Morales, 2004:10). Es la época de las milicias y partidos de extrema derecha y del surgimiento de los regímenes fascistas y autoritarios que acabarán provocando la Segunda Guerra Mundial y los asesinatos en masa cometidos por los nazis en los campos de exterminio y de concentración. Judíos, cíngaros, opositores, homosexuales, testigos de Jehová, fueron los millones de víctimas de esta demencia deletérea y funesta.
Hoy, los antiguos militantes fascistas y sus herederos se reagruparon para formar nuevos movimientos que obtienen importantes resultados electorales. En Europa los partidos de extrema derecha, a los que denominamos “el óxido de la democracia” (Marotte, 2006) tienen cada uno su propia manera de funcionar, pero las ideas que defienden contienen numerosas semejanzas. En general, la extrema derecha se opone a la democracia y pretende instaurar un régimen autoritario, sin ser necesariamente totalitario. Además, aspira a una organización de la sociedad basada en la idea que los individuos que la componen son naturalmente desiguales.
Al patriotismo legítimo, opone un nacionalismo intolerante que limita muy fuertemente el reconocimiento de derechos para los extranjeros a la nación. Privilegia el ius sanguinis (transmisión de la nacionalidad reducida a los niños nacidos de padres del mismo país con relación al ius solii (concesión de la nacionalidad por el nacimiento sobre el territorio nacional y no por sus orígenes) La extrema derecha encuentra el fascismo "muy simpático". Sus modelos son sobre todo Degrelle, Mussolini, Franco, Salazar y Hitler.

1.2- Los orígenes en Bélgica: La historia de la extrema derecha en Flandes belga principia en 1931, año en el cual Joris van Severen funda Verdinaso (Verbond van Dietsche Nationaal Solidaristen - Liga flamenca Nacional-Solidarista). Este partido es: antisemita ("El pueblo judío presenta hoy, más que otros pueblos, signos muy graves de degeneración, de orígenes sexuales"), opuesto a la democracia ("la democracia de los partidos saca (...) la superficialidad la democracia") contra los sindicatos (corporativismo) y la huelga. Defiende las políticas de Hitler y de Mussolini. Quiere crear un "Estado thiois" es decir la unificación en un solo país de Flandes belga, Países Bajos y Flandes francés. Los miembros del Verdinaso se reunirán a los del VNV trás la muerte de van Severen en 1940, fusilado por soldados franceses.
El VNV (Vlaams Nationaal Verbond - Liga Nacional Flamenca) fundado en 1933 por Staf de Clercq con el fin de crear un Estado flamenco separado de la Wallonie. Defendían la misma ideología que Verdinaso, el VNV en la Segunda Guerra Mundial se acercó al partido nazi y colaboró estrechamente con el ocupante alemán. De Clercq, su fundador, declaró particularmente: "Somos fieles a Adolf Hitler. Los flamencos somos germanos (...) es por eso que seremos racistas, anglófobos y antijudíos". Los miembros del VNV participaron en la guerra contra los rusos llevando el uniforme de la Waffen-SS de pleno derecho y mucho antes que los propios rexistas.
Podemos leer en su periódico "De SS-man" en 1941 que: " (...) Para todos los que se oponen, habrá una SS, una policía política del Nacionalsocialismo. Para los que resisten, el SS tendrá una mano de hierro, habrá un látigo en los campos de concentración, porque sin campos de concentración, nada resultará en Flandes".

1.3.- El movimiento Rexista[3]: El más importante movimiento fascista del período anterior a la guerra en Bélgica francófona es Rex creado por León Degrelle. Al principio fue una simple editorial católica, la que va a transformarse en partido político y luego en movimiento colaboracionista durante la Segunda Guerra mundial. Durante los años 20, la Asociación Católica de la Juventud Belga (ACJB) dirigida por Monseñor Picard reagrupaba una cantidad de movimientos influidos por las ideas del movimiento nacionalista francés de Charles Maurras (antiparlamentarismo, católico, monárquico). La editorial del ACJB se llamaba Christus-Rex la que León Degrelle dirige a partir de 1930. Sus talentos de publicista le permitían desarrollarla publicando revistas populares, tales como: “Rex” de información política, “Vlan” de información general y “Soirées” con noticias fotográficas del mundo del cine y de la moda.
En 1933, León Degrelle se transforma en el único dueño de la editorial y se rodea de jóvenes militantes católicos combativos, las publicaciones toman un color más político y Degrelle se lanza a reuniones donde perfecciona sus calidades de tribuno en los llamados discursos "musculosos". En 1935, la ruptura con el Partido Católico es definitiva[4]. En 1936, Rex[5] se presenta sólo a las elecciones. De manera desordenada, reúne en un espíritu contestatario todas las tendencias contradictorias. Rex no propone alternativa política y su caudal militante lo conformaban mayoritariamente jóvenes y estudiantes católicos.
Su campaña consiste en fustigar a los hombres políticos considerados como corrompidos y a quienes quiere barrer (por ello su emblema es una escoba). Se apoya en un nuevo diario de Degrelle, “Le Pays Réel” donde se anuncian los mitines diarios y se transcriben los discursos del líder. Rex obtiene el 11,49 % de los votos, 21 asientos de un total de 202 de la cámara de diputados y 12 senadores, en las elecciones legislativas de 1936. Este voto está considerado como un voto de protesta frente al Partido Católico.
Por aquella época se consideraba que los principios básicos del rexismo eran: nacionalismo unionista a favor del Estado belga; autoritarismo; corporativismo, monarquía como cabeza del Estado; confesionalismo católico. Otros autores, como Paul Fassange consideraba a REX como una organización completamente nueva, “uno puede decir que el rexismo era una clase de socialismo popular, radical, idealista y estético”. Para superarlas pretensiones flamencas de formar parte de Holanda o de un estado independiente, Degrelle propuso la convivencia separada de las comunidades, en un esquema cercano al autonomismo.
Jean Denis (1936) en su libro “Los fundamentos de la doctrina rexista” sostenía que el concepto de individuo debía ser sustituido por el de ser humano y el Estado debía cooperar para realizar el bienestar de todos. El rexismo pretendía:
a) “La destrucción de todo aquello que, en el régimen actual compromete la existencia de las comunidades particulares y suprime su dignidad […] La actual congestión del Estado debe ser aliviada, de modo que se halle en condiciones de cumplir con mayor libertad y de manera más eficaz las funciones que le son propias.
b) La reconstrucción de las comunidades particulares a través de una serie de medidas que conduzcan a restituirles su posición, sus derechos y sus deberes en el seno de la comunidad popular. Y es por esto que el programa de Rex es familiar, profesional, cultural, lingüístico y nacional.”

El rexismo basaba su política en algunos principios fundamentales, los que podemos sintetizar en cinco puntos:
a) Lucha contra la democracia, considerada la corruptora de la civilidad.
b) Renacimiento moral de la sociedad belga a través de una recuperación de la recta vía indicada por las enseñanzas de la Iglesia Católica
c) Institución de una sociedad corporativa fundada en el trabajo.
d) Combate total contra la corrupción. Promoción de la ética según la máxima: “Contra todos los partidos, contra todos los corruptos”.
e) Lucha sin cuartel contra el “monstruo rojo” y el tiburón capitalista.

Durante los años del período anterior a la guerra, Rex recibe el sostén económico del régimen fascista italiano, empero Rex desarrolla también contactos con la Alemania nazi de la cual también consigue una ayuda material y financiera. León Degrelle se encuentra por primera vez con a Hitler en 1936; y firma una alianza con los nacionalistas flamencos de VNV. Todo esto no le agrada demasiado a su electorado, el cual se contrae ostensiblemente. En el momento de la elección parcial a diputado de Bruselas del 11 de abril de 1937, donde el católico van Zeeland apoyado por todo el arco político (desde el socialismo y el comunismo hasta los liberales y el propio Cardenal van Roey[6]), aplasta a Degrelle, se produce el derrumbamiento del rexismo.

1.4.- La fascistización del rexismo: Degrelle pretende reavivar la mística y las ilusiones de sus simpatizantes. En julio de 1938 se celebra el Congreso de Lombeek-Notre Dame donde se concentran más de sesenta mil seguidores rexistas. Por un lado, fue la concentración política más concurrida de la historia belga hasta ese entonces y por otro, la estética de Rex era claramente fascistizante: Degrelle aparece ante un auditorio uniformado de negro, con banderas ondeando al viento, discursos inflamados desde una tribuna decorada con motivos nacionalistas. Todos vieron en ese Congreso una notable similitud con los del NSDAP en Nüremberg[7].
En 1939, Rex no tiene más que el 4,43 % de los votos y obtiene sólo 4 diputados y 4 senadores en las elecciones legislativas. No tiene ningún sostén en Flandes. En Wallonie, le queda algún apoyo en ciertos lugares. Rex no es más que un grupo marginal. En 1940 Rex sostiene enérgicamente la política de neutralidad de Bélgica (Degrelle, 1939). Reconoce que es Hitler quien puso en marcha la guerra pero hace llevar la responsabilidad en Francia e Inglaterra así como a las "fuerzas ocultas del francmasonería y de las finanzas judías". Degrelle preparaba a Rex para pasar a la colaboración con la potencia ocupante. Ínterin fue deportado a Francia, donde se le tortura y logra sobrevivir a la masacre de Abbeville donde fue fusilado van Severen y veinte detenidos más.
Podemos ver entonces, que durante los años 1937-1938 el rexismo se acerca a las posiciones fascistas y recién en 1941-1942 en que derivaría hacia el nacionalsocialismo. Para Degrelle ello no implicaba una claudicación de los principios fundacionales y se justificó escribiendo en La Jeune Europe: contundente “… estábamos particularmente asqueados por la bajeza espiritual de nuestro tiempo. Preocupados por el deseo de volver a traer una gran pureza y un gran fervor a las masas ávidas de un ideal. No nos asustaba decir, al principio de Rex, que éramos la pasión ardiente de los Apóstoles.”
La doctrina rexista de la primer época participa, en gran medida, de los axiomas clásicos de los denominados prefascismos, es decir próximos a corrientes que en algunos casos evolucionarían hacia el fascismo, pero que también supieron inclinarse por convertirse en una derecha autoritaria, por caso, CEDA en España o Dollfuss en Austria. La primera actitud de Rex, con Bélgica invadida y Degrelle prisionero en Francia, fue oponerse a las autoridades alemanas y no colaborar. En julio de 1940 Degrelle retorna a Bruselas y se topa con un vacío de poder que decide aprovechar. En enero de 1941 en el editorial de “Le Pays Réel” que vuelve a salir publicado, acaba con un enérgico “Heil Hitler!”

1.5.- Colaboracionismo contra el ocupante alemán: Degrelle, como vimos optaba por la colaboración con el Nuevo Orden y es así que los rexistas ocuparon puestos en la administración pública, se reorganizaron los cuadros del movimiento, volvieron a las calles las secciones de asalto, las juventudes desfilaron bajo clara iconografía nazi. Degrelle suscribió un acuerdo de reparto de Bélgica con el VNV. Así Rex controlaba Valonia y VNV Flandes, mientras que Bruselas quedaba para ambos partidos, aunque mayoritariamente flamenco.
En junio de 1941 estallaba la guerra contra la Unión Soviética y Degrelle anunciaba la creación de un cuerpo para combatir al comunismo (Cuerpo Franco-Valonia “por la lucha contra el bolchevismo”), que partió al frente de batalla en uniforme rexista. Muchos de los dirigentes murieron en combate y en 1943 el líder rexista comunicaba un cambio substancial en su programa político: “los valones son parte de la Europa germánica” y que la Valonia se incorporaba al III Reich. El movimiento se fascistizó aún más y ello atrajo a miles de jóvenes a sus filas, mientras que los veteranos conservadores lo abandonaban. El objetivo de su discurso era oportunista: él buscaba agradar y complacer a los nazis porque en realidad pretendía lograr mayor poder político en Bélgica.
En mayo de 1943 se produjo el acuerdo Himmler-Degrelle y la legión valona, antes en el Ejército alemán (Wehrmarcht), devino en una división de las Waffen-SS (la SS- Sturmbrigade Wallonien). El arrojo de Degrelle fue reconocido por el gobierno alemán quien le otorgó dos cruces de hierro de caballero (2do grado y 1er grado), mas tarde las Hojas de Roble en oro y Hitler al entregarle personalmente las preseas pronunciaba que: “Si tuviera un hijo, hubiera deseado que fuera como Degrelle”.[8]
Degrelle y sus voluntarios en abril de 1944 hicieron una gira triunfal por Bruselas, donde fueron aclamados por multitudes de personas. Cinco meses más tarde, esas masas enfervorizadas saludaban y exaltaban a las tropas aliadas de Montgomery que ocuparon parcialmente Bélgica. Hitler lo nombró Volksführer de los valones y le confirió plenos poderes en los territorios liberados en Valonia. Luego de la caída de Berlín, Degrelle combatió hasta último momento y fue nombrado por Himmler general de las Wallen-SS el 2 de mayo de 1945.

1.6.- Fin del rexismo: En un avión provisto por Joseph Tervoben, Reichkommisar alemán en Noruega logró huir de los aliados y llegó a las playas de San Sebastián en el norte de España, donde Franco le concedió el asilo y su apoyo incondicional. Los pedidos de extradición fueron rechazados uno tras otro. En 1946, los principales dirigentes rexistas fueron juzgados a excepción de Léon Degrelle, condenado a muerte en rebeldía. A fines de la década de 1960 adquirió la ciudadanía española y Bélgica lo consideró públicamente “un extranjero”, empero la prescripción de la pena de muerte se prorrogó ad hoc por diez años, hasta 1974, en lo que se llamó la “lex degrelliana”. Hasta su muerte en marzo de 1994, no renegó jamás de su compromiso nazi y se erigió en referente de la extrema derecha europea en su carácter de ex general de las SS.
Luego de la Guerra el partido rexista devino en una suerte de secta paramilitar con ritos y secretos que los dirigentes no revelaban a los demás miembros ni siquiera a sus familiares.. De 1944 a 1949, en Bélgica, 57052 personas fueron juzgadas por actos de colaboracionismo, 53005 fueron declarados culpables (21709 por tribunales de Bruselas y Valonia) 1247 resultaron condenados a la pena capital (241 efectivamente ejecutados: 14 en Bruselas y 122 en Valonia).

2.- Acción Integralista Brasilera


2.1.- Preliminar: El fascismo qua movimiento no fue un patrimonio exclusivo de Europa; así por caso, en nuestra región latinoamericana, si bien no podemos establecer la existencia de un régimen fascista convencional encontramos la propagación significativa de esta ideología desde la asunción de Mussolini al poder en 1922[9]. El gobierno y los emigrantes italianos se encargaron de divulgar las ideas y acciones del Duce y del fascismo, con el objetivo de exportar el experimento a otras latitudes y -en el caso brasileño- sentar las bases de un fascismo en América para desafiar la hegemonía regional norteamericana (Bertonha, 2000b).
No podemos soslayar que en América del Sur, principalmente en Argentina y Brasil existía en la época de auge fascista una importante comunidad de inmigrantes italianos, quienes fueron los primeros que se dedicaron de lleno a cultivar un patriotismo que exaltaba la tierra de origen y que, a la par, incluía la fidelidad sincera a la patria adoptiva (Scarzanella, 2007:10). Asimismo, el fascismo les proporcionaba a los italianos en Sudamérica un instrumento de identidad y de integración con la sociedad que los había receptado, llegando a producirse una ecuación donde fascismo era equivalente a italianidad (Trento, 2007:24).
Robert Paxton señala que América Latina estuvo mucho más cerca que ningún otro continente de instaurar algo próximo a los auténticos regímenes fascistas europeos entre la década de 1930 y principios de la de 1950. Sin embargo, el autor aclara que lo que se dio en Latinoamérica tuvo mucho de imitación de la escenografía fascista, aunque los diferentes gobiernos adoptaban remedios contra la Depresión calcados tanto del New Deal rooseveltiano, como del corporativismo de Mussolini (Paxton, 2004:226).
Con Paxton (2004:226), Bertonha (2000a:102) y Scarzanella (2007:14-15) entendemos que la Acción Integralista Brasilera (AIB) es el “más próximo a un partido fascista de masas autóctono en América Latina” y el “hermano” del Partido Nacional Fascista. A esta experiencia regional caracterizada como “el más importante movimiento fascista de las Américas” (Bertonha, 1997:114) dedicaremos el análisis que sigue.

2.2.- Nacimiento del integralismo: Este movimiento tomó su nombre de un partido portugués de principios del siglo XX que se caracterizaba por ser antiparlamentario, tradicionalista, católico, antiliberal y decididamente monárquico[10]. La AIB hacía ostentación de la simbología fascista, adoptando el uso de la camisa verde y la letra griega sigma å como símbolo; a la par, que en una fusión de la imaginería histórica brasileña indígena con las formas del fascismo tradicional adoptó el saludo romano con el grito “Anauê” (que significa en tupí “eres mi hermano”)[11].

2.3.-Organización y liderazgo: El partido AIB tuvo una organización paramilitar, realizaba manifestaciones callejeras como exhibiciones castrenses y sus discursos hacían gala de una retórica antimarxista y antiliberal. Periódicamente reiteraba sus rituales conocidos como: “Matinas de Abril”[12] y “Noite dos Tambores Silenciosos”[13]. Se caracterizaba por ser fuertemente nacionalista y su componente esencial era la clase media. Fue el primer partido de masas de Brasil, sostenido con las contribuciones de sus propios miembros, lo que lo distinguía de los partidos tradicionales basados en un modelo oligárquico (Cytrynowicz, 2001).
El fundador y jefe supremo del movimiento era Plinio Salgado[14], quien siguiendo a John Dos Passos (1927) creía que desde Cristóbal Colón en adelante, todos los sistemas que habían sido importados a América Latina resultaron una maldición para este continente y se preguntaba por qué no desarrollar un movimiento autóctono, sin necesidad de transplantar para el Brasil el fascismo europeo u otros sistemas exóticos (Salgado, 1931)[15].

2.4.- AIB parte de la familia fascista: Salgado decía abominar por completo de la dictadura, el cesarismo y el Estado Totalitario, defendiendo la democracia integral cristiana, el Estado Ético o Integral, aproximándose más a la Doctrina Social de la Iglesia y del movimiento cristiano democrático de Sturzo que del fascismo de Benito Mussolini (Salgado,1946).
Antes de crear la AIB, Salgado condenaba al fascismo y a “su hermano” el bolchevismo, a los que consideraba meras tisanas para las dolencias de Europa. Señalando que ambas ideologías representaban una falencia de la democracia y se asemejaban entre sí por ser sendos imperialismos, uno económico basado en el nacionalismo; el otro, político, surgido de la Tercera Internacional (Salgado, 1927).
Los exegetas y apologistas de Salgado creen que si bien su movimiento podía ser catalogado de fascista, ello había ocurrido cuando la Italia de Mussolini aún no se había subordinado a la Alemania hitlerista ni dictado las leyes ignominiosas que atacaban al pueblo judío. Estos intérpretes tratan de discernir que la AIB en cuanto fascismo, era una tercera vía entre el comunismo y el liberalismo capitalista.
Por ejemplo, para el filósofo Miguel Reale (de militancia activa integralista) el término fascismo adquiría una connotación genérica para abarcar todas las formas de economía dirigida o planificada. Pero, que a raíz de la “técnica de etiquetamiento” izquierdista, la palabra fascismo pasó a ser sinónimo de nazismo, a fin de resultar más cómodo combatirlos a ambos simultáneamente (Reale, 1986:93)[16]
Otros rechazan la ligazón de AIB con Hitler, puesto que la fuerza política fue creada en Brasil cuando la doctrina del alemán era prácticamente desconocida en el país. Empero, creen advertir la repercusión del fascismo mussoliniano en dos ideas principales: el Estado Fuerte y un partido político único organizado con base en corporaciones económicas (Martins, I:73). Sin embargo podemos señalar que dentro de AIB existían divisiones entre sus miembros, pues había muchos que veían al fascismo como simpático, aunque otros, adherían al ideario del nacional-socialismo.
Es imposible no reconocer en el Integralismo, una serie de influencias del fascismo italiano y también de otros movimientos fascistas europeos. Esas influencias pasaban especialmente por el campo ideológico, como la doctrina corporativa, el descreimiento en la democracia, la priorización del Estado en relación a la sociedad, etc. Mas también se exteriorizaban en temas aparentemente secundarios, como la mística y la simbología, en las cuales eran evidentes las influencias del fascismo italiano en la mitología del líder, la coreografía de las grandes manifestaciones (las “bandeiras” -caravanas-; discursos dramatizados; estandartes; canciones; uniformes; insignias; rituales; el adoctrinamiento de las juventudes con la organización de los "plinianos", que se asemejaban notablemente a los "balillas" italianos); etc[17].
José Arthur Rios explica las causas de la atracción que el Integralismo ejercía sobre los ítalo-brasileños: "No tenemos datos que permitan esclarecer en que medida el Integralismo atraía a los italianos. Siendo un movimiento de características nacionalistas, no debía poseer extranjeros en sus filas. Según todo indica, atraía un número considerable de ítalo-brasileños, para los cuales representaba una forma, como cualquier otra, de ligarse a la comunidad brasileña y de liberarse del complejo de inferioridad que su condición de marginalidad siempre acarreó. En muchos ítalo-brasileños, la camisa verde, el saludo “indígena” y la declamación nacionalista, eran una forma de verse confirmados en la comunidad brasileña, de escapar a la inestabilidad de ciudadanos de dos patrias. Para otros, perfectamente asimilados, sin ningún problema de marginalidad, el nombre italiano sería un mero accidente a su adhesión al movimiento, una resultante de la atmósfera de exaltación nacionalista del medio en que vivían (Rios, 1959:64-65).
Hélgio Trindade considera que a AIB era un partido fascista: "… en función de la composición social de sus adherentes, de las motivaciones de adhesión de sus militantes, del tipo de organización del movimento, del contenido del discurso ideológico, de las actitudes ideológicas de sus adherentes y del sentido de solidaridad del movimiento en relación a la corriente fascista internacional" (Trindade, 1974).
Estos elementos eran un poderoso atractivo diferenciador ante las prácticas de todos los demás partidos políticos brasileños y creaban una mística ritualizada (rituales que regulaban desde el nacimiento hasta la muerte) de adhesión que debería ser considerada no a un partido, sino a un movimiento que se presentaba como renovador de las “fuerzas espirituales de la nación” (Sombra y Guerra, 1998).

2.5.- Diferencias y similitudes: AIB tiene como fecha oficial de nacimiento el 5-7 de octubre de 1932, cuando se lanzó el “Manifesto de Outubro” que en su hora causó honda repercusión en Brasil, ya que despertaba los sentimientos patrióticos y de unidad nacional. Afirmaba una convicción espiritualista y cristiana a la par que criticaba a las revoluciones sin doctrina. Su programa apuntaba a la justicia social y se resumía en la expresión “Dios, Patria y Familia”. Una de las causas de su atractivo para los sectores de las clases medias urbanas y de independientes no representados por otra fuerza política, era que proponían terminar con el poder y la venalidad de las oligarquías regionales.
A diferencia de otros movimientos fascistas creía a todas las razas iguales en la formación de la nacionalidad brasileña[18], aunque combatía el cosmopolitismo como una plaga destructora de las estructuras nacionales. Llamaba a la unión del pueblo civil y las Fuerzas Armadas para luchar contra el comunismo y el liberalismo capitalista internacionales (Salgado, ……. 9-10).[19]
En 1933 el integralismo brasileño asume una posición propia basada en el corporativismo democrático del pensador rumano Mihail Manoïlescu, en cuya obra “Le Siècle du Corporatisme” no aceptaba la tesis fascista de corporación como “órgano del Estado”, pero sí en cambio como estructura democrática con organización social autónoma. De tal modo, AIB proponía la implantación del “Estado Integral” que difería del Estado liberal y de su “falso” sistema de representación. El Estado Integral permitiría la representación efectiva de los intereses reales y particulares, a partir de la organización de los brasileños en “clases profesionales”. Por ello, cada ciudadano debería inscribirse en una de sus clases y de esa manera elegiría a sus representantes a las cámaras municipales y a los congresos federal y estadual, los cuales a su vez procederían a conformar los poderes ejecutivos correspondientes a cada instancia.[20]
En “Notas Políticas”, Salgado fijó los principios doctrinarios de la acción integralista, donde algunos temas como antiliberalismo o nacionalismo fueron bien definidos, en cambio otros como la organización del Estado, permanecieron vagos y a un nivel intuitivo (Trindade). Por ejemplo, al definir al Estado Integral lo hacía diciendo que era: “el conjunto de fuerzas materiales, morales e intelectuales… que impone una finalidad humana a los pueblos”. Ese Estado debería ser corporativo, unipartidario y básicamente semejante al Estado Fascista, defendiendo que “lo esencial de la doctrina fascista es perfectamente aceptable como concepción de Estado.”
Salgado consideraba al Integralismo como una “revolución espiritual” que se daría no solo en Brasil, sino en “todo el complejo panorama universal”, inaugurando un nuevo período de la historia del hombre: la cuarta humanidad, denominada “integralista”. Creía que era el ideal de una sociedad armónica entre los hombres y sus clases, donde “fuere posible al obrero más modesto ascender a una elevada posición financiera o intelectual”.
Sostenía Plínio Salgado que: “Brasil no puede realizar una unión íntima y perfecta de sus hijos, en tanto existiesen estados dentro del Estado, partidos políticos que fraccionan la nación, clases luchando contra clases, individuos aislados ejerciendo acciones personales contrarias a las decisiones del gobierno, en fin, todos y cualquier procesos de división del pueblo brasileño”.

2.6.- Participación integralista: Ese año, el 24 de noviembre se produjo el “Levante Comunista” en Natal, Recife y Río de Janeiro. La insurrección fue rápidamente reprimida y desactivada; y Salgado aprovechó para poner a disposición del presidente Vargas cien mil camisas verdes para combatir a los revoltosos y a la vez colocarse en una línea de colaboración con el poder establecido[21].
En 1936, llamado el “Año Verde” AIB abandonó la vía revolucionaria de toma del poder y se transformó en un auténtico partido político (Trindade) y en las elecciones inmediatas capitalizó el clima anticomunista del momento, obteniendo veinticuatro prefeituras y más de quinientos vereadores, totalizando alrededor de doscientos cincuenta mil votos.
En enero de 1937 AIB inició los preparativos de un plebiscito para elegir al candidato presidencial que representaría a la fuerza en las elecciones de enero de 1938. Por abrumadora mayoría Salgado fue el elegido y el 12 de junio aceptó la candidatura con un discurso conocido como “Cristo y el Estado Integral”. Cuatro mil comités “Pro-Plinio Salgado” fueron constituidos rápidamente y recibió del Conde Galeazzo Ciano (Ministro de Asuntos Exteriores de Italia) una importante suma de dinero como financiamiento para la campaña electoral.[22]
El clima político brasileño se enrareció, Salgado sufrió un intento de asesinato y varios militantes integralistas murieron bajo las balas de sus enemigos comunistas. El propio presidente Vargas[23], su ministro de Guerra general Eurico Gaspar Dutra y el Jefe del Estado Mayor del Ejército general Pedro de Gois Monteiro en connivencia con Salgado alentaban un golpe militar para implantar un Estado autoritario de honda raigambre anticomunista.
En una demostración de fuerza desfilaron casi veinte mil camisas verdes, a los que pasó revista el presidente Getulio Vargas. El 9 de noviembre Plinio Salgado retiró su candidatura manifestando el apoyo de los integralistas a Vargas y a las Fuerzas Armadas “en la lucha contra el comunismo y la democracia anárquica, para proclamar los principios de un nuevo régimen”.

2.7.- El fin del Integralismo: El 10 de noviembre Vargas ordenó formar un cerco al Congreso, consumando rápidamente el golpe de Estado, anunció radiofónicamente la creación del Estado Novo y promulgó una nueva Constitución, en la que pese a sus promesas previas, no contenía referencia alguna al integralismo. Los partidos políticos fueron disueltos y la misma suerte corrió AIB, que organizó un último desfile también revistado por Getulio Vargas. Al momento de ser disuelta AIB contaba con un millón y medio de afiliados y adherentes.
Pero en enero de 1938 Salgado comenzó a gestar la idea de un golpe cuyos principales objetivos eran deponer al presidente de la República que gobernaba como dictador desde el 10 de noviembre de 1937, redemocratizar el país y restablecer la Constitución del 16 de julio de 1934. Salgado fue apoyado por opositores liberales tales como Otávio Mangabeira ex gobernador de Río Grande do Sul y el coronel Euclides Figueiredo, líder de la Revolución Constitucionalista de 1932. El almirante Nuno Barbosa de Oliveira asumió la dirección militar del movimiento en Río de Janeiro.
A fines de ese mismo mes, el gobierno varguista había dictado una serie de medidas represivas contra los integralistas. El 11 de marzo se produjo la primera tentativa de golpe, la que fracasó y varios integralistas fueron detenidos y sometidos a proceso judicial. El general José María Castro Junior ocupó la jefatura militar del movimiento.
El levantamiento armado se lanzó el 11 de mayo, pero nuevamente fue neutralizado y desarticulado debido a fallas de organización y la deserción a último momento de la mayoría de los integralistas comprometidos con la acción. El Palacio de Guanabara (residencia presidencial) fue asaltado, mas no se pudo apresar al presidente Vargas pese a la precaria resistencia de sus defensores[24]. El 2 de diciembre de 1938 el gobierno decretaba la caducidad de AIB. La mayoría de los revoltosos fueron detenidos, pero no se enjuició ni ordenó la captura de Plinio Salgado, quien permaneció oculto y sólo prestó declaración ante la policía en enero de 1939.
En mayo de ese año reunió en San Pablo un pequeño grupo de seguidores y lanzó una proclama conocida como “Manifesto de Maio” en la cual recomendó “la abstención de cualquier clase de agitación subversiva y de manifestaciones de carácter político, perturbadoras del orden público”. Luego salió al exilio en Portugal donde prosiguió su actividad literaria y política, se reunió con emisarios de Vargas, a quien manifestó públicamente su incondicional adhesión, a extremo tal de expresar su solidaridad con el gobierno brasileño, cuando este declaró la guerra a Italia y Alemania en 1942. En 1943 pronunció una conferencia en Coimbra y luego de explicar el concepto cristiano de democracia como síntesis de su pensamiento, consideró al totalitarismo nazi-fascista como un “desvío” equiparándolo con el totalitarismo de los Estados comunistas (Medeiros).

2.8.- Colofón: Miguel Reale, señala que el integralismo no se reducía a la doctrina seguida por Plinio Salgado, porque existían variantes personales como la de Olbiano de Mello[25] que postulaba un estado más sindicalista que corporativista. Otros integralistas, como Gustavo Barroso (jefe de la Milicia Integralista) se distinguían por un antisemitismo, aunque no de carácter racial o religioso, sino desde el punto de vista económico financiero ya que entendía a Brasil como una colonia de banqueros judíos.[26]
Con Trindade, analizando los aspectos doctrinarios de la AIB, entendemos que el integralismo brasileño se aproxima mucho más a los fascismos conservadores portugués (salazarismo) y español (Falange Española) o al Rexismo belga; que al espiritualismo vago del fascismo italiano o del agnosticismo nacional-socialista germano.
Sin embargo, a pesar del discurso violento contra las oligarquías, al pasar del plano del ideario político para el de la negociación para acceder al poder, el Integralismo acabó teniendo una conducta política semejante a la de las oligarquías que decía combatir, asumiendo políticas clientelares y asistencialistas. El partido apoyó, por ejemplo, un arreglo en 1936 para elegir en Maranhao un gobernador ligado a Getúlio Vargas, y participó de una amplia coalición de fuerzas tradicionales de la política local, pasando a integrar la administración pública.
En 1936 y 1937, el Integralismo creció, llegando a tener una emisora de radio, “Rádio Sigma”, y un jornal diario comparable a los mayores de Maranhão, que recibía hasta anuncios da Goodyear. En 1937, en Maranhão, los integralistas participaban de la administración pública, del parlamento estadual, y tenían el apoyo de curas católicos y jefes políticos locales, sin sufrir ninguna represión (Cytrynowicz, 2001).

3.- Conclusiones La década de 1930 es una de las más perturbadas del siglo XX, donde las ideologías y las pasiones políticas ganaron fuerza, donde el liberalismo, el fascismo y el comunismo luchaban por la conquista de espacios cada vez mayores. En Brasil, por un lado el comunismo es descrito como el enemigo de la nacionalidad, por otro, el integralismo - representante local del autoritarismo fascista - ganaba terreno y abría núcleos en diversas ciudades del país. Usando de la violencia tanto en sus discursos, como en los mismos actos, los integralistas de AIB soñaban con derrotar al comunismo y al liberalismo de una sola vez, para poder implantar un régimen totalitario que según ellos viniera a defender la religión cristiana, la patria y la familia brasilera (Souza de Araújo Neto y Ruiz de Macedo, 2001).
Por su parte, el rexismo belga se caracteriza por intentar compatibilizar el tradicionalismo católico con un nacionalsocialismo, que más allá de la palmaria contradictio in terminis, es filosóficamente inconciliable. En lo económico el rexismo es hondamente conservador y su concepto de justicia social muy limitado (Garrido Sanromán). Rex fue ante todo un movimiento de profundas raíces cristianas. Degrelle nunca lo negaría ni abjuraría de ello y hasta su muerte seguiría fiel a la Iglesia Católica.
Como muestra Marilena Chauí (1978) en su ensayo sobre el Integralismo, la crisis es una poderosa imagen engendrada por el propio discurso fascista, que arremete en un discurso emocional e irracional, repleto de imágenes aterrorizantes, blandiendo la amenaza de que la sociedad y sus valores están en disgregación, a la vera del caos, y que seria preciso un movimiento restaurador de los valores, regenerador del hombre y un nuevo orden.
Finalmente, es preciso jamás perder de vista que se llame Fascismo, Nazismo o Integralismo, y en que estriben sus diferencias, el fascismo es una ideología de destrucción, de negación, de horror, terror y conflicto, de rechazo al diferente y al otro, de odio y de divisiones sociales. Destruye a la democracia y al sistema de representación. Proclama un nacionalismo xenófobo, un liderazgo dictatorial, la guerra, la destrucción de las organizaciones de la sociedad civil, todo dentro del marco de intimidación y del racismo. El fin de la historia en el "Estado Integral" y en el "Reich de Mil Años" presuponía un estado permanente de armonía social, exterminados previamente en la denominada "solución final" todos los que infringían la irrazonable norma del ideal racista.


BIBLIOGRAFIA


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BASTOS, João Pereira. O Estado Corporativo. Salvador, Ed. Progresso, 1958.
LENHARO, Alcir. Sacralização da Política. Campinas, SP. Papirus, Ed. da NICAMP, 1986

[1] En Europa se utiliza la denominación derechas como correcta, ya que consideran que posee múltiples variantes y nunca fue monolítica.
[2] Por ejemplo el que efectúan Renzo de Felice (1976) quien separa al fascismo italiano del nazismo alemán y Raúl Morodo (1985), para quien no existió un modelo único de fascismo, sino “fascismos europeos” según las características históricas, económicas, sociales y culturales de cada país.
[3] Los primeros jóvenes seguidores de Degrelle se llamaban rexistas, por ser estudiantes que se encargaban de distribuir y vender las publicaciones de la editorial Rex. También se señala que la utilización de la denominación Rex la toma Degrelle luego de haber viajado a México en 1930, donde quedó ostensiblemente impresionado por el grito de los contrarrevolucionarios mexicanos en la guerra cristera (Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe).
[4] Degrelle concurre en noviembre al congreso del Partido Católico en Courtrai, donde lanza serias acusaciones de corrupción contra el líder Segers y la dirección partidaria. Tres semanas después el cardenal primado de Bélgica Van Roey pide parar el ascenso de Rex y prohíbe a los sacerdotes católicos participar del movimiento rexista. Degrelle dirigió su animosidad contra el clero y el alto sector financiero e industrial del Partido Católico y la influencia de los banqueros y financistas dentro de éste. Hizo una formal declaración de guerra contra lo que tuviese visos de democrático o socialista.
[5] Pueden verse para profundizar el estudio del rexismo belga, sus vinculaciones con el nacionalsocialismo alemán y el generalísimo Franco, el colaboracionismo durante la invasión alemana a Bélgica y la participación en combate en la 2ª Guerra Mundial : Mosse (1966:14-26); Armstrong (1968: 396-410); Etienne (1968:53-58); Laurent (1969:370-384); Brustein (1988: 69-80) Conway (1993); Koehl (1994); Preston (1997); Landwehr, Roba y Merriam (1997).
[6] El primado de Bélgica desde el púlpito y ataviado con la Mitra Episcopal fue rotundo y lapidario: “… estamos convencidos que [Degrelle] constituye un peligro para el país y para la Iglesia. Y en consecuencia el deber de todo católico leal el 11 de abril es evidente. Y toda abstención debe ser reprobada.”
[7] Durante la guerra Degrelle recordará que los rexistas se sentían muy solidarios con el nacionalsocialismo, con el Fascismo, la Falange Española y con los otros movimientos nacionalistas y socialistas de la “juventud revolucionaria de Europa”.
[8] Degrelle se convirtió así en el no alemán mas condecorado. Todo alemán tenía la obligación de saludarlo en posición de respeto, incluidos los generales.
[9] Pueden verse: Ugelvik Larsen (2001); Berthona (2001:39-61); Scarzanella (2001), entre otros. Ernesto López (en Bobbio, 2002:970-975) remite a la voz “militarismo latinoamericano” cuando trata de definir a las experiencias fascistas latinoamericanas.
[10] El partido integralista lusitano había sido fundado en 1914 por Antonio Sardinha y se proponía instaurar en Portugal una nueva monarquía. Se disolvió en 1933.
[11] En 1922 surgió en Brasil, con clara inspiración fascista, la Legião Cruzeiro do Sul. Luego se crearon movimientos, como el Partido Nacional Fascista/Ação Social Brasileira de J. Fabrino, la Legião Cearense do Trabalho, el Partido Nacional Sindicalista de Olbiano de Mello, el Partido Fascista Brasileiro, Ação Imperial Patrianovista Brasileira y la Legião 3 de Outubro
[12] Eran las solemnidades creadas para homenajear al primer desfile integralista en San Pablo, en 1933, donde los militantes el 23 de abril colocados en dirección al sol naciente, juraban fidelidad al Jefe Nacional y al integralismo.
[13] El 7 de octubre de 1935, cuarenta mil integralistas realizaron por primera vez en Blumenau la ceremonia “Noite dos tambores silenciosos” en conmemoración del aniversario de la fundación de AIB y en protesta contra la extinción de la milicia integralista a consecuencia de la Ley de Seguridad Nacional promulgada por el gobierno de Vargas. La ceremonia debía efectuarse siguiendo un ritual rigurosamente establecido. Su celebración se daba simultáneamente en todas las sedes de AIB del país, bajo la presidencia del afiliado “más pobre, más humilde, que representará al Jefe Nacional.”
[14] Los Estatutos de AIB de 1934 consideraban a la persona de Salgado como “intangible” y a su función como “perpetua” con facultades de nombrar y remover a los miembros del Consejo Nacional partidario. Los miembros no podían oponerse ni criticar sus decisiones so pena de expulsión. Se le debía obediencia y sumisión a su autoridad. Impuso el culto a su persona. El juramento de todo nuevo miembro según el Protocolo y Ritual de 1936 era el siguiente: “Juro por Deus e pela minha honra trabalhar para a Açao Integralista Brasileira, ejecutando sem discutir as ordens do Chefe Nacional e dos meus superiores.”
[15] Siendo en 1930 diputado estadual en San Pablo viaja a Turquía, Egipto y Europa, donde observa de cerca la experiencia fascista italiana y después de un encuentro con Mussolini escribió que “un fuego sagrado” había entrado en su vida. Al regresar a Brasil se lanzó a crear un movimiento “no es exactamente ese régimen [fascista italiano] que precisamos aquí, mas es una cosa semejante” (Salgado, 1930).
[16] Cabe consignar que Reale se refería al “New Deal” de Roosevelt como “un fascismo a la manera yankee”
[17] Walter Benjamin definió a esa mitología de imágenes -referidas al nazismo- como la “estetización de la política”.
[18] Uno de sus eslóganes expresaba: “Unión de toda raza y de todo pueblo”.
[19] Pueden consultarse sobre la trayectoria integralista: Araújo (2001); Benzaquen de Araújo (1978); Bicca (1978); Brusantim (2004); Caldeira (1999); Calil ( y 2001); Cavalari (1999); Chasin (1978); Chaui (); Christofoletti (2002); Irschlinger (2001); Levine (); Silva (1971); Trindade (1974); Reale y Arruda (1936); Broxson (1974); Medeiros (1978).
[20] En 1935 AIB contaba con un diputado federal, cuatro diputados estaduales, mil ciento veintitrés grupos organizados en quinientos cuarenta y ocho municipios y cuatrocientos mil adeptos.

[21] No olvidemos que para entonces en Brasil existían solo dos partidos de base nacional, el Comunista que se encontraba proscripto y actuaba en la clandestinidad y la Açao Integradora Nacional, que estaba dentro de la ley (Fausto, 1996).
[22] Empero el gobierno de Roma utilizó al movimiento de los “camisas verde” como un instrumento para la defensa de sus intereses en Brasil. Aunque ello se dio en un marco de relaciones realmente intensas, pero con enormes ambigüedades de relacionamiento, oscilando entre la cooperación y el conflicto (Bertonha, 2000a:111 y 2001). También podemos señalar que los poderosos empresarios paulistas de origen italiano (Matarazzo, Crespi, Morganti, Martinelli) pese a ser abiertamente fascistas, no brindaron apoyo alguno a AIB, pese a que los dirigentes integralistas les solicitaron colaboraciones en reiteradas oportunidades (Bertonha, 2001). Una explicación de la razón de las ambigüedades del gobierno de Mussolini para con AIB, estriba en la sintonía que existía entre aquel con el régimen autoritario de Getulio Vargas (Trento, 2007:75).
[23] Cabe consignar que la relación de AIB con el presidente Getulio Vargas fue asaz conflictiva, incluyendo una tentativa de golpe de estado en 1938, la que estudiaremos posteriormente. Empero, tuvieron un fuerte predicamento entre la oficialidad de las Fuerzas Armadas de Brasil, en especial en la Marina, donde el Jefe de Estado Mayor en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, Comandante Gerson de Macedo Soares era un connotado cuadro político de la AIB (http://www.integralismonosul.net). También era afiliado el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, general Pantaleao Pessoa y el general Newton Cavalcanti.
[24] Reale sostiene que el putsch integralista de 1938 que atacó el Palacio de Guanabara y buscó detener al presidente Vargas era en realidad una alianza de liberales con integralistas que tuvo por finalidad derrumbar el “Estado Novo”, bajo el comando del General Castro Junior. Reale indica que la prueba más contundente de su afirmación es que los integralistas eran comandados por un capitán liberal llamado Severo Fournier.
[25] Este periodista había fundado en Minas Gerais en el año 1931 el Partido Nacional Sindicalista.
[26] Puede verse el pensamiento de Reale (1934) más en profundidad en su obra “O Estado Moderno”. Barroso en sus discursos sostenía: la “escravização do Brasil aos banqueiros judeus” (Maio, 1992; Rago Filho, 1989 ; Cytrynowicz, 1992; Lesser, 1995, Carneiro, 1988.)

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